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Nicaragua: lo peor está por llegar

A pesar de la naturaleza tranquila del nicaragüense, el estallido social, violentamente reprimido por orden del presidente Daniel Ortega, está llevando al país a una guerra civil que no se solucionará con un anticipo de elecciones como ha propuesto el dictador sandinista.

Nicaragua: lo peor está por llegar
El pueblo nicaragüense se manifiesta contra su presidente. / Twitter @danitreminio
El pueblo nicaragüense se manifiesta contra su presidente. / Twitter @danitreminio

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Judith Muñoz

Judith Muñoz

La autora, JUDITH MUÑOZ, es escritora y periodista. Fue coordinadora general de MUNDIARIO, donde actualmente es adjunta al Editor. Fue redactora del periódico Xornal de Galicia y también formó parte del equipo del periódico La Voz de Galicia y de la agencia Quattro Idcp. Es autora del libro de poesía Anhelo. @mundiario

Los periódicos nicaragüenses reportan 168 muertos de forma violenta a causa de la represión ejercida por fuerzas armadas del presidente Daniel Ortega. Un país que desde principios de los años 90 ha vivido en paz, en la actualidad protagoniza escenas de violencia en distintos puntos de Nicaragua. Si bien el germen de las protestas ciudadanas fue una fallida reforma del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), ya revocada, el malestar derivó en las quejas presentes que piden la salida del poder de Ortega y su mujer Murillo a causa de la represión violenta ejercida por el régimen en aquellas primeras protestas contra la reforma del INSS.

Como decía, desde principios de los años 90 Nicaragua ha vivido en paz, destacando una población tranquila que recibe con agrado al extranjero. Un país que sigue siendo el segundo más pobre de Latinoamérica, por detrás de Haití, pero que ha ido creciendo económicamente con la gestión de Ortega. De hecho, este mismo año, el Banco Mundial (BM) estimó que la economía nicaragüense sería la tercera con mayor crecimiento en América Latina, con 4.4%, superada únicamente por Panamá y República Dominicana. Probablemente las estimaciones del BM no contaban con esta explosión social contra su presidente.

 

Estos días se ha conocido que Ortega propone el anticipo de elecciones, previstas para 2021. Un anuncio que el pueblo nicaragüense no recoge con agrado. Algo entendible. Cuando el presidente de tu país mata a su propio pueblo, éste no lo quiere encabezando unas elecciones generales que, dado el historial orteguista, muy probablemente estarían amañadas de algún u otro modo. Así mismo lo explica el columnista nicaragüense de Mundiario, Héctor E. Mairena: “La destrucción del sistema electoral, obra del orteguismo, invalidan las  elecciones en las actuales circunstancias, como vía para lograr los cambios políticos. Carecen de transparencia y por eso mismo son ilegítimas y faltas de credibilidad. El porcentaje de abstención que alcanzó el setenta por ciento en los comicios municipales de noviembre pasado, lo refrenda”.

Cuando los medios llaman a la lucha armada… es que lo peor está por llegar.

Ortega y su mujer Murillo no dejarán tan fácilmente un poder que ostentan desde el año 2007 aunque ahora no solo se enfrentan al rugido de su propio pueblo sino también tienen de frente al poder de la Iglesia, tan presente y con tanto peso en el país, y de los grandes empresarios nicaragüenses que parecen estar perdiendo tímidamente el miedo a enfrentarse contra el poder sandinista de Ortega y Murillo que les brindó ventajas económicas y oportunidades de inversión para llegar a ser quienes son en pro del progreso social y económico.

Desde la mayoría social se sigue apostando por tranques (cortes de tráfico muy dolorosos en un país donde todo pasa por el transporte por carretera) y movilizaciones pacíficas que siempre son reprimidas a balazos por parte de la policía y grupos armados de Ortega. Lógicamente muchos nicaragüenses no salen ya a manifestarse a pecho descubierto, llevan sus artilugios caseros para enfrentarse a la policía o quemar sedes del Frente Sandinista, lo que está desembocando en lo que ya podríamos llamar una guerra civil. Una guerra a la que por otro lado, no hacía ascos un editoral de La Prensa  al escribir: “No hay que engañar a la gente diciéndole que solo hace falta decretar el paro nacional para que caiga la dictadura de Ortega y Murillo… lo que botó a la dictadura de Somoza no fue le paro, sino la lucha armada sandinista”. Y cuando los medios llaman a la lucha armada… es que lo peor está por llegar. @mundiario