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MUNDIARIO

El Parlamento peruano otorgó el voto de confianza al gabinete de Walter Martos

Obtuvo 115 votos a favor, 4 abstenciones y 5 votos en contra, al cabo de una sesión de debate parlamentario de 12 horas.
El Parlamento peruano otorgó el voto de confianza al gabinete de Walter Martos
El presidente de Perú, Martín Vizcarra (izquierda) apostó por su ministro de Defensa Walter Martos para que tome las riendas del Consejo de Ministros. / Facebook
El presidente de Perú, Martín Vizcarra (izquierda) apostó por su ministro de Defensa Walter Martos para que tome las riendas del Consejo de Ministros. / Facebook

El Perú está viviendo momentos tensos y dramáticos como consecuencia del crecimiento de contagiados y muertos por la pandemia del coronavirus. A eso se agrega que en los últimos días hubo una peligrosa crispación política que ha tenido como desenlace la caída del gabinete presidido por Pedro Cateriano. Pero hay avances. Tras reunirse con el presidente del Congreso, Manuel Merino, el nuevo primer ministro, Walter Martos, asumió su presentación ante el pleno para pedir el voto de confianza. Su discurso estuvo centrado en las acciones para afrontar la pandemia y el Parlamento peruano otorgó el voto de confianza al gabinete de Martos, que obtuvo 115 votos a favor, 4 abstenciones y 5 votos en contra, al cabo de una sesión de debate de nada menos que de 12 horas.

En Perú existe la sensación de que el Congreso toma decisiones de acuerdo a los intereses de sus bancadas, que algunas veces están alejados del sentir de la gente. Pero también son evidentes los tropiezos recientes del Ejecutivo que no ha podido ubicarse a la altura de los desafíos presentes. En esta coyuntura urge tender puentes. Hay que ser conscientes de que solo el diálogo resolverá los conflictos entre poderes y parece evidente que todo espacio que genere vínculos e integración es útil en la tarea de plantear soluciones para que el Estado responda mejor ante la arremetida de la Covid-19. De momento, el gabinete presidido por Walter Martos recibió este martes el voto de confianza del Congreso, donde apeló a la unidad nacional para acabar con la crisis política y afrontar el embate de la epidemia de la Covid-19. A diferencia de la semana pasada, cuando su antecesor Pedro Cateriano fue rechazado por el Parlamento, Walter Martos recibió un apoyo amplio.

Martos, al frente

El presidente Martín Vizcarra respondió a la crisis política por la negación de la confianza al gabinete Cateriano con la designación del general Walter Martos al frente de un consejo de ministros con más ratificaciones que nuevas designaciones, y un perfil político más bajo que el equipo previo. Martos en la PCM significa un regreso al esquema habitual de equipos de entrecasa. Cuando Pedro Cateriano armaba el nuevo gabinete, hace un mes, le sugirió a Vizcarra un cambio en Defensa, pero este prefirió mantenerlo porque con él había recuperado una buena relación con la fuerza armada luego de que el almirante Jorge Montoya –vocero oficioso del mundo castrense– criticara en medios al gobierno por el manejo de la pandemia.

Desde entonces, Walter Martos se volvió vocero del gobierno en asuntos de seguridad y organización de la gente para evitar contagios en lugares como mercados –lo que aún se realiza con poco éxito–, posición desde la cual nunca ha ocultado su entusiasmo por las cuarentenas y toques de queda, algo que puede generar fricciones con el MEF y los ministerios productivos pues ya se conocen los efectos negativos de los apagones generalizados y prolongados.

La designación del mismo titular de la PCM implica también una señal. El presidente designa a uno de los ministros más antiguos del Gobierno para dejar clara su decisión de seguir manejando la agenda y frenar los arrestos del Parlamento que había sugerido nombres para el premierato. En clave simbólica, el presidente está haciendo gala de su relación estable con las FF AA sometidas, como corresponde, al poder constitucional. En una somera conclusión no se podría asumir que el jefe del Estado ha respondido al rechazo del Congreso presentando un gabinete desafiante con el ánimo de proseguir en la batalla. Al contrario, el temperamento del presidente aparece como una respuesta medida, que hasta podría interpretarse como una invitación a la cooperación.

Pleitos sin sentido e inútiles

La lucha de poderes ha generado en el Perú pleitos sin sentido e inútiles en estos tiempos en el que los peruanos tienen como prioridad evitar infectarse con el virus. La clase política cree que la eficacia democrática es vencer al adversario. Eso es preocupante porque divide al país y así es casi imposible avanzar en busca de superar la crisis de salud y económica. Si no se arregla lo político, no se podrá mejorar en lo demás.

¿Qué originó esta divergencia? Fue grueso el error del presidente Martín Vizcarra, el 28 de julio, al no presentar un balance crítico y autocrítico del año transcurrido frente a la corrupción y la grave crisis sanitaria. Más bien dio un mensaje lleno de ofertas y falto de realidad, como si la crisis no estuviera entre los peruanos. Cateriano presentó un plan de modernización liberal del Estado, simplificando los trámites para las actividades empresariales mineras y pesqueras, con silencio administrativo positivo y licencias de exportación en horas. Pero estuvo ausente de propuestas reales y concretas sobre lo que afecta a los ciudadanos: empleo, salud, educación. En ambas presentaciones ha estado ausente del discurso la construcción del Estado y de ciudadanía, con ejercicio real de derechos a la vida, la salud, y al empleo digno. De igual forma ignoraron el proceso de descentralización efectivo y la planificación económica estratégica. ¿Cuáles fueron las razones per se que llevaron a la negación de confianza al Gabinete Cateriano, el segundo premier en tres semanas? Veamos algunos puntos:

1. Ideología: Los voceros y fuentes consultadas, coinciden en que la ideología tuvo un peso determinante pues Pedro Cateriano subrayó enfoques de derecha en un Parlamento inclinado hacia la izquierda. Dos bancadas, el Frente Amplio (FA) y Unión Por el Perú (UPP) ya habían anticipado reparos ideológicos. El FA dialogó con Cateriano y las discrepancias quedaron expuestas y claras. Aunque tenían su rechazo definido, Silva Santisteban, confiesa: “me sorprendió la votación”. Es decir, el FA creía que sus reparos no iban a ser suficientes para echarse abajo a Cateriano. De hecho, hubo otros factores.

En UPP, hay una mezcla de izquierda tradicional, como el ala de José Vega, con el radicalismo antaurista que se niega hasta a dialogar. Su ‘No’ también estaba cantado y quizá se hubiera extendido a cualquier otra carta.

El FREPAP es una izquierda verde agraria, en comunión con su religiosidad de Perú profundo y periurbano. No tiene vasos comunicantes con la izquierda tradicional del FA. Es probable –no lo he podido confirmar con sus voceros– que no tuvieran su voto tan prejuzgado como ya lo tenía el FA, pero la defensa que hizo Cateriano de la minería en su presentación, terminó de definirlos.

2. La reforma universitaria: Los intereses en contra de la reforma universitaria han sido el factor anti Cateriano más señalado antes de la votación. El propio ex primer ministro insinuó, en su discurso de madrugada antes de la votación, que se le dio a entender que ceder en ese tema (lo que implicaba cambiar al ministro Martín Benavides que fue jefe del ente reformista Sunedu) le granjearía votos a favor. El presidente volvió a mencionar esta narrativa en el mensaje a la Nación en el que lamentó la decisión del Congreso. Y Cateriano fue explícito en la entrevista que concedió a El Comercio refiriendo que Manuel Merino, el presidente del Congreso, lo llamó unos días atrás a su despacho y le dijo que la presencia de Benavides era un escollo para que obtenga el voto. Cateriano cuenta que lo comentó con Vizcarra y ambos decidieron no ceder la cabeza del ministro. Sin embargo, en el testimonio de Cateriano no hay evidencia de que Merino haya asociado lo que le dijo de Benavides a su pasado en la Sunedu. En la narrativa congresal, Benavides debiera caer por la desatención de la educación rural, manifiesta en la frustrada compra de cientos de miles de tablets sin las cuales muchos niños podrían perder su año escolar. Podemos es la única bancada cuyo líder partidario, José Luna Gálvez, tiene un interés manifiesto en el tema, pues se le negó la licencia a su criatura, Telesup, y ello le generó un ánimo revanchista que ha provocado cabildeos de su bancada para promover la interpelación a Benavides, como lo relata Martín Hidalgo en “La historia detrás de la negativa de la confianza al Gabinete de Pedro Cateriano”. El FA votó en contra de la interpelación a Benavides y defiende la reforma en manos de la Sunedu. El FREPAP no tiene intereses en universidades, pero se sumó al pedido interpelatorio porque tiene críticas y preguntas no resueltas sobre lo que consideran el relego a la vulnerable educación rural. Es decir, Benavides sí era una presencia incómoda y con interpelación pendiente cuyo cambio hubiera podido alterar el voto a Cateriano para algunos congresistas; pero las razones de ello exceden a la reforma universitaria y tienen que ver con las múltiples controversias -contenido ideológico de la currícula, religión, desbalance entre educación pública y privada, presupuesto- que la hacen una cartera de conflictos entre poderes. No es casual que la interpelación al exministro Jaime Saavedra fue el primer gran conflicto entre el Congreso y el Ejecutivo precedentes.

3. La minería: No tendría que haber sido un factor que jugara contra Cateriano, pero este abandonó la lectura mecánica del discurso, para agregar, enfático, frases sobre la importancia de la minería en la economía nacional. Ello fue asumido por varios congresistas como una provocación y, de hecho, la contestaron más tarde en los discursos más críticos contra él. Una fuente ligada al FREPAP me comentó que si bien el voto en contra estaba más o menos decidido, ese momento fue confirmatorio. La vocera María Teresa Céspedes, una de las primeras en intervenir, dijo que, si para Cateriano la minería era una ‘bendición’, para muchos peruanos, sobre todo en la provincia de Espinar, ‘era una maldición’. Rocío Silva me comentó que le extrañó que Cateriano no mencionara el conflicto en la provincia de Espinar a su favor pues, de hecho, el gobierno tiene un plan de acción y diálogo al respecto.

4. Pandemia “controlada”: En varias intervenciones de distintas bancadas hubo críticas e interrogantes sobre el relativo poco espacio (4 páginas frente a las 27 del eje ‘impulso a la economía’) que la presentación de Cateriano dedicó a la prevención y lucha contra la pandemia. Fue el primer tema tratado y el que se anunció como el más importante; pero dejó cabos sueltos. 

5. Confrontación: Frente al nuevo marco, el presidente Vizcarra planteó una nueva estrategia invitando a los dirigentes de los partidos a debatir lo que llamó un Pacto Perú. Sin embargo, la convocatoria efectiva a estos, se postergó para luego de la investidura que no llegó. Cateriano, apenas designado, se reunió con algunos dirigentes y bancadas en una ronda protocolar que no llegó a conciliar o negociar temas esenciales. Si recibió señales y críticas expresas a la permanencia de Benavides y María Antonieta Alva y al fichaje de Martín Ruggiero en Trabajo; Cateriano las desoyó o decidió, junto al presidente Vizcarra, no atenderlas. Sin que el presidente adelantara las llamadas conciliadoras de su Pacto Perú ni evaluaran las reacciones ante cada ítem del discurso, el ex primer ministro fue lanzado al hemiciclo impredecible, hostil y con abrumadora mayoría de las regiones inquietas. Y tras 20 días Pedrito Cateriano dejó el mando de la PCM, como fiel a su estilo dándoles una chiquita a Manuel Merino, presidente del Congreso, soslayando indirectamente un chantaje de parte del congresista de Acción Popular. @mundiario