Cataluña nos enseña que demostrar la verdad con hechos es insuficiente

Banderas. / RR SS
Un proceso ordenado fortalecerá a las tres entidades involucradas, Cataluña, España, y la UE. / RR SS

Es triste pero es cierto. La verdad demostrada no siempre sirve para deshacer los bulos que hemos tenido que creer para ser admitidos en el grupo que nos rodea.

Cataluña nos enseña que demostrar la verdad con hechos es insuficiente

Nos pasa de niños, se agrava en la adolescencia, y lo padecemos de mayores cual enfermedad que se ha cronificado y se resiste a abandonarnos. Necesitamos compartir creencias como una confirmación de pertenencia al grupo con el que convivimos. Ejemplos sobran. El mundo está lleno de miles dr millones de personas que creen firmemente que los hombres convivieron con los dinosaurios, que el Universo tiene 7.000 años, que si llueve mucho las aguas pueden cubrir la Tierra, o que en el Paraiso esperan 40 vírgenes a los guerreros que mueren defendiendo su fe. De nada valen razones, hechos o pruebas porque no hay nadie más ciego que el que no quiere ver ni nadie más sordo que el que no quiere oír. 

Lo sabían Hitler o Franco, y por eso centraron sus esfuerzos es que hubiese un solo mensaje y nada que lo contradijese. Así lograron que en 1933 los alemanes votasen mayoritariamente al Partido Nazi o que a finales de los sesenta España fuese franquista ganando el referéndum de 1967 como había ganado el de 1947, y es que Franco gustaba de los referéndum con una población mentalizada que soñaba con la paz y el progreso como ahora muchos catalanes sueñan con un paraiso republicano independiente. Siempre fue más fácil engañar que desengañar y esto lo sabían los secesiinistas que introdujeron un profesorado ya radicalizado en proporciones muy superiores (50%) a las que se dan en la sociedad (35%), tomaron el control de la radio y televisión catalanas, y subvencionaron  medios y periódicos digitales a su servicio. Esto lo vieron todos los partidos constitucionalistas, lo que los nacionalistas radicales llaman "unionistas", aunque lo denunció Ciudadanos y por alguna razón que se nos escapa no obtuvo apoyos parlamentarios para sacar adelante una ley que permitiese el fin del adoctrinamiento y crear un futuro de ciudadanos que recibiesen solo enseñanza sin engaños con libros que cuenten verdades.

Marta Rovira, Oriol Junqueras, Puigdemont, y muchos otros, creen firmemente lo que dicen, no engañan, se engañan, y probablemente creen que la comunidad internacional les dará la razón si persisten en su empeño, de ahí el derroche en inutiles embajadas o en individuos como Assange. Un grupo suficientemente numeroso como para preocupar ha dejado calar en él la idea de un paraiso catalán donde conviven derechas e izquierdas, ricos y felices, con una economía en plena expansión, y el mundo admirado abriéndoles todas las puertas. El daño está hecho y los grupos cerrados en unas posiciones que nunca se deberían haber alcanzado.

En este punto, cuando se deja que las cosas lleguen aquí, a donde mucha gente obra en defensa de sus creencias, de sus ilusiones, de los castillos que se construyeron con falsas promesas basadas en falsas verdades, la única salida es la toma del poder que permita difundir otra realidad, la de los hechos. Asumirlo será duro para mucha gente, reconocer que han sido engañados será duro, muchos se radicalizarán más pero serán muchos menos como pasó en Quebec donde los nacionalistas han bajado al 24%. Ese poder hay que ganarlo democráticamente en las elecciones del día 21D y en el trabajo que queda deberían trabajar todos los partidos nacionales sin excepción porque Cataluña lo necesita y la mayoría de los catalanes lo merecen. 

Todo parece indicar que Inés Arrimadas ganará en la cita electoral pero no es suficiente. Es importante que todos los partidos constitucionalistas comprendan que es necesario que los catalanes vuelvan al mundo real, que quieran lo mejor pero de lo posible y que debajo de los adoquines no está la playa. Luego, normalizado hasta los colegios y los medios de comunicación siendo profesionales despolitizados, la Generalitat tendrá que recuperar todo lo perdido en esa Comunidad mientras todos juntos buscan un consenso de reforma del Estado de las Autonomías que muchos reclaman.

Cataluña nos enseña que demostrar la verdad con hechos es insuficiente
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