¿Optimismo presupuestario?

Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda.
Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda. / RR SS.

El optimismo calculado de Montoro para las cuentas públicas de 2018 puede sostenerse aún a sabiendas de que no se alcanzará la recaudación prevista, porque es probable que tampoco se ejecuten muchas de las partidas de gasto.

¿Optimismo presupuestario?

Es habitual por el mes de septiembre comenzar a desgranar las partidas presupuestarias que recoge la propuesta de presupuesto del ejecutivo. Esta vez, al igual que el año pasado, toca hacerlo en primavera, pues la tensión política catalana y la falta de apoyos suficientes a las cuentas del gobierno han servido de excusa para tan amplio retraso.

La tensión política catalana y la falta de apoyos suficientes a las cuentas del gobierno han servido de excusa para tan amplio retraso

Los ministros de Economía –en su vertiente técnica– y Hacienda –con un perfil más político– presentaron unas cuentas en las que se prevé un crecimiento económico del 2,7% para el 2018. Esta estimación, que parece prudente, ha de hacer compatible el reto de conjugar la lista anunciada de medidas expansivas de gasto, con la reducción del déficit público. El ministro de Hacienda tiene capacidad suficiente para hacerlo cuadrar, siempre y cuando el gobierno sea capaz de superar el escollo político de un PNV que, a priori, dice no apoyar el proyecto hasta que no se levante el 155 en Cataluña.

La estimación de ingresos que presentó el titular de Hacienda semeja alcanzar un récord recaudatorio basado, principalmente, en un crecimiento sustancial de los recursos allegados por el IRPF, IVA e IIEE, además del Impuesto de Patrimonio, cuya caducidad estaba prevista en 2012, pero parece que finalmente se prorroga un ejercicio más. Sigue la asignatura pendiente de recuperar ingresos por la vía del Impuesto de Sociedades, que se prevé supere tímidamente los 24.000 millones de euros frente a la optimista recaudación de IRPF por encima de los 82.000 millones. Digo optimista porque, al igual que sucedió con las cuentas del ejercicio 2017 con el IVA, los ingresos están sobreestimados, esta vez por el lado del IRPF. Es evidente que con el crecimiento previsto se generan más empleos –casi 500.000–, pero insuficientes para aportar una recaudación un 6,5% superior a la del año pasado.

A falta de una explicación más a fondo de los objetivos del presupuesto, el artilugio parece haberse convertido en un arma electoral, más que en un instrumento de política económica. La subida salarial del 1,75% para los funcionarios, el aumento de las pensiones más bajas por encima del IPC, la equiparación salarial para las fuerzas y cuerpos de seguridad  o guiños como la rebaja del IVA  al cine son medidas de gasto expansivas, bienvenidas después de la década perdida, pero insuficientes para un proyecto ambicioso que debiera aportar un enfoque de crecimiento estructural.  

La legislatura está en su ecuador y no se ha arrancado todavía ninguno de los acuerdos esenciales que marcarán el futuro, ni se ha avanzado en el nuevo sistema de financiación autonómica, ni en la reforma de la seguridad social , ni se aprecia un programa ambicioso de reducción de la desigualdad, además de seguir ausente la recuperación de la inversión pública así como una apuesta clara y definida sobre la I+D+i  en España.

A falta de una explicación más a fondo de los objetivos del presupuesto, el artilugio parece haberse convertido en un arma electoral, más que en un instrumento de política económica.

Se perpetúa la estrategia fiscal del gobierno alrededor de unos ingresos que permanecen anclados en el 38% del PIB, cuando debiera mudarse para tratar de aproximarlos a la media de la zona euro, en el 46%, en un contexto en el que, tras varios ejercicios seguidos de rigor en las cuentas y de ajuste fiscal, España sigue siendo uno de los países con mayor déficit público dentro de la UE y, sobre todo, uno de los que acumula una mayor deuda pública. O se afronta una reforma fiscal en profundidad que cambie este resultado o difícilmente se podrá atender a las exigencias de reducción paulatina de la deuda pública.

En fin, el optimismo calculado de Montoro para las cuentas públicas de 2018 puede sostenerse aún a sabiendas de que no se alcanzará la recaudación prevista, porque es probable que tampoco se ejecuten muchas de las partidas de gasto. No hemos de olvidar que, a pesar de ser un proyecto anual, su ejecución será, en el mejor de los casos, semestral. Así es más fácil cuadrarlo. En todo caso, primero hay que aprobarlo, veremos. @mundiario

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