Pese a la tensión, en Egipto todavía hay margen para un acuerdo de mínimos

El general Al Sisi al hacer su anuncio de golpe militar.
El general Al Sisi al hacer su anuncio de golpe militar.
Con renuncias de todos, serán necesarios acuerdos en la cúpula política de Egipto para salvar una crisis general que puede llevar al país a una situación límite. Evitar un conflicto parece prioritario.
Pese a la tensión, en Egipto todavía hay margen para un acuerdo de mínimos

La situación política en Egipto peligra con empantanarse y es sabido que las situaciones de bloqueo generan más problemas que la inicial voluntad que las produjo pretendía solucionar. No se encuentra en el Ejército la división necesaria para precipitarse en un clima de hostilidad que llevara a una guerra civil, máxime cuando todos conocen los desastres que le han acarreado una confrontación armada de este tipo a Siria, el valor estratégico del canal de Suez y la península del Sinaí, considerada colchón entre Egipto e Israel, y de la que hay interés en erradicar a grupos islamistas armados. Por otra parte, no se conoce que los Hermanos Musulmanes dispongan de armamento para hacer frente a los militares, a menos que Qatar y Arabia Saudí se enreden en ello como lo han hecho los dos en Siria y el primero en Libia. Por tanto, no parece que los factores políticos y estratégicos favorezcan las condiciones para que se llegase a una situación irreversible.

Todos van a tener que mostrar grandes dosis de paciencia y negociación para reconducir la situación de grave crisis política e institucional que se padece para evitar que degenere en parecidas o peores circunstancias que las actuales, pues el país está atenazado por una grave crisis económica que Mursi no ha sabido reconducir, de modo que los Hermanos Musulmanes han ido perdiendo durante este año gran parte del crédito que interesadamente (prédicas a cambio de ayuda social) habían atesorado durante bastante tiempo entre la gente necesitada. Por otra parte, los Hermanos Musulmanes han de asumir que democracia no es solo una urna para llenarla de votos, sino también una serie de requisitos que su cara amable ha ignorado por completo. Se trata de aquellos que dan forma y contenido, el Estado de Derecho, a una institución como el Gobierno y la Presidencia para incluir al conjunto de la sociedad y no solo servir a la propia clientela, a sus propósitos y fines (entiéndase los Hermanos Musulmanes).

¿Continuará la hermandad utilizando métodos poco asimilables a la práctica democrática como repartir bienes básicos de consumo durante campañas electorales, estigmatizar con criterios religiosos a la población que no le es adepta, hacerles la vida imposible o perseguir a los cristianos coptos? La tensión religiosa creada por los partidarios de la imposición de la sharía en las estructuras políticas y jurídicas del Estado e ideológicas de la sociedad como un desideratum irrenunciable, no solo no ha generado un clima de sosiego civil en Egipto entre los propios musulmanes, sino que ha elevado sobre otras comunidades religiosas, no por minoritarias de menor tradición y enraizamiento como los coptos, la marginación, la agresión y la represión.

Los Hermanos Musulmanes han demostrado que una vez conseguido el poder las redes creadas para la ayuda social dejaron de ser compatibles con el ejercicio del mismo, lo que se ha superpuesto a una pésima gestión económica. Y es que, aunque a algunos se les nuble la visión, no todo lo que se obtiene en urnas puede llevar con dignidad civil el marchamo de ‘democrático’.

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