Parece que hemos alcanzado el fondo de una etapa política en España

La infanta Cristina. / teinteresa.es
La infanta Cristina. / teinteresa.es

Lo confirman  hechos hechos recientes: el banquillo de la Audiencia de Baleares y las lamentables sesiones parlamentarias en las que sus señorías han sido incapaces de ponerse de acuerdo.

Parece que hemos alcanzado el fondo de una etapa política en España

Pasamos  del autoritarismo a un régimen constitucional; nos integramos plenamente en la comunidad internacional; nos salvamos dignamente de  un golpe de Estado; se consolidaron las instituciones del Estado; hubo sucesión en la jefatura del Estado,...

Vivimos un período de crecimiento económico y la creación de un estado del bienestar saludable,  aunque una parte de la riqueza  creada era  irreal e insostenible, pues las ayudas europeas no eran eternas y el crecimiento económico se basó en la especulación inmobiliaria.

Incurrimos -administraciones públicas, empresas, instituciones y economías domésticas –  en excesos, creyendo que el país de “jauja” creado iba a ser el paraíso terrenal del consumo; si no llegaban los recursos ordinarios, se recurría al crédito generosa e irresponsablemente concedido, y todos –sectores público y privado- nos dejamos seducir por lo fácil, por la abundancia, por el maná. Mientras inflábamos  el globo no pensamos que podría explotar.

Por otro parte, el sistema político no se renovó, no había tiempo para estas cosas, y continuamos con una estructura que envejecía, se desvinculaba de la realidad de cada día y de los intereses de los ciudadanos; los partidos políticos desvirtuaban la democracia; la jefatura del Estado tuvo sus flaquezas; el poder judicial puso de manifiesto su dependencia del poder político; se empezó a resquebrajar la estructura territorial del Estado ;... pero el tiempo de pan y toros no permitía pensar.

Y vino la crisis, una crisis anunciada que no quisimos creer, adoptando la postura del avestruz.

Se destapó la corrupción en empresas, partidos y administraciones públicas. 

Y, ahora, alcanzamos el culmen: procesamiento de políticos,  la desvergüenza de los que miraron para otro lado y ahora se lavan las manos,   el bochornoso espectáculo del juicio en el que se culpa al “otro” –es decir, al Rey que abdicó- y lo que más me abruma: la incapacidad de los partidos políticos para volar como el cóndor,  ver el sombrío futuro de España y actuar con sentido de Estado, pactando sobre la base de lo que une y dejando a un lado lo que separa.  

Lamentable espectáculo el ofrecido por el Congreso esta semana: unos mirando al pasado, otros desautorizando al adversario o haciendo proselitismo en el hemiciclo entre los diputados de otros partidos y  los de más allá, que quieren salir cada día en la foto, actuando frívolamente.

Esta España nos duele a todos, pero a algunos representantes del pueblo parece ser que no. ¿Hemos iniciado ya una nueva era política?.

Parece que hemos alcanzado el fondo de una etapa política en España
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