La nueva política y su conmovedor “espíritu navideño”

Votar en Navidad. / RRSS
Votar en Navidad. / RRSS

Los españoles de antes soñábamos con poder votar los 365 días del año. Los de ahora, en cambio, con nuestros antecedentes y nuestro colectivo currículum histórico, se indignan ante la eventualidad de ir a votar el día de Navidad.

La nueva política y su conmovedor “espíritu navideño”

El ensordecedor ruido de vestiduras rasgadas se expande por los cuatro puntos cardinales de España. Levantas una piedra, y sale un español o española escandalizado/a ante la eventualidad de unas terceras elecciones. Vas pasando de un canal de televisión a otro, y sale un evangelizador de derechas o de izquierdas anunciando talmente el fin del mundo si los españoles volvemos a los colegios electorales. Sólo falta que el país amanezca, una mañana de estas, invadido de vallas publicitarias convenientemente decoradas a imagen y semejanza de las cajetas de tabaco, ya sabes, con una nueva advertencia de nuestras paternales autoridades sanitarias: “votar perjudica seriamente la salud

Claro, sin encima la amenaza plebiscitaria se cierne sobre un 25 de Diciembre, el personal es que entra en convulsión, como la niña del exorcista, y te da la sensación de que no se está vislumbrando en el horizonte navideño la hermosa posesión del derecho al voto, un hombre/una mujer un voto, sino algo así como una posible y horripilante posesión maligna. Debe ser el diablo, oye, que en vez de vestirse de Prada se ha vestido de Presidente del Gobierno español en funciones, con sus cuernos, con su rabo, con perdón, incluso con un peculiar tridente, Hernando-Floriano-Moragas, y una clandestina mudanza desde el mismísimo infierno al número 13 de la Calle Génova.

La versión española de “La jauría humana”

Hombre, una cosa es que a una gran parte del pueblo se le haya atragantado Rajoy, como a una gran parte de la afición futbolística se le atragantó Piqué y, otra, bien distinta, que hayamos hurgado en los peor de nuestra memoria histórica y hayamos reactualizado un modelo incruento, sibilino y demoledor de nuestra vieja, deplorada y deplorable Inquisición. Aquí, los Torquemada de Podemos y CÍA, de Ciudadanos, del PSOE, de los independentistas, ya no es que quieran enviar a Mariano a casa, a disfrutar de unas vacaciones, como postulan con brillante ironía desde las tribunas, es que quieren enviarlo talmente a la hoguera, oye, como en los viejos tiempos de la superstición y la purificación de las almas mediante la incineración de los cuerpos. Esta actitud contagiosa, no puede ser sana. Este ambiente permanente de linchamiento, de lapidación por parte de tantos y tantas, que ni siquiera pueden presumir de estar libres de pecado, es medievalista, primitivo y despide un tufillo antidemocrático que deja en la boca de cualquier observador imparcial aquel amargo sabor que, in illo témpore, no sé si te acuerdas, dejaba aquella película de Arthur Penn que revolvía el estómago: “La jauría humana

¡Cuando los españoles soñábamos con poder votar los 365 días del año…!

Pero bueno, a lo que íbamos. Que en este brote psicótico de darle a Rajoy hasta en el carné de identidad, se mezclan rebeliones con causa, como la del ex Ministro Soria, con rebeliones a lo James Dean, o sea, sin ella que, si no fuese porque le hacen a uno llorar de risa, serían como para echarse a llorar de pena. ¿Cómo puede estar indignado un pueblo como nosotros, con nuestro currículum, por la eventualidad de poder tener que ir a votar un día de Navidad? Hubo un tiempo, por desgracia nada lejano, en el que los españoles soñábamos con poder ir a las urnas los 365 días del año, oye. Habríamos cambiado el turrón por las papeletas y el simbólico nacimiento de Belén por el ansiado nacimiento de la democracia, con los ojos cerrados. Probablemente éramos gilipollas. Seguramente teníamos trastocado el orden de prioridades. Los españoles de ahora, en cambio, las generaciones más preparadas de nuestra historia, como llevan más de 35 años votando, bailando la Yenka electoral, izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, atrás, un, dos tres, por lo visto tienen empacho de urnas, les sale la democracia por las orejas, y anteponen el tradicional espíritu navideño al todavía excepcional espíritu democrático. Aquí y ahora, en Navidad, por lo visto sigue siendo más trascendental volver a casa a reconstruir el Belén, que volver a las urnas a intentar reconstruir la democracia.

El “espíritu navideño” de la nueva política

Mira, por lo menos hemos descubierto el oculto y emotivo espíritu navideño de Alberto Garzón, de Pablo Iglesias, de Pedro Sánchez, de Albert Rivera que, cuando todos creíamos que sólo aspiraban a montar el belén político, resulta que, en su fuero interno, siguen suspirando por montar el Belén tradicional y el árbol de Navidad, en una clara evidencia de que las apariencias engañan. Con el verbo politizar, es que ocurre un poco como con el verbo dormir, desde que Camilo José Cela estableció una clara diferencia parlamentaria entre sus tiempos:

-Sr. Cela, está usted dormido - les espetó en una ocasión el máximo responsable del Senado
-No, señor, no estoy dormido; sólo estoy durmiendo.
-¿Acaso no es lo mismo? –  
respondió el Presidente.
-¡Claro que no es lo mismo!, porque no es igual estar dormido que estar durmiendo, como tampoco es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.

Bueno, pues con eso de gobernar o intentarlo, que trae estos días al personal por la calle de la amargura, a Rajoy de los nervios, a Pedro Sánchez al borde del abismo, a Iglesias sin cuidado pero al acecho y a Rivera acojonado por si se queda corto o si se pasa, a ver si me entiendes, como si estuviese jugando talmente a las Siete y Media, pasa algo parecido: no es lo mismo estar politizado que estar politizando, como no es lo mismo el participio y el gerundio de ese verbo, al que aludía mi paisano Cela, de tan rabiosa actualidad en España.

La nueva política y su conmovedor “espíritu navideño”
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