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¿Qué pinta en los viajes de Estado la mujer de Pedro Sánchez?

La cónyuge del jefe de Gobierno carece de estatuto jurídico alguno, y menos de segunda dama. Es una ciudadana particular sin rango oficial.

¿Qué pinta en los viajes de Estado la mujer de Pedro Sánchez?
El presidente y su mujer al llegar a Cuba.
El presidente y su mujer al llegar a Cuba.

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Es doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Es profesor titular de la Universidad de Vigo y periodista. Autor de 25 libros sobre temas de Derecho de la Comunicación, Protocolo y Comunicación institucional, es profesor invitado en diversas universidades de Europa y América. Está en posesión de diversos premios como periodista. El Ministerio de Defensa le otorgó la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco como historiador militar. @mundiario

¿Qué pito toca la mujer del presidente del Gobierno en los viajes de Estado? No es nada, sino una ciudadana particular, casada con el jefe del Ejecutivo, pero carece de estatuto jurídico alguno. No es la segunda dama, considerando la primera la consorte del jefe el Estado. Como dicen los ingleses, no se lleva a la esposa a la oficina. En ese sentido, la premier británica Margaret Tatchert dio al mundo de discreción al no aparecer con su marido en los actos de Estado, salvo rara vez en eventos sociales, pero siempre en segundo plano, como un invitado más.

Desde que Pedro Sánchez está en la Moncloa ha atribuido a su cónyuge un papel que rebasa la esfera de lo social –en el caso de que esté justificado– y le atribuye un rol de representación oficial del que carece. Cierto que, en el pasado, el propio Aznar hizo algo parecido, e incluso en alguna ocasión provocó un roce con la Casa Real, el disponerse un programa paralelo al de la mismísima reina Sofía.

Pudiera comprenderse que, excepcionalmente, el presidente lleve a su mujer en un viaje que contiene, dentro del programa oficial, un acto social donde encajaría. Pero lo que no se puede es llevar a la esposa de excursión. Y máxime cuando se ha insistido en que se trae un nuevo modo de gobernar, la regeneración moral de la política, etcétera.

Sánchez denota, aparte de sus graves carencias en otros aspectos relacionados con la representación institucional, que es un caprichoso. El abuso en el uso injustificado de aviones de la Fuerzas Aérea y costoso despliegue para viajes de menos de 200 kilómetros es algo más que un derroche, es una frivolidad. No sé si tiene al menos, sentido del ridículo. Parece que no. Y ella, menos. @mundiario