Pasmosa confusión socialista sobre el primer problema de España

Manifestación independentista en Cataluña
Manifestación independentista en Cataluña.

Aprovechar el conflicto para incrementar la confusión con propuestas poco o nada meditadas, perjudica más al PSOE que al PP, instalado desde hace mucho en la voluntad de confrontación. Corresponde a la oposición cargarse de razones para gobernar, no solo limitarse a señalar la incapacidad de quien lo hace.

Pasmosa confusión socialista sobre el primer problema de España

Esta semana la portavoz de la dirección socialista ha brindado dos perlas informativas. Por la primera, referida al caos creciente en Venezuela, hemos sabido  que se desautorizaba al otro portavoz y alcalde de Valladolid, quien había afirmado que sobre ese país existía una distorsión informativa y que en realidad todos eran responsables del problema. Una afirmación estilo Trump, cabría decir.

La otra afirmación todavía es más sensacionalista. Nos dice la señora Lastra, que su partido trasladará a las Cortes la decisión sobre el número e identificación de las naciones que existen en España. Se trata de una aportación a la ciencia política y además a la política real, de extraordinaria transcendencia. He aquí, que un problema elegante y prudentemente soslayado en la Constitución para no enconar lo que ya de por si era vidrioso en 1978, va a ser sometido a debate y votación por decisión del primer partido de la oposición. Donde se hace distinción no es a beneficio de inventario. De hecho la propia Constitución determinó dos vías de acceso a la autonomía, más o menos una vía rápida y una vía lenta.

La evolución de la política territorial y las secuelas del golpe de Estado de 1981, llevaron a intentar armonizar todo lo que se pudiese, igualando en competencias, financiación y otros mecanismos a todas las Comunidades Autónomas, ya por entonces definidas, excepto a las forales del País Vasco y Navarra.

Ahora se pretende trasladar al debate parlamentario una nueva versión de esa definición constitucional. La primera pregunta que surge es: ¿para qué?  Las siguientes podrían ser: ¿se trata de establecer nuevas diferencias entre unas y otras?, ¿tal vez se pretende diluir el problema catalán en el magma de media docena de nacionalidades emergentes?, ¿o simplemente el Partido Socialista está improvisando sobre el principal problema del momento?

Escribió Gellner que las naciones las crean los nacionalistas. Tres décadas de autonomía política en España han generado sentimientos identitarios muy amplios donde antes eran minoritarios. Ante cualquier atisbo de diferencias efectivas por la calificación de nación o región, aumentarán los devotos de la opción mejor tratada, un principio elemental en mercadotecnia, también en política. Así que el sentimiento de nación en comunidades que no se lo habían planteado porque habían sido igualadas por arriba, en función de la LOAPA y políticas posteriores, al techo de las llamadas constitucionalmente comunidades históricas, será imparable. ¿Es esa la aportación de Pedro Sánchez a la gobernabilidad del país?

Las sociedades bien organizadas son previsibles. El entramado de normas, instituciones y procedimientos aceptados, evita la incertidumbre y ofrece marcos de resolución de conflictos, de planificación empresarial e incluso personal, que no existen en países sometidos a procesos de institucionalización. La política es uno de esos marcos, en el que la improvisación, la frivolidad o la irresponsabilidad pueden producir conflictos de largo alcance en distintos ámbitos. Es así hasta el punto de que las encuestas miden la identificación de los electores con los partidos políticos en una escala, la cual se produce a partir de su historia, sus hitos y sobre todo la previsibilidad de sus proyectos.

La propuesta trasladada por la señora Lastra puede acabar en el vacío, ya que nada obliga a las demás fuerzas políticas a implicarse en un debate voluntarista, extemporáneo y nada constructivo

Es comprensible que Pedro Sánchez y el PSOE intenten desmarcarse de la política de Rajoy ante el problema catalán. Para hacerlo no necesitan crear un nuevo problema como el citado. Les basta con insistir en sus propias líneas de fuerza: diálogo, inclusión, avances en la financiación autonómica, relectura de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatuto, etcétera.

Aprovechar el conflicto para incrementar la confusión con propuestas poco o nada meditadas, perjudica más al PSOE que al PP, instalado desde hace mucho en la voluntad de confrontación. Corresponde a la oposición cargarse de razones para gobernar, no solo limitarse a señalar la incapacidad de quien lo hace.

Porque la propuesta trasladada esta semana por la señora Lastra puede acabar en el vacío, ya que nada obliga a las demás fuerzas políticas a implicarse en un debate voluntarista, extemporáneo y nada constructivo. Con lo que la propuesta lejos de servir a la estrategia socialista habría acentuado su aislamiento además de crear un puñado de problemas internos en las comunidades autónomas que ahora gobierna.

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