Pasión, muerte y resurrección de Pedro Jota, cuyo reino ya no es de ese 'Mundo'

Así presentó El Mundo el relevo en su dirección: se va Pedro J, llega Casimiro García-Abadillo.
Así presentó El Mundo el relevo en su dirección: se va Pedro J, llega Casimiro García-Abadillo.

Resucitará al tercer día, al tercer mes... y se nos aparecerá en una cabecera jurásica de papel o al frente de un objeto informador no identificado surcando el espacio on line.

Pasión, muerte y resurrección de Pedro Jota, cuyo reino ya no es de ese 'Mundo'

Volverá, como volvió Mc Arthur de las Filipinas. Resucitará al tercer día, al tercer mes, al tercer trimestre, y se nos aparecerá en una cabecera jurásica de papel o al frente de un objeto informador no identificado surcando el espacio on line.

Hacías zapping, 30 de Enero de 2014, y la España mediática transmitía su más sentido pésame por la irreparable pérdida de Pedro Jota. Todos, los que le amaban, los que le odiaban, los que le temían, los que llevaban décadas armados de esa paciencia infinita genuinamente china, que consiste en esperar en la puerta para ver pasar el cadáver de un enemigo, se rasgaban amargamente las vestiduras en las tertulias, a través de los micrófonos de radio, en los diluvios diarios de twitter, y depositaban coronas de flores verbales o escritas sobre su tumba, mejor dicho, sobre su mausoleo profesional, en el que quedaría ridícula la fúnebre y pretenciosa inscripción Sic Gloria Transit  Mundi, a ver si me entiendes, aunque el marmolista grabase la palabra “Mundi” entrecomillas, je, en un alarde de ingenio a título póstumo.

Todavía se me ponen los pelos de punta recordándolo, Director. El día en que se paró “El Mundo”, Pedro Jota se reunió con todos sus discípulos, incluidos los Judas, y les dijo: “mañana ya no estaré entre vosotros”. Estas cosas son las que marcan la diferencia entre los pobres mortales y los Mesías, oye. Las que inmortalizan una “última cena” de Jesús de Nazareth o una “última portada” de Pedro Jota de Logroño. Las que inspiran cuadros de Leonardos da Vinci. Las que transforman una prosaica redacción de periódico en un nuevo “Huerto de los Olivos”, ¡Unidad Editorial, aparta de mí este cáliz!, donde otro hijo de Dios espera la llegada de los guardias  de otro siniestro Sanedrín decidido a crucificarlo.

Lágrimas sentidas, de compromiso y de cocodrilo por PJ

¡Conmigo que no cuenten para hacer de extra en esta parodia de la pasión y muerte profesional de Pedro Jota! Lo siento. El corporativismo me produce náuseas en cualquiera de las facetas humanas profesionales: los médicos encubriendo negligencias, los autores corriendo tupidos velos entre los atracadores de la SGAES y los ciudadanos atracados, los jueces  (con sus excepciones), siguiendo a rajatabla la dieta de perro no come a perro, los sindicalistas guardándose entre ellos las espaldas, los políticos (¡joder, que tropa!),  siempre dispuestos a ver la paja en el ojo ajeno y nunca en el ojo propio. He llegado a la conclusión antropológica de que la especie humana no está compuesta por animales sociables, sino por animales corporativos. Que se juntan en manadas ideológicas, financieras, sindicales, profesionales, con el mismo instinto primitivo de las manadas de hienas, leones, lobos y demás especies depredadoras de esas que dejan al desnudo los documentales de la National Geographyc. Se unen, nos unimos para cazar y para evitar ser cazados. Salvamos el culo de los demás, con perdón, para que los demás, alguna vez, salven el nuestro.

Lejos de mí la funesta manía de hablar de nosotros, asunto que en todos los libros de estilo de esta profesión, que hace años que compite con la profesión más antigua del mundo, está considerado una aberración, talmente un  sacrilegio ¡Cuantos colegas lo habrán escuchado en los sermones de Pedro J. en su despacho con vistas a “El Mundo”! Pero, chico, ya puestos a pecar, me encomiendo a la proverbial indulgencia de los lectores. Confieso, padre, que si el corporativismo en general me produce alergia, el corporativismo en particular de nuestra especie me produce vómitos. Ya sé, ya sé que el hombre es lobo para el hombre. Pero es que el periodista es caníbal para el periodista. Las redacciones son jaurías de perros sedientos de primicias, rumores, exclusivas, dispuestos a cobrase piezas que acabarán adornando las salas de trofeos de sus redactores jefes y sus directores. Por un sueldo miserable, la gloria de su firma al pie de un breve y una caricia condescendiente de sus amos, jadeamos como los sabuesos ante el premio de una salchicha.

¡Pobrecitos! ¡Que pasen a la cocina!

Este es el mundo del ex director de “El Mundo”. Amos de sus perros y perros de sus amos, repartiéndose desproporcionadamente los míseros botines de vanitas vanitatis que alimentan egos al precio implacable de cuadros irreversibles de anorexia humana. Porque ya no quedan aristócratas de los de antes, grandes Gatsby, marquesas de aquellas que se compadecían de los chicos de la prensa. Si, no, mis jóvenes colegas cuyos salarios les mantienen a dos velas, volverían a escuchar la voz de aquella mujer de alta sociedad con espíritu de buena samaritana:

        -Señora: ¡están aquí los periodistas!

        -¡Pobrecitos! ¡Que pasen a la cocina!

Eso digo yo ¡Pobrecitos! Sólo hay una visión que me produzca la misma sensación de tristeza y soledad que emana de una tumba del soldado desconocido: las miles de tumbas de periodistas desconocidos esparcidas por el mundo, en las que nunca se deposita una corona de flores, ni se escucha un solemne toque de oración.  Es terrible sentirse notarios de la actualidad, compartir mesa, mantel y confidencias con tantos dioses de barro en la tierra, ir por la vida como dignos e intocables mensajeros de verdades y mentiras, rozar con los dedos las más altas cumbres de cartón piedra financieras, políticas y culturales de sus hábitats, y no tener al final ni para un taxi que les lleve a casa. No, de verdad. Ya de ganarse la vida permitiendo que te la metan, cuadrada o de la forma tradicional que no voy a describir en horarios infantiles, mejor dedicarse a “hacer la calle” como se ha hecho desde el principio de los tiempos. Por un lado se gana más, y por otro, ¿qué más da que el proxeneta sea un implacable chulo putas o un insaciable director al frente de un “meublé” mediático?

El Mundo por montera

Por Pedro Jota no me sale un artículo, sino una crónica taurina. Se puso “El Mundo” por montera, como titulé hace décadas una larga entrevista con el chico que soñó una vez con ser ministro de Suárez, y después verdugo de Felipe, y más adelante Oráculo de Delfos de Aznar y, al final, un Bernstein o un Woodward promoviendo un “impeachment” cañí a Mariano Rajoy o un general Pavía derrocando a otro Borbón a lomos del caballo desbocado de Urdangarín. Con sus luces y sus sombras, ha hecho faenas periodísticas de dos orejas y rabo y ha tenido tardes que no se recuerdan desde la última espantada de Curro Romero. Templaba mejor la muleta con la mano derecha que cuando se arrancaba con ansiedad por naturales. Y, a la hora de matar, salvo algún ministro, algún secretario de estado, algún juez  e inofensivos novillos, se le han escapado vivitos y coleando todos los miuras a los que ha intentado preparar para la suerte suprema a base de banderillas.

Pero que nadie piense que Pedro Jota se ha cortado la coleta. Volverá, como volvió Mc Arthur a las Filipinas. Entre los muchos motivos por los que un servidor no se ha puesto de luto en solidaridad con tantos cínicos, hipócritas o incautos compañeros de profesión, predomina la convicción de que al tercer día, al tercer mes, al tercer trimestre, resucitará de entre los muertos en una cabecera de papel o en una cabecera on line. De manera que no comprendo a esos señores, Felipe, Mariano, ¡que son como niños, hombre!, brindando con champán mientras reproducen a todo volumen la legendaria canción de Siniestro total: “Bailaré sobre tu tumba”

Hoy mismo, el ex director daba señales de vida en la primera plana de su ex pequeño Mundo. Encima de todo, donde se reproducen las sentencias lapidarias, recuperó una frase de la antigüedad aplicable a la posteridad: “Sírvete de lo aparente como indicio de lo escondido” Se la ha pedido prestada a Solón, uno de los siete sabios de Grecia, como una pista, como una profecía, para joder, vamos.

Pasión, muerte y resurrección de Pedro Jota, cuyo reino ya no es de ese 'Mundo'
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