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No es la demografía (1)

Tener trabajo remunerado hoy no es garantía de poder vivir con relativa tranquilidad y autonomía. Por lo tanto, formar parte del mercado laboral de forma activa no es un seguro para emprender el camino de la crianza.

No es la demografía (1)
Una madre con su bebé. / PIxabay
Una madre con su bebé. / PIxabay

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María do Carme García-Negro

María do Carme García-Negro

Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales y profesora del departamento de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela, donde ocupó los cargos de directora del Centro de Documentación Europea (1990-1994), directora del Grupo de Investigación de Economía Pesquera y directora del Curso de Postgrado Especialización en Economía Pesquera.

Parece que existe un consenso social generalizado acerca de que uno de los problemas más graves que hay en Galiza es el demográfico: ciertamente es un problema y es grave. Más allá del diagnóstico, es difícil concordar con las ocurrencias que se difunden como lamentaciones en boca de responsables políticos, de opinadores presentes en medios de comunicación e, incluso, de sesudos analistas que olvidan lo principal: el problema demográfico no se soluciona en la demografía, de la misma forma que los problemas de salud pública derivados de la ausencia de agua potable no se solucionan construyendo hospitales o animando a la población a que se traslade a vivir a residencias con agua disponible. Utilizamos este símil para situar el problema demográfico en un plano de análisis que nos permita aportar posibilidades de interpretar su solución.

De manera simplificada se identifica nuestro problema demográfico con la caída en términos absolutos del número total de habitantes año a año, con la existencia de una tasa de natalidad bajísima –inferior a la tasa de reposición imprescindible–, con  la inversión de la pirámide demográfica y con la emigración de los jóvenes en edad activa.  Derivadas de estas citadas se podrían enumerar otras variables características  y problemáticas, pero consideramos que son  consecuencia de las principales mencionadas.

 

Manos de un padre, una madre y un bebé. / Pixabay

Manos de un padre, una madre y un bebé. / Pixabay

El problema demográfico requiere una intervención en la economía que cree condiciones necesarias para que las variables de síntomas demográficos preocupantes entren en vías de solución

El problema demográfico no se soluciona operando en variables demográficas: requiere una intervención en la economía que cree condiciones necesarias para que las variables de síntomas demográficos preocupantes entren en vías de solución, y a continuación incentiven, con medidas de intervención pública, la salud demográfica.

Una de las maneras de ocultar la gravedad del problema consiste en comparar el caso gallego con otros de nuestro entorno económico y cultural, pero en nuestro caso no podemos esperar que los inmigrantes contribuyan al crecimiento poblacional como se ha logrado en distintas naciones tanto del Estado español como de Europa. Según el censo que examinemos (es decir, el momento histórico), Francia, Suiza, Gran Bretaña, Cataluña o Euskadi dependieron de la natalidad de sus inmigrantes para crecer en efectivos poblacionales, en la misma medida que Galiza perdía sus jóvenes unas veces de forma masiva y hoy de forma selectiva pero con igual gravedad. En nuestro caso esperar por los inmigrantes es igual que rogar al cielo que llueva en plena sequía: no existe demanda de trabajo nuevo. La población se fija y aumenta cuando se da un crecimiento económico creador de empleo y con perspectivas sociales basadas en la confianza en ese crecimiento: empleo en el presente y en el futuro inmediato.

Solamente con la creación de empleo no es suficiente. Se requieren unas condiciones sociales que podemos denominar de estabilidad, cohesión, entorno estable y pacífico que sea capaz de configurar un ambiente social de confianza en el futuro. Las condiciones de trabajo estable y remunerado de forma suficiente, el problema de la vivienda para jóvenes, el de los horarios compatibles con la crianza de hijos, el problema de la dependencia de mayores, etc..., son parte de lo que denominamos ambiente social  adecuado (en este caso por ausencia, inadecuado). Estamos afirmando que tener hijos, animarse a contribuir a la continuidad de los humanos pobladores de tu propio país, más allá de una decisión individual es el resultado de un clima social propicio a la vida pacífica en comunidad. Tener hijos es un hecho social y como tal se deriva de las condiciones sociales existentes y no de los incentivos o de la responsabilidad individual.

Las condiciones sociales propicias al incremento de los nacimientos, las que facilitan que las mujeres decidan tener hijos en el seno de una familia o fuera de ella, abrazan muchos ámbitos

Las condiciones sociales propicias al incremento de los nacimientos, las que facilitan que las mujeres decidan tener hijos en el seno de una familia o fuera de ella, abrazan muchos ámbitos: el laboral con los ingresos salariales correspondientes, el laboral en la perspectiva de estabilidad en el desempeño del puesto (y de promoción), el laboral como requisito de horarios  y calendarios y, finalmente, el laboral examinado como el ambiente en el centro de trabajo/empresa favorable o no a una buena convivencia. 

Tener trabajo remunerado hoy no es garantía de poder vivir con relativa tranquilidad y autonomía. Por lo tanto, formar parte del mercado laboral de forma activa no es un seguro para emprender el camino de la crianza. No es infrecuente encontrar casos de mujeres jóvenes recién empleadas, incluso las de más elevada cualificación, ocupando puestos de su categoría profesional, que disfrutan de unas condiciones laborales incompatibles con la crianza.

En estratos de cualificación medios e inferiores,  incluso en la Administración pública, el ambiente laboral es peor: los salarios son muy bajos, en algunos casos, sólo suficientes para sostener la ilusión de haber entrado en el mercado de trabajo. Para colaborar con este panorama, la reciente reforma laboral ha aniquilado una serie de derechos adquiridos  empeorando de facto el trabajo estable. Asimismo, la "solución a la española" de la crisis no es ajena a la aparición de nuevos pobres, de la reducción salarial continua, del aumento de paro y la desigualdad sufridos mayoritariamente por mujeres y varones jóvenes.

Con este ambiente, hablar de demografía es igual que vender agua embotellada, eso sí barata, en Haití, o, lo que es lo mismo, premiar con mil euros y un cestito (con anuncio de una multinacional) a las recién paridas. @mundiario