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Pablo Casado y Albert Rivera cambian los argumentos después del 2-D

Después de la cita del 2 de diciembre, estamos asistiendo a un conjunto de afirmaciones que arruinan los argumentos preferidos manejados desde hace tiempo por dirigentes del PP y de C's.

Pablo Casado y Albert Rivera cambian los argumentos después del 2-D
Pablo Casado y Albert Rivera.
Pablo Casado y Albert Rivera.

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Suso Veiga

Suso Veiga

El autor, SUSO VEIGA, es profesor de la Facultad de Económicas de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). Portavoz económico del BNG en el Parlamento de Galicia entre 1993 y 2005. Asesor del Gabinete de la Vicepresidencia de la Xunta de Galicia desde setiembre de 2005 hasta abril de 2009. Columnista político de MUNDIARIO. @mundiario

Los resultados de las recientes elecciones en Andalucía pueden merecer distintos análisis, dependiendo del criterio utilizado para realizarlos. Las urnas dejaron constancia de varios fenómenos:merma muy fuerte en el apoyo al PSOE, pérdida significativa de votos por parte del PP, crecimiento relevante experimentado por C's, nueva demostración de que la unión electoral de Podemos e IU no suma las cifras obtenidas anteriormente por separado y por último -pero no lo menos importante- la entrada de VOX en el Parlamento con una sorprendente docena de escaños.

Existen, obviamente, diversos factores explicativos -de ámbito internacional (subida de la derecha xenófoba en la UE, en los USA y en Brasil); del contexto estatal (estrategia dominante de máxima beligerancia en el tratamiento del conflicto catalán) y de la propia realidad andaluza (hegemonía continuada del PSOE asociada a prácticas de corrupción)- cuyo respectivo peso específico deberá ser establecido a partir de los estudios demoscópicos que se registrarán en las próximas semanas.

En cualquier caso, después de la cita del 2 de diciembre, estamos asistiendo a un conjunto de afirmaciones que arruinan los argumentos preferidos manejados desde hace tiempo por los dirigentes del PP y de C's.

He aquí algunas de las revisiones más escandalosas

Hasta ahora, para esas formaciones políticas, ganaba las elecciones quien obtenía el mayor número de votos aunque no hubiese tenido asegurada la mayoría parlamentaria para formar gobierno. Por tanto, descalificaban como “pacto de perdedores” aquellos acuerdos de gobernabilidad entre grupos que juntaban sus escaños para tal objetivo. Demonizaban esas prácticas como supuesta transgresión de la voluntad mayoritaria del cuerpo electoral porque elaboraban una equivalencia falaz. En esta ocasión, el discurso varía sustancialmente:a pesar de que el PSOE de Susana Díaz fue el más votado ya no dicen que “ganó” y defienden la necesidad de un pacto entre PP, C's y Vox para conseguir la presidencia de Andalucía.

Pedro Sánchez fue crucificado en el circo mediático por aceptar los votos de los grupos independentistas de Catalunya y de Bildu (a pesar de que no fueron consecuencia de un acuerdo explícito y público) en la moción de censura que derribó a Mariano Rajoy. Casado y Rivera mantienen, ahora, que resulta plenamente democrático recibir el apoyo parlamentario de Vox. Lo que entonces era una prueba de la llegada ilegítima de Sánchez a la Moncloa es, hoy, un acto normal en cualquier sistema democrático.

Para completar la deliberada perversión del lenguaje, Pablo Casado y Albert Rivera postulan el necesario acoplamiento del “centro derecha” para hegemonizar la vida política de Andalucía. Denominar con esa etiqueta a Vox, además de representar un insulto a la inteligencia de la opinión pública, forma parte de una obscena operación de blanqueo y banalización de las propuestas que formulan estos admiradores de Marine Le Pen y de Salvini. @mundiario