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Un paro nacional someterá a prueba al debilitado Gobierno de Iván Duque

El presidente encara esta huelga en un momento delicado, con sus niveles de aprobación rozando el ridículo y la oposición más fuerte que nunca.
Un paro nacional someterá a prueba al debilitado Gobierno de Iván Duque
Iván Duque, presidente de Colombia.
Iván Duque, presidente de Colombia.

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Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

El autor, HÉCTOR ANTONIO MORALES, es colaborador de MUNDIARIO. Se formó en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. @mundiario

Colombia ha organizado un paro nacional como el mayor contrapoder hecho hasta ahora al presidente Iván Duque. Pese a que la tradición sindical del país es débil a comparación de la de otros países vecinos, la convocatoria de los sindicatos ha contado con el descontento generalizado contra el Gobierno. Así, este paro tiene al país entero en vilo, aunque también se teme que la situación pueda salirse de las manos. El Comando Nacional Unitario, que junta a varias centrales obreras, convocó desde octubre a la movilización para expresar su desacuerdo a varias políticas económicas, en especial reformas que lastran al mercado del trabajo y hasta al sistema de pensiones. En el Gobierno se defiende que no hay ningún texto definido en ninguno de ambos frentes y que los proyectos que surjan serán concertados. No obstante, las organizaciones de trabajadores explican que desde el Ejecutivo se les ha explicado que se apunta a la flexibilización laboral y el debilitamiento de Colpensiones (organismo a cargo de su gestión) en beneficio de fondos privados.

Esta convocatoria coincide con varios reclamos sociales de estudiantes, profesores, opositores y hasta activistas de todo tipo que han llamado a salir a las calles. Incluso cantantes y artistas, como Carlos Vives, se han unido a la euforia colectiva. Las quejas son variadas, pues incluyen el asesinato de líderes sociales, indígenas y excombatientes que estamparon su firma en los acuerdo de paz, hasta el temor a que reaparezcan las ejecuciones extrajudiciales de las Fuerzas Armadas.

El oficialismo, agrupado bajo el partido Centro Democrático, ha acusado esta protesta como parte de una "estrategia del Foro de Sao Paulo que intenta desestabilizar las democracias de América Latina, secundado por grupos opositores cuyo propósito ha sido bloquear" al Gobierno. Desde el despacho de Duque no se oculta el temor de que la protesta termine en atentados al orden público y vandalismo, acusando esfuerzos de "desestabilización" y hasta enfatizan un trasfondo político que de momento nadie se ha inmutado en dsifrazar. Las autoridades tomarán una serie de medidas, dentro de las que se incluye el cierre de fronteras, y en Bogotá ya hay militares ronando las calles.

"La protesta social pacífica es un derecho de los colombianos, y es un deber del Estado, de los gobernantes locales, garantizar el ejercicio de la protesta pacífica", expresó el mandatario durante la primera emisión de su programa televisivo "Conéctate con Duque". "Pero también es un deber de todos rechazar censurar, acusar, develar y sancionar, ejemplarmente, a quienes pretenden apelar a la violencia, al vandalismo y al pillaje, para atentar contra los derechos de los colombianos", prosiguió.

"Es muy probable que el 21 de noviembre se presenten desmanes. Hay demasiada animosidad en el aire y, en río revuelto, los vándalos y saboteadores buscan el caos", rezaba la editorial del famoso diario El Espectador. "Sin embargo, todo debe tener sus justas proporciones. Si miles de colombianos marchan pacíficamente, es injusto que el enfoque del cubrimiento del paro sea el de la violencia".

Con apenas un año y tres meses como presidente, Duque ha ido sumando anticuerpos de a poco en su gestión. Pese al descontento generalizado, la huelga del jueves apunta a ser el golpe más duro que ha recibido en su magistratura.

Los altos mandos del Centro Democrático salieron derrotados de las principales ciudades en las últimas elecciones locales y regionales de octubre, Duque cuenta con niveles de desaprobación de hasta el 69% en las encuestas más recientes y la oposición llevó a Guillermo Botero, ministro de Defensa, a dejar su puesto y dejárselo a Carlos Holmes Trujillo, excanciller. Fue durante el debate de esta moción de censura en el Senado cuando se supo la operación militar contra disidentes de las FARC en agosto en la que hasta ocho menores de edad fueron asesinados en Caquetá, algo que despertó la indignación en la sociedad.

En cuanto a su economía, el país ha mostrado un crecimiento de hasta el 3,3% de su PIB entre junio y septiembre, pero el desempleo sigue en una tasa de dos dígitos y es la principal preocupación de los colombianos en los sondeos de opinión. Aparte, el Ejecutivo debe pasar de nuevo por el Legislativo para que se apruebe la reforma tributaria que tenía hecha hasta que el Tribunal Constitución la vetó por problemas de trámite. @mundiario