Oportunidades perdidas por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez.
El fracaso de las negociaciones retrasó la eventual apertura de un proceso de diálogo constructivo respecto del conflicto que se vive en Cataluña.
Oportunidades perdidas por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Se afirma, habitualmente, que los fracasos constituyen una fuente relevante de aprendizaje para las personas y para los grupos organizados. Lo sucedido en el escenario político estatal a partir de las elecciones del pasado 28 de abril podría ser analizado como un caso práctico insertado en esa afirmación.

La no consecución de un acuerdo de gobierno -bajo la fórmula de un Ejecutivo de coalición o mediante el formato de un pacto de legislatura- entre PSOE y Unidas Podemos (UP) fue consecuencia, obviamente, de una divergencia entre ambas formaciones políticas. No tanto por la profundidad de las diferencias programáticas como por las características de las herramientas que deberían traducir la entidad del acuerdo (gobierno compartido o no y, en su caso, peso relativo de cada socio).

El tiempo transcurrido desde el 28-A permite concluir que los protagonistas no consideraron la importancia de algunas de las oportunidades que perdieron por mor de dicho desacuerdo. Pedro Sánchez podría pasar a la historia como el primer presidente de un gobierno bipartito desde 1977 y -lo que resultaría más trascendente- como ejemplo de la viabilidad -en la UE actual- de una fórmula de convergencia entre la socialdemocracia tradicional y otras fuerzas ubicadas más a la izquierda. Al margen de la experiencia vivida en Grecia con Syriza y en el vecino Portugal -Ejecutivo del PSP sustentado en el Parlamento por el Bloco y el PCP- el Estado español podría haber sido un espejo para otras sociedades que, mayoritariamente, desconfían, por el momento, de las alternativas críticas con las lógicas dominantes en los Estados más poderosos del club europeo.

Pablo Iglesias desaprovechó la ocasión para ganar una mayor reputación e influencia en el ámbito del electorado socialista. Después de aceptar el veto antidemocrático contra su persona y constatar el arbitrario cambio de criterio protagonizado por Sánchez entre Julio y Septiembre, el dirigente de UP podía optar por un apoyo crítico a la investidura que habría impedido la repetición electoral. Semejante decisión le proporcionaría una mayor credibilidad y simpatía entre aquellos sectores sociales que asistieron con malestar al espectáculo de división registrado en los últimos meses.

Por último -pero no lo menos importante- el fracaso de las negociaciones retrasó la eventual apertura de un proceso de diálogo constructivo respecto del conflicto que se vive en Cataluña. No se trataba, ciertamente, de crear falsas expectativas de solución inmediata a un grave problema que requerirá, seguramente, un período largo de acercamiento y negociación. La cuestión era -y sigue siendo- romper con un estancamiento destructivo en un asunto que, a diferencia de lo que ocurre en el territorio de la economía, deberá ser gestionado prioritariamente en el interior del Estado español. Para tomar medidas de política económica es sabido que Bruselas y Berlín -por no hablar de Washington y Pekin- resultan muy determinantes. Para salir del laberinto catalán, habrá que encontrar y promover iniciativas en el ámbito del Estado porque en el exterior parece que no están por la labor.

Para aprender de los fracasos, es precisa una condición básica: ser capaces de ejercer la reflexión autocrítica sobre los propios comportamientos. Por ahora no se percibe esta voluntad en la calle Ferraz y tampoco en la sede de UP. @mundiario

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