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El nombramiento de Begoña Gómez abre un debate social sobre la meritocracia

La ambigüedad e inexactitud mostrada en la información sobre su currículum académico y profesional promueven las críticas sobre las relaciones entre la economía y el poder.

El nombramiento de Begoña Gómez abre un debate social sobre la meritocracia
Begoña Gómez. / Portada 730.
Begoña Gómez. / Portada 730.

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Abraham Muinelo

Abraham Muinelo

El autor, ABRAHAM MUINELO, es colaborador de MUNDIARIO. Es Ingeniero y máster en organización Industrial. MBA. Doctorando en Económicas y Empresariales. Director de consultoría estratégica. @mundiario

El nombramiento de Begoña Gómez, como directiva del IE Africa Center, proyecto orientado a promover la innovación y el emprendimiento en África, genera un enérgico debate social en lo que muchos consideran trato de favor y un nuevo ejemplo de construcción de relaciones con el poder ya que abordar el mercado africano con la mujer del presidente español en un puesto ejecutivo, favorece la notoriedad y la capacidad de influencia.

Entre los argumentos críticos destacan aquellos que consideran un despropósito que se exalte, como "ejemplo académico y profesional de alta capacidad", un perfil de “consultor comercial y entrenamiento de equipos”, tal como muestra en su CV en la red Linkedin, sin titulación universitaria, y una formación considerada relativamente básica y obtenida en una escuela de negocios privada. Así pues, destacan la existencia de cientos de personas, hombres y mujeres, con mayor experiencia y capacidad para el puesto.

También se pone en tela de juicio la objetividad de algunos medios y de la propia televisión pública, debido a los esfuerzos en exaltar, cual extraordinario, un currículum generalista, sin especificar, por ejemplo, que la "licenciatura" en marketing por ESIC no es una titulación universitaria.

La crítica se extiende a su CV, visible en la red Linkedin, haciendo hincapié en la falta de información sobre fechas y la omisión de la institución que emite la supuesta  licenciatura en marketing, apareciendo sólo una referencia, de nuevo sin fecha, a un “MBA en dirección de empresa y marketing (ESIC)”. En esta nueva línea, sus detractores basan sus argumentos en la falta de exigencia y rigor académico, ya que consideran que en este tipo de escuelas privadas, en el caso de másteres bajo formato titulación propia, que en algunos casos alcanzan los 30.000 €, se pierde el concepto de especialización de postgrado ya que no es necesario estar en posesión de una formación universitaria para el acceso.

Por otra parte, los defensores del nombramiento sostienen en sus refutaciones que está plenamente capacitada y que una institución privada como el Instituto de Empresa puede nombrar a quien considere oportuno. Otras líneas argumentativas afirman que no es necesario una titulación universitaria para ese perfil directivo e incluso tildan a los críticos de machistas.

La ESIC, obra de la Congregación Religiosa del Sagrado Corazón de Jesús, nació en 1965 bajo el singular nombre de Escuela Superior de Ingenieros Comerciales. Debido a las denuncias de los colegios de ingenieros, así como a la confusión que generaban tratando de simular una formación universitaria, cambió el nombre a Escuela Superior de Gestión Comercial y Marketing. Originalmente diseñada para ofrecer postgrados de especialización comercial, más tarde creó una formación que denominaron licenciatura en marketing, siendo un título privado, es decir, no universitario, que formó parte de su oferta durante varias décadas. Parte de su ventaja competitiva es su bolsa de trabajo y la gestión de redes de exalumnos. 

La transparencia en las sociedades del siglo XXI

Tal como podemos observar en las ofertas laborales, la intensa competitividad en los mercados así como la evolución socioeconómica y cultural, provoca que para puesto intermedio -ya no directivo-  cualquier empresa u organización de cierto prestigio, exija, además de experiencia, titulación universitaria relacionada, un máster específico, idiomas, e incluso la acreditación de un nivel C1 en inglés en el MCER (Marco Común Europeo de Referencia para las lenguas).

Así pues, debido al enorme esfuerzo y coste de oportunidad que conlleva alcanzar cierto nivel académico y profesional –incluyendo solicitud de préstamos, superación de exigentes exámenes o preparación durante años de oposiciones-, las sociedades avanzadas son cada vez más sensibles a posibles tratos de favor que desvirtúen el sistema. También son más exigentes en la conceptualización, como organización lógica y cognitiva del conocimiento, de lo que denomina “ejemplo académico y/o profesional”.

Lo que me hace tan grata la sociedad de mi perro, es la transparencia de su ser. Arthur Schopenhauer.

En esta línea, la ambigüedad e inexactitudes en el currículum, la información dispar publicada en los medios, la falta de formación universitaria y el contraste con el puesto de "consultor comercial y entrenamiento de equipos" que ocupó anteriormente, son los argumentos en los que se basan sus detractores para cuestionar la objetividad en el nombramiento de Begoña Gómez para desempeñar un puesto directivo en el ecosistema del Instituto de Empresa, organización conocida por el notable grado de excelencia de sus profesores y directivos, y que entienden que maneja cientos de currículums, de hombres y mujeres, con mayor formación y capacidad. Por tanto, una línea crítica lo considera un ejemplo de trato de favor, gestión de influencias y construcción de relaciones con el poder en una suerte de puertas giratorias. 

Existe otra corriente crítica hacia el puesto de “codirectora” en un máster, no oficial, denominado dirección en fundraising público y privado en organizaciones sin ánimo de lucro que oferta la Universidad Complutense de Madrid, ya que se podría considerar inapropiado que en una institución como la Universidad, presuntamente sustentada en criterios de rigor, excelencia, formación contrastada y mérito académico, pueda dirigir un máster, una persona sin titulación universitaria, máxime cuando para ser un mero profesor ayudante, en el caso de una titulación oficial, se exige el grado de doctor con preferencia a los acreditados por ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación). Igualmente, no aparece referencia alguna a su formación ni extracto visible de su CV en la web del máster, pese a ser codirectora y formar parte del cuadro docente.

Tras los casos acontecidos en la Universidad Rey Juan Carlos, algunos de ellos investigados por la justicia, es recomendable que las universidades, especialmente las públicas, que reciben miles de millones de euros de los españoles, reconsideren su función en la sociedad y aclaren si es importante o no la formación universitaria. En caso afirmativo, habrá que actuar en consecuencia con elevados niveles de exigencia, transparencia, selección de profesorado, calidad de enseñanza y mérito académico. Y si no lo es, sería recomendable actualizar el mensaje que se proyecta a cientos de miles de personas para que inviertan años de esfuerzo –y elevado coste de oportunidad- en su formación, así como valorar el retorno de inversión de los miles de millones de euros soportados por el erario. 

La ética no es otra cosa que la reverencia por la vida. Albert Schweitzer

John Kenneth Galbraith, economista y asesor de J.K. Kenedy, sostenía que la política no es el arte de lo posible, sino que consistía en elegir entre lo desastroso y lo desagradable. Sin embargo, hay aspectos que con un mínimo de voluntad y criterio ético es posible subsanar, ya que como podemos observar, nos encontramos en un país heterodoxo, de exigencias muy dispares, en una suerte de neocastas, en el que un candidato a una beca debe presentar un currículum normalizado y títulos compulsados, mientras que políticos, cientos de asesores de primer nivel, así como cargos y personas relacionadas, directa o indirectamente, con el poder, alimentan un permanente debate ya que no trasladan a la sociedad un mensaje creíble y transparente en cuanto a sus logros académicos y profesionales, nombre de los puestos desempeñados, titulaciones obtenidas y fechas e instituciones que las emiten, variando sustancialmente la información en función del medio de comunicación que las publique. ¿Hay algo que esconder?. ¿Quién se beneficia?. ¿Hay regeneración política y económica?. ¿A quién le interesa una sociedad permanentemente subyugada por las dudas y la falta de confianza en sus representantes políticos y agentes económicos?.

Promover la cultura del esfuerzo y el ansia por la formación y por otro lado constatar los numerosos atajos e incongruencias existentes, es un mensaje contradictorio y contraproducente para una sociedad avanzada, ya que es una fuente de frustración que obliga a los ciudadanos a un ejercicio adaptativo de indefensión aprendida, mina sus capacidades o directamente les invita a desarrollarlas en otros países. 

Para concluir, destacaremos que el concepto de meritocracia fue acuñado, en su versión moderna, en 1958 por el sociólogo y activista laborista británico Michael Young en su libro The rise of the meritocracy, 1870-2033: An essay on education and equality (El  triunfo de la meritocracia, 1870-2033: ensayo sobre educación e igualdad). Así pues, cabe subrayar que la llamada a la transparencia, la ejemplaridad y a esa entelequia llamada meritocracia, en numerosas ocasiones convertida en leyenda, debe de ser trasladado a todos los actores del sistema, incluyendo aquellos que sin cobrar del erario, tienen, por extensión, una imagen asociada al poder, y por tanto, a la representación de los españoles. @mundiario