Perplejidad, la palabra que mejor define el sentir general en España

Las Ramblas, Barcelona. / Culture Trip.
Las Ramblas, Barcelona. / Culture Trip.

Perplejidad ante una situación dantesca que se prolonga en el tiempo y empobrece por minutos una comunidad autónoma que siempre ha estado en la cresta del desarrollo

Perplejidad, la palabra que mejor define el sentir general en España

Faltan horas para el primer desenlace de un conflicto esperpéntico que carece de parangón: el levantamiento secesionista del Gobierno de la Generalitat y distintas organizaciones independentistas contra el sistema constitucional y la unidad de España.

Millones de ciudadanos no dan crédito a cuanto sucede, y en esos millones incluyo también a miles de catalanes afines a la revuelta que esperaban una reacción más inmediata y firme de los poderes del Estado.

Hasta el más inocente o el más visceral de los rebeldes sabe, seguro que lo sabe, que el procés no es más que una suma de ilegalidades, algunas de ellas atroces, aunque no quieran saber que son víctimas de un engaño hacia un objetivo imposible. Al menos eso es lo que creemos a pies juntillas cuantos defendemos la Carta Magna, no como algo inmóvil o inaccesible a los cambios que requiera con razones y consenso, sino como marco de libertades, derechos, orden y convivencia en un país con numerosos episodios dramáticos y regímenes absolutistas.

Pero somos reincidentes y cada x años rebrotan los bulbos de la confrontación, la división y el odio. Ya lo decía José de Espronceda en sus versos a principios del siglo XIX: “Oigo, patria, tu aflicción, y no entiendo por qué callas, viendo a traidores canallas, despedazar la nación”. Y Espronceda era, además de inmortal escritor romántico, un liberal revolucionario y miembro del Partido Progresista.

Perplejidad es quizás la palabra que mejor define el sentir general. Perplejidad con el Gobierno, que echó por delante a la Justicia, se parapeta en componendas poco transparentes y se pronuncia con relamidas exquisiteces legales que a veces resultan ininteligibles.

> Perplejidad con los órganos judiciales que a estas alturas discuten a quien compete actuar contra Puigdemont y demás aforados.

> Perplejidad con la actitud dubitativa de un PSOE que ha gobernado España de 1982 a 1996 y de 2004 a 2011, dirigido hoy por un líder tornadizo del que desdeña casi la mitad del partido.

> Perplejidad ante la, de momento, exención de responsabilidades penales contra cargos institucionales que violan la Ley un día sí y otro también.

> Perplejidad ante una situación dantesca que se prolonga en el tiempo y empobrece por minutos una comunidad autónoma que siempre ha estado en la cresta del desarrollo.

> Perplejidad por el delictivo acoso que sufren en Cataluña la Policía, la Guardia Civil y esa otra mitad de ciudadanos que no participan de las aberrantes tesis secesionistas. Sí, una perplejidad que va a mayores y a la espera, impaciente y bochornosa, de lo que puedan decir los que ya han dicho todo.

La aplicación del artículo 155 de la Constitución puede restaurar la legalidad (ya se verá a qué precio), pero si, a partir de ahora, el Estado y todas las fuerzas constitucionales no establecen un plan de regeneración política y social a corto, medio y largo plazo, con toda la dificultad que ello implica, comenzando por enmendar el atropello educativo e inhabilitando a cuantos proceden contra la convivencia democrática, Cataluña continuará arrumbada en su degenerativo proceso contra el resto de España. Y tampoco valdría cantar victoria porque los responsables sean apartados de sus funciones o purgaran sus culpas donde dictaminen los jueces. No, solo por eso, que nadie cante victoria, porque la madre que los parió volverá a estar en celo. @mundiario

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