Nos movemos entre las urgencias y la libertad

Medidas de prevención ante el coronavirus. / RTVE
Medidas de prevención ante el coronavirus. / Mundiario

Después de dos meses, las reacciones que suscita la desescalada son muy dispares. Tenemos dudas: casi todo es nuevo y aprender no es fácil.

Nos movemos entre las urgencias y la libertad

Después de dos meses, las reacciones que suscita la desescalada son muy dispares. Tenemos dudas: casi todo es nuevo y aprender no es fácil. Las expectativas son correlativamente idénticas: todo el mundo está estrenando un panorama que nunca había proyectado para su vida. Tenemos prisa para ir a ninguna parte y hay cuestiones con las que deberemos medir nuestras capacidades.

Las urgencias

- Si las deficiencias con que ha topado el COVID-19 son tantas que ha bastado su presencia para desmantelar buena parte de nuestra organización colectiva, o de ponerla en entredicho, algo habrá que hacer para fortalecer esos recursos, si no queremos que, en otra embestida,  sea todavía peor.

- Varios soportes de lo que llamábamos Estado de Bienestar han mostrado deficiencias estructurales; en buena medida, porque en el transcurso de los últimos 17 años hemos  -hay que decirlo en plural, porque fueron nuestros representantes quienes lo ejecutaron- cuarteado el sistema sanitario: los promedios recomendables de enfermeros y médicos son en algunos casos muy inferiores a los recomendables, bien es verdad que en cada Comunidad Autónoma el afán privatizador de la salud como negocio no ha sido idéntico, pero hay algunos casos sangrantes, que no se arreglan aplaudiendo a los que lo están pagando.

- También se ha hecho muy patente la gran debilidad de las residencias de mayores. Buena parte de quienes la han sufrido son quienes en los años sesenta contribuyeron a crear la España urbanizada actual. Estos hijos de la “España vacía”, urbanizados a prisa en tierra ajena, han pagado todos los cambios de este país y, ahora,  que el último refugio de sus vidas sea uno de los mejores negocios de Europa por el nulo o bajo control de calidad que han tenido la mayoría de esos espacios de su “retiro”. Ha sido otro negocio a cuenta de la “libertad de elección de centro”, que pagan los más débiles.

- Y la economía ha demostrado ser otro gran flanco de debilidades: multitud de trabajos inconsistentes que, al mínimo soplo, se han evaporado; supuestos emprendedores con negocios montados en el aire; riadas de personas que, de pronto, han visto lo precarias que son sus existencias. Es un capitalismo raro: todos clamando por subvenciones que siempre serán escasas y limitadas en el tiempo. Efecto inmediato: las colas para comer están creciendo, mientras los que tienen recursos sobrados predican austeridad…  Otros efectos están por venir.

La libertad

- La experiencia histórica con situaciones similares enseña, sin embargo, que los humanos somos muy lentos en aprender algo que merezca la pena. Pasado el riesgo, solemos tender a sentirnos autosuficientes por haber sobrevivido y volvemos a los viejos moldes. Según se han producido los primeros pasos de desescalada, en todas partes, no solo en España, las ganas de repetir las pautas que teníamos tan bien aprendidas, han hecho que las autoridades hayan tenido que recordar con aspereza qué sea lo primero a no olvidar.

- Entre nosotros –pero tampoco tenemos la exclusiva- quienes más ejemplo nos están dando en cómo no hacer bien las cosas son muchos de nuestros políticos. Son ejemplares en su interés por sacar adelante sus parcelillas de poder, para demostrar quién es más torpe. Parece que contaran con que, cuanto más bochornosas sean sus querellas, más probable es que tengan quienes sigan  votando su aventurerismo particularista.

- Esta desescalada será difícil, más que el confinamiento. Cada individuo tratará de salir adelante como estime más conveniente para sí, sin tener en cuenta el panorama colectivo, ni menos que este mundo se está haciendo crecientemente complicado en casi todo. Será difícil reconocer que nadie se basta a sí mismo y se requerirán actitudes de mutua solidaridad sin las cuales la fragmentación individualista ofrecerá múltiples flancos a todo tipo de riesgos.

- Quien siga levemente las redes podrá observar lo fácil que es, por ejemplo, contribuir a la corrosión del carácter democrático de la convivencia. Entre tanta falsedad como circula, ya hay Mesías que tienen la solución mágica de todos nuestros problemas de libertad; vocaciones de telepredicadores ya hay muchas reclamando su llegada.

- La lectura de 1984, de Orwell,  puede ser de interés estos días que faltan para salir de fase O o la que sea; puede curar preventivamente, frente a tanto espabilado que quiere ser el dueño del “Ministerio de la Verdad”. Y mejor si se acompaña de otro clásico: El miedo a la libertad, de Erich Fromm, porque no todos los que nos gritan libertad, quieren la libertad de todos. Fromm se preguntaba en 1941 por qué Hitler había llegado al poder democráticamente y, en 2020, corremos el riesgo de despistarnos con nosotros mismos: el miedo es mal consejero.

¿Y la educación?

- Están pasando cosas de rebote: la moda de la enseñanza On-line, qué va a pasar a principios de curso, o qué sucederá en el final de este cuando apenas queda un mes. En parte, podemos volver al principio, repasar insuficiencias programadas o consentidas; podemos enfadarnos muchísimo por no haber aprendido a hacer algo con los hijos, pendientes de nuestro hartazgo en casa; es una posibilidad desesperada. Pero mejor sería repensar qué no hayamos hecho bien, porque se está haciendo inaccesible, cada vez a más ciudadanos, lo que  habíamos pactado  –como en Sanidad- que era un derecho universal y no un momento estupendo para seleccionar mejor a los privilegiados.

- Respecto a la enseñanza On-line, se están viendo y oyendo cosas que son lo de siempre pero en plan sofisticado, de puro negocio con la informática. Nada se va a ganar si la enseñanza va a ser la misma, pero con un cacharro en la mesa del comedor para que los papás y las mamás espabilen. La brecha digital no se arregla simplemente con comprar un ordenador, que no todos pueden comprar y sostener; el capital cultural de las familias también es en este campo  absolutamente diferencial y no se suplen las distancias con una compra. ¿Es que, de repente, van a florecer los expertos en cada familia para acompañar a los críos en la aventura de descubrir saberes complejos de Matemáticas, de Historia, o de  Ciencias Naturales? ¿Es que el oficio de enseñar en las etapas escolares lo puede desarrollar cualquiera? Ahora que la tecnología permite mejorar algunas carencias, sería un gravísimo error creer que es un mágico crecepelo.

- Hay dos libros recientes que no nacieron con la Covid-19, pero que vienen bien para afrontar con más criterio estos cambios, en particular los que sin duda sufrirá el campo educativo. Rafael Feito –sociólogo de la Complutense- se pregunta: ¿Qué hace la escuela en un siglo como este? (Madrid: Catarata). Y Carmen Rodríguez –desde la Universidad de Málaga- analiza cómo debieran ser  las Políticas educativas en un mundo global (Barcelona: Octaedro). Ambos son muy recomendables. ¡Cuidense y tengan mucho ánimo! @mundiario

Nos movemos entre las urgencias y la libertad
Comentarios