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MUNDIARIO

Pabo Iglesias ha puesto rumbo a Troya

España, por lo menos alguna España, oye, está tan pendiente de detener la pandemia del mortífero Covid-19 y el catastrófico tsunami económico-social que predicen los sensores sísmicos, que quizá llegue tarde para detener la trampa del “caballo de Troya” que puede estar tejiendo, sin prisa pero sin pausa, Pablo Iglesias.

 

Pabo Iglesias ha puesto rumbo a Troya
Pablo Iglesias cierra los ojos al abrazar a Pedro Sánchez. / Imagen de archivo / Mundiario
Pablo Iglesias cierra los ojos al abrazar a Pedro Sánchez. / Imagen de archivo / Mundiario

No debe ser solo el jardín, Pablo. Ni que hayas logrado mudarte al barrio de alegría en tan pocos intentos, habiendo dejado pasar tan pocos tranvías, mientras algún exvecino tuyo, de alguna calle melancolía de Vallecas, se sienta en la escalera de otro número 7 a silbar la melodía que popularizó Joaquín Sabina. No debe ser solo que te hayas cambiado de chaqueta, de la sudadera al blazer, de sentarte en la bancada roja a sentarte en la bancada azul, de apretar en La Tuerka a “aflojar” en Televisión Española, de clamar por el asalto a los cielos a disfrazarte de cordero para evitar que el coGobierno se hunda en los infiernos.

Si detrás del chalé, del blazer, del cum laude en el 15-J capaz de asumir tanta autohumillación pública y publicada, del grotesco ventrílocuo que hace hablar a ese muñeco que, por cierto, se parece tanto a ti, oye, al que llamamos Vicepresidente Social, no hay trampa ni cartón, pensaré que solo has sido un escalador social, un cínico e insignificante profesor que soñaba de mayor con paladear el discreto encanto de la burguesía o un tonto inútil, con suerte y consorte, je, que pasaba por aquí en una España emparedada entre la conjura de los necios y la conjura de los virus.

Ya sé, ya sé que parece imposible que con tu larga cabellera no puedas tener más de un pelo de tonto. Y eso debe ser lo que ha deducido Pedro Sánchez, ese señor al que le duele la cara de ser tan guapo, tan alto, tan listo, que ha aceptado el reto de arriesgarse a dormir tranquilo por las noches mientras tu fantasmagórica figura arrastra las inquietantes cadenas en los Consejos de Ministros, en las páginas del BOE y por los corredores de La Moncloa. Claro, un tipo como él, que le ha dado jaque mate a la reina socialista de Andalucía, que se ha comido una a una las figuras de los decepcionantes y decepcionados barones autonómicos, que le ha hecho talmente la cobra a Felipe, esa especie de rey emérito del PSOE que pretenden que se desvanezca en la historia, y que puede exclamar estos días de confinación y de cosa: ¡L´etat çe moi!, como el Rey Sol y De Gaulle, debe estar pasándose la cuarentena en Palacio musitándose a sí mismo con desdeño: ¿que puede hace un chico como tu, Pablo, en un Olimpo de izquierdas como este?

Eso digo yo, que a diferencia de Pedro, y desafiando el cálculo de probabilidades capilares, repaso el ajedrez y la historia estos meses que estamos viviendo peligrosamente. ¿Qué puedes estar urdiendo en tu Fort Apache, mientras los salvajes Coronavirus cercan al Séptimo de Caballería del generalísimo Pedro Custer? ¿Otro caballo de Troya, quizá? ¿Una falsa retirada ideológica de Unidas Podemos (constitucionalismo, oprobiosos pactos de La Moncloa, adhesiones inquebrantables de Echenique: ¡contigo hasta la muerte Pedro!)

Así cayó Troya, oye. El astuto Ulises ofreció un regalo envenenado, el soberbio Príamo lo aceptó como símbolo de victoria y la Odisea permitió al artero personaje de Homero alcanzar su Ítaca. Republicana, por supuesto. Totalitaria, naturalmente. Tropezando otra vez con la misma piedra de un Tirano Banderas. @mundiario