La nueva era de Andalucía: Un cambio que trae la ilusión, el escepticismo y temor

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Susana Díaz y Juanma Moreno Bonilla. / RR SS.

Esta nueva era desconcierta a los que la votaron. Las características de un sistema articulado en casi cuatro décadas de socialismo, dificultará su saneamiento. También preocupa la movilización callejera, orquestada por la izquierda, que desestabilizaría el gobierno entrante e impediría el cambio.

La nueva era de Andalucía: Un cambio que trae la ilusión, el escepticismo y temor

Andalucía se levantaba ayer con un nuevo presidente y terminaba la era socialista, el mayor cambio vivido tras la muerte de Franco. Había caído el socialismo andaluz, que imperante durante casi cuatro décadas, llegó a reinar  “por encima del bien y del mal”. Fuerte y sólido, fue articulándose gracias a la construcción de una red clientelar cual PRI mexicano. Su comunidad se convirtió en la más bonificada económicamente por la Unión Europea por ser una región desfavorecida. Aún así, continuó estando a la cola de Europa con los niveles de paro más altos del país. ¿La razón? La gestión se enfocaba, más que a crear riqueza y empleo, a consolidar la red clientelar, caladero de votos con el que lograba perpetuarse en el poder convocatoria tras convocatoria.

Se clamaba a voces que el cambio era necesario, pero nadie lo creía posible, precisamente porque el tejido era muy tupido y articulado desde la más humilde asociación de vecinos y ampas de colegios, a miles de funcionarios, muchos colocados a dedo o con oposiciones-coladero y asociaciones múltiples que vivían de las subvenciones.

La victoria de la coalición PP, Ciudadanos y la irrupción fulgurante de Vox sorprendió a todos. Sin embargo, a día de hoy y con el flamante presidente Moreno estrenando sillón, parece que la sociedad que votó el cambio se debate entre sentimientos contradictorios que conviven en una desconcertante realidad. Hay ilusión: llega una nueva era para una comunidad que otrora se calificara como ”la California de Europa”, y nuevos dirigentes que pretenderán acabar con la corrupción endémica de la administración. Pero junto a la ilusión, surge un gran escepticismo y temor.

Escepticismo

Porque, este júbilo se presenta enrarecido por una elevada dosis de escepticismo. Va a ser difícil corregir un sistema que nació viciado y desmantelar algo tan enquistado con miles de quintacolumnistas que dificultarán a toda costa cualquier cambio de rumbo o destrucción del tejido clientelar.

Será arduo sanear la administración, juzgar con rigor y asignar responsabilidades al despilfarro. Ya se ha visto como las tapaderas y destrucción de documentos en uno de los mayores escándalos económicos de la democracia europea –los Eres y los Cursos de Formación–  va a hacer que se vayan de rositas sus responsables que siguen en casa.

Miedo: Una desestabilización orquestada

Al júbilo y el escepticismo, se suma el temor a la desestabilización que se provocará azuzando las masas contra el gobierno naciente. No importa que no tengan motivos, convencerán de que los hay. Han tomado con inteligencia  el discurso antiVox como arma arrojadiza contra el PP, muy útil, tienen el respaldo de las televisiones nacionales, pero sobre todo útil para incendiar a la extrema izquierda, que suele navegar como pez en el agua en estas lides y maneja más o menos enmascarada, asociaciones culturales, asistenciales, ONGs, ecologistas y feministas que gozan y viven de subvenciones. La mecha está prendida: Vox es la extrema derecha, va en contra de las mujeres, es franquista y roza la insconstitucionalidad. La desestabilización ha comenzado desde el primer día con el propio PSOE promoviendo las manifestaciones delante del Parlamento. No le han dolido prendas en fletar autobuses para ello, importándole tres pepinos que el artículo 494 del Código Penal condene a prisión a los que promuevan manifestaciones ante las sedes de los Parlamentos autonómicos.

Y es que el PSOE, utilizando el arma de la movilización, puede recuperar el poder, porque con ella, puede atraer a su cancha a Ciudadanos, partido que en esta tesitura se antoja poco fiable. Ciudadanos nada en dos aguas, ha esgrimido el discurso españolista en Cataluña, pero hizo que la vigencia del 155 fuera limitada, solo «instrumental» para convocar elecciones y ganarlas. A la primera de cambio, puede pactar con el PSOE  "obligado por las circunstancias, en aras de la seguridad"  y hacer que vuelva  la izquierda, tal como auparon a Sánchez en el poder en la moción de censura. Poco importa que la inestabilidad deteriore la convivencia y que se boicotee el crecimiento de Andalucía. Los votantes del cambio se encontrarán con que ni ganando en las urnas se puede contra el sistema.

Moreno Bonilla lo tiene muy, muy difícil, desde dentro y desde fuera. Comienza a dirigir una Junta con enemigos en casa y un dudoso compañero de viaje. En las manos del PP está el cambio real para Andalucía y que una comunidad con gran peso demográfico y recursos pueda convertirse en la potencia que siempre debió ser y cuarenta años de malos gobiernos se lo impidieron… pero ¿ podrá conseguirlo? @mundiario

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