Buscar

MUNDIARIO

El peligroso aislamiento de Pedro Sánchez empieza a bañarlo de realidad

El presidente se creyó que su palabra bastaría para hacer lo que se le diera la gana y su decisión de ir solo contra el mundo empieza a desgastarlo.

El peligroso aislamiento de Pedro Sánchez empieza a bañarlo de realidad
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. / RR SS.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. / RR SS.

Firma

Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

El autor, HÉCTOR ANTONIO MORALES, es colaborador de MUNDIARIO. Se formó en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. @mundiario

De Pedro Sánchez siempre se ha sabido que es alguien que muere sus ideas, aun si éstas lo terminan arrastrando. Ya lo demostró hace tres años, cuando su no es no a la investidura de Mariano Rajoy lo condenó a dejar la jefatura del PSOE. Y hoy en día esa misma insistencia en ser el llanero solitario de la política lo está volviendo a poner contra las cuerdas.

Al no más conocerse los resultados de las elecciones generales del 28 de abril, el partido socialista salió a avisar que pensaba gobernar en solitario, una vía que el presidente den funciones nunca ha salido a desmentir pese a contar con apenas 123 diputados en el Congreso. Pero el golpe más fuerte que ha recibido –hasta el momento- fue el veto del Parlamento catalán para el nombramiento de Miquel Iceta como senador, en lo que era su movida maestra para ganarse la bendición de los catalanes.

Sánchez se está arrinconando a sí mismo en una realidad en la que él cree que puede salirse con la suya pese a no contar con el apoyo de nadie, una realidad en la que sus escasos escaños en la Cámara Baja le bastan para sacar adelante una legislatura. Una realidad que solo él entiende y en la que solo él cree, pues. Y es que se ha dado el lujo de rechazar a Pablo Iglesias y a su partido Unidas Podemos, los únicos que habían estado ahí, y siguen estando ahí incondicionalmente, ofreciendo sus brazos para que caigan a ellos en los momentos de tribulación. Pero Sánchez insiste en buscar su propio camino.

El rechazo de Iceta en el Parlament ha terminado por confirmar su soledad. Sánchez se pensó que su discurso de conciliación y gestos de cariño con los independentistas conmoverían el resentido corazón de éstos. El guantazo, pese a que proteste lo que proteste, le ha hecho darse un baño de realidad. Porque no solo no fue capaz de hacer entrar en razón a la CUP, ERC y Junts per Catalunya, sino que encima se ganó el desprecio de los otros dos partidos constitucionalistas, el PP y Ciudadanos, quienes se abstuvieron en la votación que bloqueó el ascenso de Iceta.

Al jefe del Ejecutivo se le agotan los caminos para demostrar músculo y cada paso que da al frente lo va desnudando un poco más frente a su pueblo. Con los caminos bloqueados, Sánchez galopa solo por la vereda que le lleva a no sabemos dónde, un camino del que solo él sabrá –o se espera que sabrá- cuál es el final. Su aislamiento empieza a ser ya preocupante, porque por lo menos del que hizo en su renuncia a la secretaría general del PSOE en 2016 logró resucitar, pero ahora como presidente de Gobierno no se puede dar el mismo lujo de aislarse en sus convicciones y luego solo salir corriendo por la puerta de atrás.

Sánchez tiene cada vez menos espacio para maniobrar y ya se puede ir dando por perdidos a los independentistas, con quienes se alió para llegar a La Moncloa. Su realidad alterna empieza a mostrar sus fronteras. @mundiario