Pablo Iglesias será ateo, pero no es tonto: ¡la fe on line mueve montañas!

Pablo Iglesias, tras su proclamación como líder de Podemos. / Agustín Catalán en El Periódico de Catalunya

Podemos utiliza las dos piedras angulares de la deslumbrante e imperecedera campaña de comunicación del genuino Mesías Prometido: la fe y el “retwitteado” masivo de ¡creced y multiplicaos!

Podemos utiliza las dos piedras angulares de la deslumbrante e imperecedera campaña de comunicación del genuino Mesías Prometido: la fe y el “retwitteado” masivo de ¡creced y multiplicaos!

¡Fíjate la que montó un tal Jesús de Nazaret con su melena, sus Sermones de la Montaña, una docena de discípulos, un selecto núcleo duro de evangelistas, un supuesto milagro de los panes y los peces y demás sesiones de psicosis colectiva que iban convenciendo al personal de que los ciegos podrían ver, los cojos podrían andar e incluso los muertos podrían resucitar!

Salvo la goma para recogerse el pelo, los tuits para difundir la vida y milagros del Maestro en décimas de segundo, la tele para soltar sermones y consolar con “bienaventuranzas” a millones de seres humanos al mismo tiempo y, un grupo de eruditos apóstoles, Monedero, Errejón, gente así, reconvertidos en pescadores de votos, en contraste con aquel grupo de ignorantes marineros de Galilea reconvertidos en pescadores de hombres, no detecta un servidor muchas diferencias, la verdad, entre aquel genuino “Nazareno” que cambió el mundo y esta réplica de “Vallecano” que sólo pretende cambiar España. De momento, claro.

Una Internacional de indignados

Porque, no nos engañemos, el problema con los Salvadores dotados de piquitos de oro es que al principio son verbo florido, después se hacen carne y habitan entre sus respectivos pueblos elegidos, ¡oh los pobres, indefensos, desesperados mortales!, y, al final, acaban siempre intentado exportar sus distintas y distantes revoluciones allende sus fronteras. Hitler, sin ir más lejos, nos quiso hacer a todos arios, Stalin a todos comunistas, Tomas Newcomen, el padre de La Revolución Industrial, a todos esclavos en cadena, sin cadenas, claro, Adam Smith a todos capitalistas, je, a algunos en cash y la mayoría a crédito, Jesús a todos cristianos y Pablo Iglesias, una réplica actualizada 21 siglos después, a todos en miembros de una nueva Internacional de indignados.

Ustedes son muy libres de pensar que Podemos ha iniciado la casa por el tejado inaugurando su aventura electoral en los escaños del Parlamento Europeo. Pero su voz ya clama en el desierto de Bruselas y Estrasburgo, ha puesto cachonda a la prensa continental y el otro día hizo una aparición triunfal en Lisboa, aprovechando que las aguas turbulentas de la indignación bajaban arrastradas por el Tajo y desembocaban en un juzgado donde, José Sócrates, significado y paradigmático representante de la Euro Casta, se convertía en la primera pieza de caza mayor de una especie protegida por las siglas de las siglos.

La fe mueve montañas: ¡creced y multiplicaos!

Que este hombre va a por todas, que os lo tengo dicho. Que como buen ateo de esos con mucho pelo, pero prácticamente ninguno de tonto, se ha estudiado a fondo la palabra de aquel hipotético hijo impostor de un hipotético Dios de pega que, sin embargo, estableció las dos claves fundamentales que prevalecen en el tiempo como paradigmas de los movimientos mesiánicos:

1.- Que la fe, que consiste en creer lo que no se ve, mueve montañas.
2.- Y que si el célebre latiguillo “creced y multiplicaos” ha conseguido mil millones de militantes en 21 siglos, a partir de aquellos medios de difusión rudimentarios, ¿dónde están los límites de “evangelización” utilizando la vertiginosa e incontrolable velocidad del ADSL?

 

El viejo método del Mesías Prometido es que resulta infalible, oye. Desde que aquel hijo de un carpintero vino al mundo en un humilde pesebre y acabó liándola parda en la historia, las diferentes y sucesivas castas de escribas y fariseos, con sus viejos y anticuados Testamentos, tiemblan ante cualquier indicio de predicador de nuevos Testamentos. Los escribas y fariseos españoles, sin ir más lejos, en sus sinagogas del PP, del PSOE, de IU, de CIU, del PNV, de todos los templos donde se practica el culto rancio y ortodoxo del sistema ¿democrático? de partidos, padecen el baile de San Vito desde que apareció en escena el hijo de un inspector de trabajo y una abogada laboralista. Ya sé, ya sé que la pretenciosa Bruselas todavía se lava las manos ante el insignificante Vallecano, como in illo témpore la prepotente Roma se lavó las manos ante el insignificante Nazareno. Pero luego, verás, se asienta el mercadismo, el comunismo, el Mc Artismo, el populismo, el independentismo, el nazismo, el chinismo, el yihadismo, el castrismo, el franquismo, el Teapartismo, el anarquismo, el holiganismo, el confesionalismo, todos esos “ismos” capaces de generar la imprevisible raza humana y, a los Jefes de Estado y Primeros Ministros de ahora, que vienen siendo el equivalente a aquellos césares de antes al borde de la caída del Imperio Romano, se les queda esa cara de gilipollas que contemplamos cuando un Ébola, ¡tantos ébolas!, les pilla con el culo y la democracia al aire.

El más allá, el más acá y la expulsión de mercaderes de los templos

Cierto es, señores del jurado, que el mesías Nazareno prometía el paraíso en el más allá, del que llevamos un horror esperando noticias, y el mesías Vallecano tiene el hándicap de que promete el paraíso en el más acá, del que tendremos noticias en menos que cante un gallo o agonice una hipotética legislatura de esas que se vislumbran en las encuestas del CIS o Metroscopia. Pero hay una cosa en común que pone muy cachondo, en cualquier época de la historia, al personal abrumado por una crisis, invadido por una Roma o un Berlín, ordeñado por recaudadores de un imperio o chupatintas de una Agencia Tributaria y con un presente intentando aguantar en las colas de león del paro y un futuro aspirando a compartir cabezas de ratón sin techo: los dos, con 21 siglos de diferencia, han cogido el látigo real, verbal o digital con claras intenciones de expulsar a los mercaderes de todos los templos: aquellos de Jerusalén; estos otros del IBEX 35, de los Olimpos políticos, de los sanedrines financieros, de los sepulcros blanqueados mediáticos, de los Judas culturales, del Forbes y la cosa ¡Y eso mola, tío! Crea un huevo de seguidores, aunque a mucha distancia del trascendente vídeo de “Gangnam Style“, con el que el mega-mesías on line coreano se ha metido en el bolsillo a más de dos mil millones de almas.

¡Con los Iglesias hemos topado, amigo Sánchez…!

Pero bueno, a lo que íbamos. Es curioso ese fenómeno sociológico que se ha producido siempre en las iglesias y en los últimos tiempos con los Iglesias, oye. Se sube un tipo a un púlpito o a una nube de internet y exclama: ¡palabra de Dios!, y el incrédulo, desconfiado y pasota personal, de vuelta de casi todo, contesta a coro: ¡te alabamos, Señor…! Con la que está cayendo, no me negarán ustedes que seguir creyendo a pies juntillas en la palabra de Dios y empezar a creer en la palabra de Pablo Iglesias, parole, parole, parole, es un inaudito, extraordinario y milagroso acto de fe.

Ya avisó alguno de los Quijotes bastardos que se le atribuyen a Cervantes que, España, es ese país condenado a toparse siempre con la Iglesia, con los Iglesias, amigo Sancho, amigo Sánchez…Por fin encuentro una explicación al indescifrable enigma de que, aquel otro Iglesias, Julio, se inflase a vender LPs urbi et orbi.