¿El cartel de Patria blanquea a la banda terrorista?

Foro G. Lucio y Cartel de Serie Patria
Una foto de guardias civiles, de G. Lucio, y el cartel de Patria.
La autora de Ensayo sociológico de la novela Patria repasa sus claves históricas y considera que se falsean para el blanqueamiento de ETA y sus cómplices.
¿El cartel de Patria blanquea a la banda terrorista?

¿Hay una campaña de blanqueamiento de ETA y sus cómplices? La poderosa compañía HBO publicitaba la serie con un polémico cartel y una frase más que dudosa "Todos formamos parte de esta historia". La serie, adaptación de la novela Patria en 8 episodios, en ningún momento había comunicado su intención de alterar o “corregir” el relato de la misma. Esto ya habría supuesto un nuevo escarnio para los familiares de las víctimas que han tenido que soportar estos años oír hasta la saciedad que la novela contaba “la auténtica verdad del conflicto”, cuando no era así en absoluto. El cartel diseñado hiere más – si cabe– al colectivo. Y sobre todo, la gran difusión que tendría a través de la televisión el relato de Aramburu. En el cartel se ve a una mujer llorando abrazando un hombre asesinado en un atentado de ETA, y en la otra mitad a un hombre desnudo en el suelo (supuestamente un terrorista de ETA torturado por Policías). Una elección de imagen que aventura lo peor sobre el desarrollo de la serie.

El autor del libro, Fernando Aramburu, aunque en las últimas horas se ha desvinculado del cartel, lo cierto es que cuando salió colgó en su twitter personal, con cierto regordeo, una imagen del cartel en gigantes dimensiones. Para más inri, colocado en la plaza del Callao, en Madrid donde sucedió  uno de los muchos atentados de ETA. Algo que indicaría que esta reciente “desvinculación” se debería más a la polémica que a su sentimiento personal. Por otro lado, se ha pedido en las redes el boicot a HBO en acto de repulsa. 

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Foto difundida por Aramburu en su twitter personal.

Patria, un éxito sin precedentes

Pocos productos literarios han tenido tanto impacto como la obra de Aramburu titulada Patria, publicada en 2017. Superó las treinta ediciones y ganó premios como el Premio Nacional de Narrativa, cuyo jurado daba a la obra un carácter sociohistórico. La novela de ficción, transmutaba en documento histórico y así se ha publicitado, vendido y premiado.

Paradójicamente, una investigación superficial de los hechos y su fácil contraste en hemeroteca y bibliografía, niega en rotundo este carácter histórico. Omite datos claves, y pretende dar globalidad a una historia puntual. Una omisión de información crucial, en la que no aparecen determinados ámbitos cómplices y responsables del conflicto, y lo más significativo: no sólo la ausencia de los principales colectivos de víctimas, sino su aparición como verdugos. Un falseamiento de la realidad, especialmente dañino tanto desde el punto de vista histórico, como desde el punto de vista moral. Por todo ello, de especial gravedad ha sido el impacto mediático y comercial de la novela en sectores que habitualmente no leen ensayo histórico.  Algo que aumentará exponencialmente en su pase televisivo. "Lo que contamos es que la violencia destruye todo y a todos: al que la ejerce y al que la sufre", ha comentado el director de la película. Algo que pondría en el mismo plano a terroristas y víctimas como apunta el cartel.

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Entierro de guardias civiles.

Se cuenta una parte como si fuera "el todo"

En las decenas de críticas sobre la obra encontramos afirmaciones tales como “Por fin se dice la verdad” (El País), “Es el gran fresco histórico de la Euzkadi del conflicto” (ABC), “Un relato respetuoso con la verdad de lo ocurrido y con la memoria de las víctimas” (El Mundo) o “Patria va a ser el libro que explique nuestra época a las generaciones futuras” (La Vanguardia).

Pero los “años de plomo” en absoluto se pueden contar solo a través de ese relato sesgado, puntual, y poco representativo. Cuando se presenta un parte por el todo, y se convence a la gente que ese es el todo, hay un engaño claro. ¿Con qué fin? No puede apuntarse otro más que el blanqueamiento de ETA  y sus cómplices. 

La intelectualidad como soporte ideológico de la banda

La ideología es fundamental para la comprensión del surgimiento del terrorismo vasco como de su desarrollo. No sólo su filiación marxista no se aborda (algo recurrente en todos los documentales), sino que, no se produce ni un solo debate ideológico en sus páginas.

Los etarras del libro aparecen como cortos de miras y de ínfimo nivel cultural. Visión que podía tildarse de maniquea que cura en salud al autor contra la ambigúedad de su relato. Pero está dando una información sesgada. Todos los análisis del período corroboran el intenso apoyo de intelectuales como soporte de la banda: profesores universitarios, periodistas y cargos en instituciones en la esfera de la izquierda abertzale que daban respaldo al aparato organizativo, y por lo tanto podrían considerarse cómplices o colaboradores necesarios que deberían estar presentes como agentes necesarios. Omite ese dato clave. ¿Por? 

La ofensa principal: las víctimas

El autor de una obra de ficción es libre de elegir sus protagonistas, pero si pretende (o se le asigna) fidelidad histórica está obligado a ser riguroso. En las coordenadas temporales en las que se desarrolla la obra, se contabilizaron 3.517 atentados y 860 víctimas mortales de ETA. La mayoría no eran vascas y pertenecían a las fuerzas de seguridad del Estado: militares, policías y guardia civiles.

La Guardia Civil fue la más castigada con 230 caídos, seguida de la Policía Nacional con 183 asesinados, 109 militares de todas las graduaciones y 30 policías locales. Junto a ellos 9 jueces, 3 periodistas, 10 funcionarios penitenciarios, 40 políticos. Eran oriundos de diferentes zonas del país, con predominio del Sur de la península.

También hubo 58 empresarios, la mayoría vascos, no nacionalistas y adinerados, muy lejos del perfil de la familia protagonista  (extracción social baja, vascas y euskaldunas) y por lo tanto, una excepción, que no puede ser en absoluto un ejemplo, y a través de ellos no se puede “contar lo que pasó”.

El falseamiento no sólo se centra en la elegir unas víctimas no representativas, sino que cuando aparecen los cuerpos de seguridad, principal colectivo de víctimas, se les dibuja con un perfil de torturadores. Siete páginas describen de forma exhaustiva brutales torturas: golpes, electrodos, asfixias, no como algo excepcional sino como una violencia metódica. Abusos policiales, forenses y jueces aparecen en complot. En este panorama supuestamente real la Policía no es víctima, es verdugo, por lo tanto implícitamente pudiera estar justificado lo que le pasó a sus miembros.

Setién e Ibarretxe

Setién, que negó entierros a las víctimas, e Ibarretxe.

El factor religioso

Todos los estudios bibliográficos de la Guerra Civil española atribuyen a la Iglesia vasca posturas muy controvertidas en relación al nacionalismo. En el franquismo habría tenido un papel destacado en el surgimiento de la banda terrorista. En el desarrollo de los llamados años de plomo, su apoyo al terrorismo fue indiscutible a la luz de los hechos.

En el relato aparece un miembro de la iglesia pero actúa de forma individual. En absoluto aparece el engranaje eclesiástico. Las importantes figuras de monseñor Setién y monseñor Uriarte daban directrices claras a clérigos como la negación del entierro a los asesinados, cesión de los templos a las gestoras pro amnistía, mediación a favor de los presos etarras y la lucha por el acercamiento en las cárceles. También en sus equivalencias entre el dolor de las familias de los asesinados, heridos y secuestrados con el de los familiares de los terroristas presos.

Nada de ello aparece en Patria. El omitir a la jerarquía superior de la iglesia y retratar al sacerdote como un ente autónomo, vuelve a negar el carácter histórico al relato de Aramburu. Omite ese dato clave. ¿Por?

El factor institucional

Aunque la novela no sea un ensayo, para entender la situación, debe marcarse un contexto. En este fresco histórico de la Euzkadi de Patria parece deducirse un autogobierno de los ciudadanos. No aparece el lehendakari ni los delegados del Gobierno ni los diputados ni los alcaldes, ni siquiera los  concejales.

En todo el libro apenas hay dos citas a partidos políticos muy puntuales y ni un solo párrafo dedicado a situar el panorama político que fue crucial para entender el desarrollo, y cierto apoyo a la banda,  con lo que su testimonio histórico vuelve a cojear. Omite ese dato clave. ¿Por?

Valoración orientada

Por ello, todas las valoraciones globales del tipo "Patria es el documento imprescindible para la profundización en el conocimiento del conflicto”, "Si alguien quiere entender lo sucedido, basta con que lea esta novela" y “Patria va a ser un libro que explique nuestra época a las generaciones futuras”, hacen un flaco favor a la realidad de los hechos. Y muy lesivo será que a través de la televisión se difunda esa falsa realidad.

La omisión de factores imprescindibles como el eclesial, intelectual, político y no testimoniar la realidad del colectivo de víctimas, hace que la  fidelidad histórica sea nula y estemos ante un retrato falseado o de una ficción claramente ofensiva y engañosa porque se hace pasar por “la verdad”.

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Cruento atentado contra la Casa Cuartel de Zaragoza.

La serie será un golpe más para los que más sufrieron los llamados años de plomo, que están viendo como algunos filoterroristas entran en las instituciones, que importen tanto las cunetas de la Guerra Civil pero que sigan 300 asesinatos por la banda sin resolver  y que parecen no interesar a nadie, pero que se pidan amnistías y se concedan acercamientos de presos.

Tendrán que  volver a oír lo bien que está esta serie que cuenta “la verdad del terrorismo de esos años” aunque presente a una comunidad sin gobernantes  (no hay políticos por ningún sitio), sin  referencias a las actuaciones fuera del País Vasco (los atentados más sangrientos fueron en Madrid, Barcelona y Zaragoza) , con unos terroristas porque  “iban a su bola” (no aparecen dirigentes de relieve) que eran tan malos que mataban a sus paisanos, (la mayoría de los muertos no eran vascos),  pequeños empresarios de sus pueblos (los empresarios asesinados eran pudientes), donde los etarras son torturados (7 páginas de torturas y ni una sobre los que fueron las principales víctimas)  y donde no había ningún cómplice. Obispado, políticos nacionalistas, profesores, medios de comunicación, ... no existen.

Pero además se dirá que la serie es muy ecuánime porque  "salen los dos bandos", como si se pudiera hablar de bandos entre un grupo asesino y 900 muertos inocentes y  miles de heridos, huérfanos viudas y padres sin hijos. Ah, y que además, al final es una serie muy bonita  porque tiene una hermosa moraleja: hay que perdonar siempre, porque guardar rencor está muy mal. Y que ya está bien... que hay que pasar página.

Por último, la propia frase promocional "Todos somos parte de esta historia" incide en la misma línea porque todos no somos la misma parte de la historia. Unos pusieron los muertos y otros las pistolas y las bombas que llenaron de dolor miles de hogares. Los asesinos de ETA y los que les apoyaron tuvieron en los políticos, intelectuales y la iglesia vasca  sus mejores aliados. Pero lo curioso es que aquí no parece proceder una memoria histórica, y mucho menos que el hablar de las responsabilidades. Y aunque la mayoría están vivitos y coleando, este asunto pasó hace muchos, muchos años y hay que "pasar página". @mundiario

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