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No es la demografía (y 2)

La diagnosis del problema demográfico invita a repensar en la economía, en sus procesos de crecimiento, en el incremento adecuado para la creación de empleo, la estabilidad del mismo, y en el papel del Gobierno en lo relativo a las condiciones sociales

No es la demografía (y 2)
Un bebé. / Pixabay
Un bebé. / Pixabay

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María do Carme García-Negro

María do Carme García-Negro

La autora, MARÍA DO CARME GARCÍA-NEGRO, es columnista de MUNDIARIO. Es doctora en Ciencias Económicas y Empresariales y profesora del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela, donde ocupó los cargos de directora del Centro de Documentación Europea (1990-1994), directora del Grupo de Investigación de Economía Pesquera y directora del Curso de Postgrado Especialización en Economía Pesquera. @mundiario

Es posible, e incluso frecuente, que la ubicación en el mercado laboral de nuestras mujeres jóvenes se caracterice por largos períodos de inestabilidad en salario, horario, lugar así como ausencia de promoción.

Desde licenciadas o graduadas hasta el escalón inferior de empleo encontramos enfermeras empleadas por dos horas un día, médicas idem, profesoras que cambian de localidad 6 veces a largo del curso, profesoras de universidad que no ganan suficiente para pensar en autonomía personal, empleadas públicas que deben pensar en cubrir por sí mismas la baja de maternidad, trabajadoras en entidades públicas (sea de la naturaleza que sean los Paradores, por ejemplo) que son contratadas a través de una Empresa de Trabajo Temporal (si hay aviso hay trabajo, igual que en Andorra o en Canarias).

Es usual que en el sector de hostelería en zonas turísticas, y en las que no lo son tanto, las mujeres contratadas recorran en una jornada varios centros de trabajo para poder cubrir horas  y, a base de acumular, ganen poco más que el salario mínimo… En fin, el conjunto de condiciones sociales en que se desarrolla el trabajo en este momento y en este país, envuelven socialmente la vida de las mujeres jóvenes, que, como resultado, no tienen hijos.

La diagnosis del problema demográfico invita a repensar en la economía, en sus procesos de crecimiento, en el incremento adecuado para la creación de empleo, la estabilidad del mismo, y en el papel del Gobierno en lo relativo a las condiciones sociales de desarrollo de un modo de vida proclive a una población en aumento.

La demografía gallega, y la de cualquier otro país de economía comparable, no mejorará  si no cambia la dirección del crecimiento económico

La demografía gallega, y la de cualquier otro país de economía comparable, no mejorará  si no cambia la dirección del crecimiento económico. La nota dominante del presente es un aumento del producto generado en el negocio financiero sin deriva alguna para la creación de empleo.

Los sectores productivos vinculados directamente a la producción material han abandonado el suelo europeo, algunos de forma masiva como las manufacturas de bienes de consumo y otros de forma complementaria entre China/potencias occidentales. El resultado es que en una economía del tipo de la nuestra  sólo los bienes de lujo, o aquellos otros que requieren  un medio natural único, son capaces de generar empleo con vocación de crecimiento sostenido.

En el amplísimo sector servicios que va desde el sector financiero hasta los servicios personales la naturaleza del empleo selecciona emplazamiento y categorías en las que una pequeña nación como Galiza no entra.  Madrid, Londres o Luxemburgo concentran no sólo empleo  del sector financiero (banca, seguros,…) sino servicios personales de lujo que acompañan a los residentes de alta renta presentes  en esas ciudades.

El destino en el tiempo presente de la economía gallega sólo va a vincularse de forma dinámica  (y en contra de los intereses predominantes) al crecimiento con empleo en ganadería, pesca, forestal, transformación de alimentos, confección, suministros de automoción y naval, así como los servicios vinculados a estos subsectores productivos antes citados.

Los cheques-bebé, las promesas de construir guarderías o los planes de conciliación en las Administraciones Públicas no son más que medidas aparentes o de parche 

Si en las dos últimas décadas dejamos de contar con más de 200.000 jóvenes que emigraron, que no residen aquí por motivos de trabajo, a Madrid, Barcelona, Colonia o San Francisco (en California, por ejemplo, hay un club de gallegos jóvenes  reunidos bajo el nombre del Depor, ocupando puestos de los de 150.000 dólares/ año), ¿cómo vamos a aspirar  a que la demografía se arregle con palabras de compromisos electorales?. Los cheques-bebé, las promesas de construir guarderías (lo de construir parece contar como palabra mágica, embelesa a los votantes poco espabilados) o los planes de conciliación en las Administraciones Públicas no son más que medidas aparentes o de parche. 

Pudiera suceder que un observador poco atento formule que el problema demográfico está en que la tasa de hijos por mujer es de las más bajas de Europa, derivando de forma perversa la responsabilidad a las mujeres en edad activa: casi parece una acusación de mala praxis social a las mujeres jóvenes. Por esta razón los gobernantes –también poco coherentes– plantean los asuntos políticos relacionados como un paquete de medidas incitadoras a que las mujeres jóvenes tengan hijos y ofrecen un cheque-bebé y un cestito en el momento del parto que casi arregla el asunto para una semana de vida del neonato. 

El problema demográfico es un problema real de nuestro país. Es un problema que sólo se comienza a encauzar resolviendo su raíz económica

El problema demográfico es un problema real de nuestro país. Es un problema que sólo se comienza a encauzar resolviendo su raíz económica. Una vez enfilado se debe acompañar con medidas de política económica encaminadas a incentivar residentes jóvenes con empleo estable y condiciones de vida en un ambiente de cohesión social y confianza. Si además, y de forma paulatina, a medio y largo plazo, hay medidas de incentivo a la natalidad con políticas positivas de crecimiento demográfico, tanto mejor.

No debemos olvidar otro aspecto de las medidas demográficas ya que consideramos fundamental el buen trato a los adultos en edad no productiva directa: es decir, con otros términos conceptuales, de tratar de forma pacífica a los que pasan de 70 años, de 80 y de 90. Que una población cuente con adultos de esas edades en número elevado no es más que un reflejo de la buena vida que se vive, o se podría vivir, en este país. @mundiario