Los partidos no renunciarán a sus vetos incluso si Mariano Rajoy se mueve

Mariano Rajoy.
Mariano Rajoy.

Tras las elecciones, cada partido se ha dado a sí mismo su lugar y empezarán a negociar para formar Gobierno. Podemos ha perdido por completo su credibilidad para presionar. 

Los partidos no renunciarán a sus vetos incluso si Mariano Rajoy se mueve

El baile empieza de nuevo con exactamente los mismos protagonistas. Una vez consumados y oficializados los resultados de las elecciones del 26 de junio, a los partidos y candidatos les toca volverse a sentar y negociar hasta darle finalmente un Gobierno a España. Quien lleva las de ganar es Mariano Rajoy, quien con sus 137 diputados conseguidos puede reclamar su segundo gobierno consecutivo aunque sea en minoría. El PSOE se ha investido a sí mismo con la toga de los opositores, y Podemos, todavía digiriendo la sorpresa por la inesperada debacle del domingo, prácticamente ha perdido toda su capacidad para ejercer algún tipo de presión en las negociaciones. La situación con Ciudadanos es la siguiente: atenerse de manera obstinada a sus vetos y exigencias les hará perder la ya de por sí baja influencia que puedan tener con sus escasos 32 escaños. 

Las miradas y las luces enfocan ahora solamente al actual presidente del país. Socialistas y naranjas, en su momento aliados contra la campaña de polarización que sufrieron parte del PP y Podemos, ahora apenas se voltean a ver y se mantienen expectantes a que sea el otro el que de el primer paso, que supondrá despojarse del orgullo que les representa aferrarse con todas sus fuerzas a las promesas y vetos hechos durante sus respectivas campañas, y que todavía mantenían hasta el domingo mismo. 

Rajoy dejó claro que demandará responsabilidad de ambos. Su intención es sentarse a dialogar con absolutamente todos pues tiene planeado un Gobierno de coalición con reformas específicas. No obstante, para esta ocasión no volverá a repetir su error y no le importará tener que gobernar aunque sea en minoría, incluso si para eso no tiene que hacer más que conseguir el apoyo parlamentario que necesita. Los ocho millones de votos (10% en porcentuales) de ventaja sobre el PSOE, le dan al partido celeste de constituir un Ejecutivo con Rajoy mismo a la cabeza. "A ver si somos serios y entre todos nos comportamos democráticamente", anunció el presidente tras escuchar los primeros vetos hacia su persona.

Ya muy lejos se han ido las promesas que había hecho Pedro Sánchez de iniciar las negociaciones para formar Gobierno al día siguiente de las elecciones. El común denominador en las opiniones de los máximos líderes socialistas es que a ellos les corresponde la labor de ser opositores. Antonio Hernando, portavoz del comité electoral de la organización, dejó claro que la responsabilidad de formar Gobierno es única y exclusiva de Rajoy y su equipo, por lo que lo apuró a "echar cuentas". Hernando también advirtió de que su partido no votará por el líder del PP ni se abstendrá de él, aunque deja la decisión final al comité federal que se juntará el 9 de julio. Los socialistas están dispuestos a presionar a Rajoy para que apure sus opciones y que forme Gobierno a como de lugar. 

La postura de Unidos Podemos

Tras haberse consumado un sorprendente fracaso, en el campamento morado todo es decepción. La coalición izquierdista tiene a los medios y al público expectantes, contrario al PSOE, que prefiere ocupar un discreto segundo plano. Si Pablo Echenique, uno de los altos mandos de la coalición, aseguró que la catástrofe electoral del 26 de junio debía enseñarles algo de "humildad", lo cierto es que el discurso no lo siguieron todos. A Echenique le faltó un poco cuando menos de autocrítica, puesto que culpó al PSOE de haber alimentado a la derecha con sus últimos discursos en los que atacaba a Iglesias y sus huestes, lo cual llevó a su partido al tercer lugar, con el que apenas tendrá voz y voto en las negociaciones.

Juan Carlos Monedero, uno de los patriarcas del partido, encendió a los seguidores del partido con una publicación en su blog, en el que ejercía una seria autocrítica a su partido por haber primado "el marketing por sobre el contenido". Los simpatizantes de Íñigo Errejón, segundo en la cadena de mando de los morados, arremetieron con todo contra Monedero y tiraron culpas a Pablo Iglesias, quien fue el principal impulsor de la alianza del partido emergente con Izquierda Unida, a la que Errejón siempre se opuso abiertamente. 

La incertidumbre sobre la visión del partido, su fallida sociedad con IU y los intereses particulares de distintos personajes dentro del partido tendrán cuando menos incómodo a Pablo Iglesias, mandamás de esto que se ha convertido en un caos. El socio de Galicia, En Marea, presenció como los socialistas le superaban con creces a poco de que se realicen las elecciones autonómicas en su región. El aliado en Cataluña, Comú Podem, sostuvo el primer lugar, eso sí, sin la cantidad de votos que esperaban, y su futuro pasa por lo que pueda hacer la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. En el intenso pulso que mantiene con los partidos tradicionales, Colau espera que su partido luzca un perfil de partido con personalidad propia, sin tener que someterse a la voluntad de Iglesias. 

Albert Rivera dio la espalda a Rajoy

A escasas semanas de que se celebraran las elecciones, corrió la opinión de que probablemente lo mejor para formar un nuevo Gobierno era que Rajoy diera un paso al costado. El líder de C's apoyó abiertamente esta postura. "Para apoyar a Rajoy ya está el PSOE, no hace falta Ciudadanos", dijo el domingo para desmarcarse de toda presión, consciente de que su partido de por sí tiene poco o nada de peso en estos momentos.

El mandamás del partido naranja dejó claro que desea abrir una negociación a tres partes con el PP y el PSOE, pero no para la formación del nuevo Gobierno, sino para discutir reformas que deben ponerse en marcha sí o sí. Hasta ahorita, todos obedecen a Rivera, pero a medida que las horas avanzan, empiezan a levantarse dudas sobre si seguirle será la mejor opción para el partido.

Twitter: @hmorales_gt

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