Pedro Sánchez cayó en su propia trampa y ahora pide que los demás lo saquen

Pedro Sánchez vota este 26-M. / Mundiario
Pedro Sánchez vota este 26-M. / Mundiario

El presidente se ensimismó en gobernar en solitario y ahora resulta que como el plan no funcionó le lanza la presión a los demás para deshacer su enredo.

Pedro Sánchez cayó en su propia trampa y ahora pide que los demás lo saquen

Pedro Sánchez empieza a sentir los límites de la dimensión en la que se encerró él mismo desde las elecciones del 28 de abril. El presidente de Gobierno ha insistido desde las votaciones primaverales que su intención es gobernar en solitario pese a sus escuetos 123 diputados y a los ofrecimientos de Unidas Podemos, que se abre un poco más el escote cada semana. No obstante, no fue sino hasta este lunes cuando al parecer al presidente en funciones le dio la epifanía que de verdad su proyecto era demasiado quimérico para funcionar. Eso sí, el señor presidente es muy orgulloso para admitir las cosas con la cabeza gacha y salió de la dichosa dimensión con el cuchillo entre los dientes.

Mediante José Luis Ábalos, que vea usted todo un presidente como Sánchez no iba a salir a rectificar sus palabras él mismo, La Moncloa avisó de que siempre iban a gobernar solitos pero que por favor le echaran una mano. Y la mano se la pidió al Partido Popular y Ciudadanos, anatemas suyos desde que el madrileño asumió la presidencia tras la caída de Mariano Rajoy.  Pero encima de pedirles una ayuda que sabe que no les van a dar, Ábalos, mano derecha, alero y portavoz del jefe de Gobierno, dijo que la abstención de aquellos tenía que llegar como una especie de fair play luego de que el PSOE se abstuviera para investir a Rajoy en 2016. Una gala de descaro, pues vale recordar que en aquel entonces Sánchez fue el principal promotor del movimiento no es no a Rajoy, el cual causó un cisma en Ferraz que terminó con el partido roto en mil pedazos, Sánchez dimitiendo a todos sus puestos y, para colmo de males, Rajoy de presidente de todas formas. Pero es que el jefe socialista no está dispuesto a tolerar que le hagan a él lo que él le hizo a ellos. Eso sí, a diferencia de cómo estaba el PSOE hace tres años, esta vez el Partido Popular está unido, en fachas, sí, pero unido y nada hace pensar que de verdad se avecine una guerra civil de abstenciones contra noes.

Pero probablemente el colmo llegó cuando jugó una carta que hasta ahora nadie se había atrevido a poner sobre la mesa: la repetición de las elecciones. Nada menos. El presidente, siempre mediante su improvisado jefe de comunicación, advirtió de que si no le dejaban tomar posesión para una nueva legislatura tendría que llamar a las urnas nuevamente, en una maniobra un tanto kamikaze, pues Ciudadanos se siente en su salsa y su subida lo justifica, el Partido Popular es difícil que caiga más bajo tras el leve levantón en las elecciones comunitarias y europeas del 26 de mayo. En esas, de los cuatro grandes partidos probablemente el que peor parado saldría sería nada menos que Unidas Podemos, en espiral destructiva tanto por fuera como por dentro, pero igualmente el único que ha ofrecido al PSOE hacer cosas que los demás partidos no querrán, ya ustedes saben.

La estrategia del presidente no debería sorprender tampoco. El líder del Ejecutivo no es de la gente que se ande por las ramas para cumplir sus objetivos. El chantaje al que está empezando a someter a los partidos llegará a los límites. Nadie se opone a que busque la presidencia, pero es que quiere que los demás busquen las llaves que abran la jaula que él solito se construyó. @mundiario

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