La Palma 2021: una ocasión para que irrumpa lo principal

Entra en erupción el volcán en La Palma. / ABIÁN SAN GIL HERNÁNDEZ / eldiario.es
Entra en erupción el volcán en La Palma. / ABIÁN SAN GIL HERNÁNDEZ / eldiario.es

Fenómenos volcánicos como los de estos días en Canarias y Sicilia –tan cercanos a nuestras vidas- pueden ser muy educadores.

 

La Palma 2021: una ocasión para que irrumpa lo principal

Lo primero que han dicho la mayoría de noticiarios, en redes, papel y TV, ha sido que era algo “histórico, y sin duda lo es por no habitual; no lo es, sin embargo, en otro sentido que también tiene ese término, al menos en la función que suele asignársele para justificar la presencia de la Historia en el currículo obligatorio que deben estudiar nuestros adolescentes. Lo “histórico” que quiere transmitir la cultura escolar alude, casi siempre, a un conjunto de informaciones del pasado, supuestamente relevantes para darnos cierta unidad como colectivo social; por ello su modo de transmisión, sobre todo en los libros de texto, tiende a ser  a menudo, ejemplarizante. Caben, de todos modos, diversos modos de entender la tan invocada ejemplaridad de la Historia –magistra vitae, que decía Cicerón- y existen diversos modos de aceptar esas lecciones,  en que suele ser preferible la crítica si es fruto de la investigación, aunque sea irreverente con los tópicos admitidos.

Como en todo relato de algún acontecimiento, en los propios de la Historia y la Memoria bien está que sean variados; es imposible que no lo sean; cada lector debe ser capaz, por tanto, de valorar cuál sea fruto razonable de la reflexión, como suele serlo a diario ante el que habla, escribe, cuenta o explica algo a los demás, un campo minado en que abundan intereses y prejuicios previos.

En este sentido, lo más “histórico” que arrastró la erupción volcánica de La Palma saltó casi de inmediato. Cuando ya llevamos tres días de lava avanzando inmisericorde hacia donde la lleve la ley de la gravedad, ha rechinado la primera declaración de la ministra del ramo sugiriendo, en su pretensión de quitar hierro al desastre, que, al estilo de Finlandia, se podía sacar provecho turístico al fenómeno. Y también han sobrevolado este acontecimiento natural algunas mentes acostumbradas a juzgarlo todo desde una supuesta cultura piadosa, que han visto propicia la ocasión para exigir a convecinos, amigos y devotos de Twitter o WhatsApp letanías que propicien la bonanza frente al fenómeno volcánico y -sobre todo- contra comportamientos morales  que, en su visión apocalíptica, consideran causantes de cuanto mal hay en la Tierra. Lo uno y lo otro, la turistificación de lo que para más de 5.000 canarios afectados ya es un drama, y la obsesión de tantos predicadores atosigados por sus credulidades, sirven de poco o de nada al vivir digno de los humanos: esta sí es la Historia de un fenómeno tan “histórico”

En vez de tantos egoísmos imploradores de milagros -que trastoquen las leyes de la existencia- sería más provechoso llevar la preocupación ciudadana al respeto por el conocimiento y, por tanto, a la cultura valiosa que, para todos, debe dar cauce el sistema educativo. Tal vez sea un momento propicio para darle vueltas a las funciones que deba tener el derecho reconocido en el art. 27 de la CE78, de modo que sea capaz de desarrollar las capacidades y aspiraciones de los ciudadanos en el desarrollo de su personalidad, y que, a su vez, sea un instrumento eficaz para una convivencia respetuosa con la libertad y derechos de todos y todas,  comprometido en no dejar a nadie excluido. Ahora que inicia su andadura la enésima ley orgánica del sistema escolar –la LOMLOE-, tanto los partidarios de la misma como los que entiendan que es un desastre, harían bien en repensar juntos esos dos aspectos cruciales. En caso contrario, seguiremos luciendo “gloriosas” alternancias legislativas mientras los problemas que arrastra de lejos se irán agudizando más hasta estallar como el volcán de La Palma; por ahora,  la cantidad de parecidos que hay entre no ocuparse en serio del sistema educativo para que tenga verdadera utilidad a todos -más allá del certificado de escolaridad-, y lo que acontece con la renovación del Consejo General del Poder general es asombrosa. Y aquí estamos los ciudadanos, mirando como turistas, sin ver solución a la vista, mientras la credibilidad institucional amenaza con resquebrajarse.

Amenazas y milagros

En lo que atañe al sistema educativo público, la gran amenaza actual proviene de su milagrera privatización; se pugna fuerte por que, de ser un derecho constitucional, se convierta en un servicio individual a la carta, similar a cuando vamos de compras al supermercado. Quien quiera tener educación, tendrá una gama de productos disponibles, acorde con su presupuesto económico;  y mientras, el Estado –particularmente en lo que toca  actualmente a algunas Autonomías- se inclina hacia ese camino de manera decidida; en algunas de ellas, entre recortes de lo público, añoranzas de las directrices de la LOMCE y acomodos a las directrices que le marcan los lobbys de la Privada, lo tienen claro. Por eso el inicio de este curso está indicando, mejor que nunca, las querencias de cada uno ante los desacoples que la Covid-19 ha mostrado inmisericorde.

Viene ahora a coincidir con dos hechos recientes.  Por un lado, la distribución de los recursos europeos para aspectos educativos que puedan ayudar a recuperar el tono económico cuando nos adentramos en los cambios ineludibles de la sostenibilidad que requieren las circunstancias globales de nuestro Planeta. Esos millones de euros –que en algunas autonomías tropiezan con diseños políticos propicios siempre a los recortes en el territorio de la enseñanza pública, parecen haber sido ya olisqueados por quienes, desde Fondos de Inversión extranjeros, han adivinado que la expectativa de remodelar a fondo la Formación Profesional es un buen camino para atender las necesidades de capacitación que pueda tener ese amplio porcentaje de “ninis” actuales que ni estudian ni trabajan. Algunos sindicatos de profesores lo han olido y reclaman otras actitudes más democráticas.

La educación que queremos es el mejor indicador del país que queremos ser. Es repetitivo decirlo, pero si fallamos en esto, además del descrédito en que nos sumen las mil ocurrencias inconsistentes que surgen cada día, y las trifulcas en que quienes las proponen quieren que nos enzarcemos, podemos acabar siendo un país insoportable.  Como lo sería lo que está pasando en La Palma si no tuviésemos disponibilidad de recursos para atender a los miles de afectados: el desastre sería infinitamente mayor. @mundiario

La Palma 2021: una ocasión para que irrumpa lo principal
Comentarios