¿Son académicos los calificativos negativos que se hacen de la derecha alternativa?

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Marine Le Pen.

Al igual que ocurre en numerosas ocasiones con formaciones de izquierda rupturista, los calificativos negativos que se hacen de la derecha alternativa son muchas veces exagerados y académicamente equivocados.

¿Son académicos los calificativos negativos que se hacen de la derecha alternativa?

Me imagino que la lectura del título de este artículo –¿Son académicos los calificativos negativos que se hacen de la derecha alternativa?– ha resultado sorpresiva en algunos lectores. Mi intención en este artículo no es hacer, ni mucho menos, apología del discurso de la recientemente perdedora Marine Le Pen, con la que tengo muy escasas coincidencias políticas, sino ser lo más riguroso posible en la clasificación ideológica del Frente Nacional. En mi opinión, el calificativo de “ultraderechista” a este partido, dado por importantes segmentos demográficos y mediáticos, es erróneo.

Este adjetivo, en cuya definición coinciden conservadores gaullistas, socioliberales, socialdemócratas y neocomunistas, es empleado por la animadversión que la derecha alternativa suscita. Todos estos grupos se aprovechan de la mala reputación historiográfica del fascismo, con el que el FN tiene algunas analogías. Por la derecha clásica, la hostilidad se debe al rechazo de los lepenianos a la globalización. En el caso del conjunto de la izquierda, a razones simbólicas e ideológicas; en este último caso, asociadas al internacionalismo o a la nítida defensa de los DD.HH. por parte de los partidos socialistas; pues estos últimos creen que si la derecha rupturista llega al poder, los valores democráticos se ven amenazados.

Por otra parte, si nos fijamos en las principales propuestas de la candidata populista, en el terreno económico apostó por medidas como: el mantenimiento de la jornada laboral de 35 horas y de los convenios colectivos, reducir la edad de jubilación de 62 a 60 años, nacionalización de las empresas de autopistas, impuesto del 3% a los empleados más potentados, la promoción nuclear o el aumento del gasto militar.

Por otro lado, sus deseos de mayor proteccionismo comercial se deben medir mejor dentro del eje libertad/autoridad, en un sentido obviamente estatista y antiliberal. Por su parte, el eje europeísmo/euroescepticismo debe aplicarse para entender su rechazo a la UE, tanto desde posiciones derechistas como izquierdistas.

En el plano social, Marine Le Pen está a favor de mantener el laicismo en Francia, de derogar la ley de matrimonio homosexual o de restringir los derechos de los inmigrantes. Como podemos apreciar El Frente Nacional es algo heterodoxo en lo social, aunque con una mayor orientación conservadora.

A partir de estos datos, podemos sostener que esta formación es fuertemente nacionalista e intervencionista en todos los planos. Su visión es la de una sociedad jerarquizada, pero en armonía y donde lo propio prime sublimemente sobre lo foráneo. Por tanto, el Estado es una pieza fundamental para el FN. A diferencia de los republicanos trumpistas de EE.UU., a quienes podemos catalogar de neoconservadores, a la derecha alternativa francesa, representada principalmente por esta organización, la podemos tildar de social-patriota. Esta diferente subclasificación obedece en parte al hecho de que EE.UU. y Francia tienen distintas trayectorias histórico-jurídicas. Por un lado, el liberalismo protestante está presente en el conjunto del Partido Republicano e incluso en parte del discurso económico de los trumpistas, que son los menos liberales de esa formación; por otro, la amplia tradición estatista de Francia más la fuerte eclosión del Estado del Bienestar en Europa occidental a partir de la II GM han influido notablemente en el discurso ideológico de los lepenianos.

En vista de toda esta información, podemos concluir que el calificativo de “extrema derecha” -lo mismo ocurre muchas veces al calificar a organizaciones fuertemente igualitaristas de “izquierda radical”- es malintencionado y equívoco en muchas ocasiones. Ello obedece al desconocimiento, por parte de muchos sujetos, del programa de las candidaturas que son críticas con el “establishment” o extremistas en algunos puntos. Asimismo, los intereses económicos y políticos más la exposición de pasiones en contra de estos partidos suelen conllevar definiciones imprecisas de su ideología y programa.  

 

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