Buscar

MUNDIARIO

Pablo Iglesias pudo haber condenado a su partido con su amenaza a Sánchez

La desesperación del líder morado le jugó en contra y sus palabras del martes le condicionan todavía más si llegan a haber segundas elecciones por el bloqueo.

Pablo Iglesias pudo haber condenado a su partido con su amenaza a Sánchez
Pablo Iglesias, líder de Podemos. / Twitter
Pablo Iglesias, líder de Podemos. / Twitter

Firma

Héctor Antonio Morales

Héctor Antonio Morales

El autor, HÉCTOR ANTONIO MORALES, es colaborador de MUNDIARIO. Se formó en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala. @mundiario

Pablo Iglesias ha decidido sacar las garras ante la imbatibilidad de Pedro Sánchez. El líder de Unidas Podemos dijo en pocas palabras al presidente de Gobierno que si no se adaptaba a lo que le pedía, botaría su investidura y forzaría unas nuevas elecciones. La advertencia podría haber sido una muestra de carácter y decisión, pero parece que al líder morado le ha podido –nuevamente- su ambición y podría haber iniciado el proceso de eutanasia a su agrupación.

Iglesias sabe bien que tiene complicado ingresar al nuevo Gobierno, toda vez Sánchez está ensimismado en gobernar en solitario y que su partido nunca ha convencido al 100% a casi nadie con su discurso de Robin Hood. Sin mayor margen de maniobra y debilitado tras el paso en las urnas del 28 de abril y el 26 de mayo, a Iglesias no se le ocurrió mejor idea para ganarse algo de simpatías entre los votantes que sacar la carta de un nuevo bloqueo institucional, casi como si no hubiera aprendido la lección de 2016, cuando su propio partido se aprovechó del bajón del Partido Popular y el PSOE tras llamar a unos segundos comicios.  En cuatro años, la vida lo ha puesto del otro lado y cometió la peor imprudencia posible, pues se echó a sus hombros la responsabilidad de que el país tuviera Gobierno nuevo cuanto antes.

Es cierto que Sánchez tiene su porción de culpa por llevar al límite su inexplicable idea de armar fiesta en La Moncloa sin ayuda de nadie, pero es que Iglesias vino y sin miramientos le puso el cuchillo en el cuello pese a que se sabe sin la legitimidad necesaria para hacerlo luego de haber perdido algo más de 30 diputados en apenas cuatro años. En plena crisis institucional y con una cada vez mayor rebelión interna, el líder del partido emergente no supo en qué momento disparar la bala que ha puesto contra la pared a la izquierda y especialmente a él.

¿Por qué no esperó, por ejemplo, a que Sánchez terminara de extender su plan de Gobierno de cooperación? ¿Por qué no esperar a exhibir ante los españoles que la idea del presidente era simplemente absurda e innecesaria? Una vez puesto al presidente como el insensato de la película, podría haber disparado, ahora sí, la bala más peligrosa de todas y salir a decir que era lo único que le quedaba. Pero no, su desesperación y ambición le han vuelto a ganar a su prudencia y hoy por hoy no solo no entrará al Gobierno, sino que encima deja sonrojad a la izquierda y, rematando todo, el bloqueo que amenazó en el Congreso desembocaría inevitablemente en unas elecciones que le volverán a castigar. Iglesias ha metido las dos patas, los dos brazos y hasta la cabeza. @mundiario