Para la Casa Real española se acabó el silencio, el ostracismo y el oscurantismo

La infanta Cristina, junto a Iñaki Urdangarin.
La infanta Cristina, junto a Iñaki Urdangarin.
Leemos en la prensa que la infanta Cristina se siente objeto de una persecución inquisitorial y que advierte al juez de que tenga cuidado para impedir una condena provisional. Atentos al análisis.
Para la Casa Real española se acabó el silencio, el ostracismo y el oscurantismo

 

Leemos en la prensa que la infanta Cristina se siente objeto de una persecución inquisitorial y que advierte al juez de que tenga cuidado para impedir una condena provisional.

Así se las gasta la Monarquía. Esa señora que tenía el 50% de los negocios con Urdangarin (es decir la mitad de las ganancias), la misma que trabaja en La Caixa , sí, sí, la que cobraba por ello. La mujer florero de día y contable de noche que trazan unos y describen otros, según vayan con con los de la feria o vengan con los del mercado. ¿Qué hacía una mujer tan inútil trabajando para una caja y siendo infanta de España si no se enteraba de lo que firmaba? O, lo que es lo mismo, si se enteraba porque se le presuponen neuronas, ¿qué hace amenazando a jueces y todo lo que se mueve por delante?

¿Cuando su padre los envió a cruzar el océano fue porque quería alejarla de su vera o premiarla por largarse lejos del curruncho o nido de víboras a punto de dar el picotazo?

¿Tampoco se enteraba la señora de donde salía tantos casoplones, viajes, trapitos, mandangas, mamandurrias y servicio doméstico para que la abanicara a ella y a su balonmanista?

Una de dos: o nos están engañando con la asignación presupuestaría que le corresponde a la Monarquía o aquí hay más gato encerrado que en una gatera.

Todavía no se han enterado de que se acabó lo que se daba. Es decir, el silencio, el ostracismo y el oscurantismo.

Para la Casa Real española se acabó el silencio, el ostracismo y el oscurantismo
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