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MUNDIARIO

En un mundo como el de hoy, el enemigo de ahora puede ser tu amigo dentro de un rato

Tiempo habrá –sugiere Juan Luis Cebrián– para discutir sobre este mundo nuestro, puntero en la innovación y la ciencia, que no tiene mejor explicación de la pandemia que el hecho de que un chino se haya comido un murciélago.
En un mundo como el de hoy, el enemigo de ahora puede ser tu amigo dentro de un rato
Un murciélago. / San Diego Zoo Animals.
Un murciélago. / San Diego Zoo Animals.

José Luis Gómez

Periodista. Editor de MUNDIARIO.

Por desgracia, la UE y la OTAN están en horas bajas. Y sea una campaña orquestada o no la que hay en su contra, lo cierto es que la prensa occidental de calidad –incluido el diario El País– ha elogiado el papel de Rusia en Italia, al tiempo que le sacaba los colores a Bruselas. En un sentido más amplio, como subraya Juan Luis Cebrián en una tribuna en el diario de Prisa, la actual pandemia supone un fracaso de la gobernanza mundial de proporciones inimaginables y la tendencia casi instintiva de la clase dirigente a escudar su responsabilidad en "los expertos" resulta "obscena".

Tampoco hay que llamarse a engaño. Ya sabemos lo que es Rusia y lo que pretende pero eso no justifica que la UE no esté a la altura de las circunstancias. Alemania, Holanda y sus satélites claro que tienen argumentos económicos pero deben pensar que es lo que quieren ser de mayores, aparte de que pueden recordar que a Alemania se le condonaron las deudas de la primera y de la segunda  guerra mundial y que sus socios europeos compartieron su propia refundación tras absorber a la Alemania oriental, entonces un país atrasado y empobrecido, que fue menester sacar a flote entre todos.

En esta guerra los enemigos están desdibujados. Oriente, Occidente, Rusia, China, EE UU, Arabia Saudita, ¿la UE?, el judaismo, el capitalismo, la extrema derecha, la extrema izquierda... todos ellos representan intereses e influencias y juegan cada uno su juego. Tanto es así que el enemigo de hoy puede ser tu amigo dentro de un rato. Toca volver, pues, a la geopolítica y a las tendencias históricas, sin olvidar una cosa más, que no por repetida hay que orillar: el mundo se adentra, como los viejos exploradores, en un terreno desconocido. Los actuales conocimientos y experiencias valen para el pasado, poco para el presente y probablemente casi nada para el futuro. Si nos contasen hace dos meses –solo dos meses– que viviríamos la actual coyuntura, confinados, nos hubiese sonado a ciencia ficción. Pero es ya la pura realidad en medio mundo, lo que significa que a partir de ahora todo es posible, por imposible que nos parezca.

La geopolítica, con el coronavirus como telón de fondo, se desplaza hacia un nuevo escenario mundial, mientras resulta difícil hacer prospectiva en una coyuntura tan volátil. Pero aún así parece evidente que esta situación puede reforzar el papel de Rusia y, sobre todo, el de China. Procede, por tanto, seguir la evolución de los acontecimientos día a día, ya que nos adentramos en un nuevo e impredecible escenario. Como dice también Juan Luis Cebrián, tiempo habrá, por lo demás, para discutir sobre este mundo nuestro, puntero en la innovación y la ciencia, que no tiene mejor explicación de la pandemia que el hecho de que un chino se haya comido un murciélago. @mundiario