Pedro Sánchez consigue ocupar el centro de la política española

El líder del PNV, Aitor Esteban, saluda al Presidente del Gobierno durante la Sesión Constitutiva. / Congreso de los Diputados
El líder del PNV, Aitor Esteban, saluda al presidente del Gobierno durante la sesión constitutiva. / Congreso de los Diputados

Sánchez ha logrado situar al PP en un extremo y a Unidas Podemos en el otro. En los dos problemas principales, reparto de fondos europeos y Cataluña, el PP no es necesario.

Pedro Sánchez consigue ocupar el centro de la política española

La política es una actividad dialéctica, no sólo en la forma sino en el fondo. Cada movimiento de los actores principales obliga a los demás a reorientar su respuesta, su posición y su estrategia. Como en el juego del ajedrez, tras cada movimiento es necesario volver a considerar las ventajas y las amenazas para cada uno de los contendientes. Las jugadas de las últimas semanas han situado a Pedro Sánchez en el centro del tablero político, gozando al tiempo de una sólida línea de defensa a través del enroque en La Moncloa.

Desarbolado el PP tras la triple derrota en Cataluña, vencido por el PSOE, por los nacionalistas y sobre todo por Vox, Sánchez ha conseguido arrinconar al PP en una posición que lo sitúa en el nivel de Unidas Podemos. Véase un asunto menor elevado a problema principal como son los nombramientos para el Consejo General del Poder Judicial. Se difunde que el Gobierno se allana a todo, menos a los vetos y que sólo el PP entorpece la negociación vetando candidatos que le parecen de Unidas Podemos. Se silencia que es una negociación entre dos partes donde cada uno de los nombres propuestos debe tener el respaldo del otro negociador, pues todos deben ser votados conjuntamente. La inclusión de nombres imposibles de aceptar sólo tiene como objetivo dilatar el proceso, obligando al PP a jugar contra UP. Podría intentar otro movimiento, como es incluir a Vox en la negociación, pues tiene más escaños que UP, pero sería aceptar que Vox está en camino de hacerse con el propio espacio popular. Así, el PP queda arrinconado en un extremo y el PSOE ocupa todo el centro.

Tenemos otro ejemplo en Cataluña. La victoria socialista en votos aunque no en escaños y la voluntad expresada por Salvador Illa de presentar candidatura a la Presidencia de la Comunidad, no tendrán efectos prácticos por el momento pero sitúa al PSC como una alternativa permanente, con capacidad para intentar un gobierno diferente del que se vislumbra, una coalición de ERC con JxCat, apoyada desde fuera alternativamente por la CUP y EnComú-Podemos, inestable por definición. Illa hará lo contrario de lo que hizo Arrimadas en su día, negarse a ofrecer una alternativa, instalarse en una oposición estéril y huir del territorio. Illa está haciendo lo contrario, como expresaron en su lema de campaña, volver, en el doble sentido personal y político, tras años de acomplejada deriva nacionalista del PSC.

Ahora Sánchez tiene a su izquierda a un conjunto de grupos, Unidas Podemos, ERC, Bildu, BNG y otros, prestos a criticarlo en todos los asuntos institucionales pero dispuestos a votar favorablemente lo que el Gobierno proponga. Al otro lado, Ciudadanos, PP y Vox, dispuestos a apoyar cualquier acto institucional o a respaldar al Jefe del Estado en todo momento, pero hostiles a cualquier acuerdo de gobierno. Así Sánchez se permite reconvenir por la mañana, amistosamente, al portavoz de Unidas Podemos, proponiéndole hacer menos ruido toda vez que los socios de Gobierno alcanzarán acuerdos siempre, y por la tarde censurar a Casado por no votar los citados nombramientos. Es el eje de la política española, su balance entre las dos tendencias que a izquierda y derecha son presentadas como alejadas de los intereses del país.

Con Unidas Podemos la relación es cada día más compleja. Los ministros de ese grupo son casi todos irrelevantes para la gestión por lo que deben esforzarse en crear símbolos sobre temas muy específicos, como la futura Ley de vivienda o la que modificará los delitos de carácter sexual. Sobre la primera el Gobierno ha avisado que primará la seguridad jurídica, por lo que sólo hará concesiones simbólicas que permitan salvar la cara al socio minoritario. En cuanto a la segunda, el debate es más técnico, para evitar que aspectos procesales acaben siendo perjudiciales para las víctimas. También se llegará a un acuerdo.

En otro nivel está el PNV, siempre proclive al apoyo a cambio de concesiones sustantivas. Cuando se desmarca en los asuntos institucionales, pone cuidado en no aparecer junto a los demás grupos, vocingleros y rupturistas, sino en explicar su propia posición. Esta semana ha avanzado que las elecciones generales deberán ser en la primavera de 2022. Es decir, cuando los dos problemas que les preocupan, culminar las transferencias solicitadas y participar en el reparto de los fondos europeos, hayan sido culminadas.

A Sánchez en esta legislatura sólo le quedan dos problemas serios. El citado reparto de los fondos europeos, donde merced a una amplia discrecionalidad será posible contentar a muchos aliados territoriales o parlamentarios y la distensión en Cataluña, donde ya hemos citado su buena situación. Convocará elecciones cuando más le convenga para ganar claramente. A día de hoy su hegemonía no está amenazada.

El PP mientras peregrinará por los juzgados y sentirá el acoso permanente de Vox. En las próximas elecciones sus opciones de gobernar serán mínimas pero las de ser sobrepasado por la derecha, máximas. Vender la sede social es un recurso desesperado y sin efecto alguno. De hecho ningún manual de gestión de empresas lo propone para casos de crisis reputacional. En su lugar recomiendan transparencia, identificación del problema y de su dimensión, asunción de responsabilidades y medidas para evitar su repetición. Es decir, gestionar la confianza, no huir del problema.

Pedro Sánchez consigue ocupar el centro de la política española
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