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MUNDIARIO

Hay mucho inútil en cómo contamos lo que sucede

Filosofía vuelve al Bachillerato, para que las palabras con que decimos la realidad sean capaces de curar las heridas que nos causamos de continuo.

Hay mucho inútil en cómo contamos lo que sucede
Indefenso , aquí. / Omar Pérez
Indefenso , aquí. / Omar Pérez

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Manuel Menor

Manuel Menor

El autor, MANUEL MENOR, es analista de educación de MUNDIARIO. Licenciado en Historia y doctor en Pedagogía, ha enseñado Ciencias Sociales en Secundaria. @mundiario

De los usos que solemos hacer del lenguaje y de cómo lo manipulamos para que nuestro color de mirada se imponga es muy responsable el absolutismo de la educación dogmática. En nuestra sociedad, como en las que nos han precedido, sigue muy vigente el principio de la unicidad de la verdad y, por consiguiente, la legitimidad y obligación moral de pelear por imponer credos particulares. De ahí a la exclusividad y, por ende, a la persecución, ocultación y desprestigio de otros modos de ver lo que acontece, independiente de nuestro control, no hay más que un paso. Y, para facilitarlo, la tergiversación del campo semántico de las palabras, la propaganda ambigua y la multiplicación omnímoda de nuestro discurso, son claves.

Imperialismos

Todas las guerras de religión –como las de cualquier otra índole- han tenido de fondo este linaje y han contado con heraldos, primero, y relatores adecuados después, que han difundido la triunfal victoria sobre perdedores incautos. Detrás, han dejado heterodoxos y ortodoxos, reformas y contrarreformas, fundamentalismos y progresismos de variado sectarismo. Todos los imperialismos han contado, igualmente, con auscultadores de posibles desatinos evolutivos, merecedores de doma y castigo a cargo de colonizadores y relatores del supuesto  triunfo de la civilización frente a cuantos se habían quedado rezagados del supuesto progreso. Blanco y occidental ha sido el paradigma de humanidad adecuada, de mentes incluso muy ilustradas. Y valorar rasgos compartidos, dentro de las diversidades de color, sexo y cualquier otra condición, sigue siendo un reto cotidiano en nuestras sociedades que reclama la ONU con la carta de los Derechos Humanos en la mano.

Si el periodista Jamal Khasoghi murió o no a manos de enviados especiales de un príncipe árabe casi es indiferente. El modo de contarlo oficial ha variado en apenas dos días y,  de paso, en el de recepción en las cancillerías occidentales, Washington, sobre todo. Una vez más, la diplomacia está tratando de encubrir lo evidente contándolo del modo más proclive a que no se dañen los jugosos negocios de armas y petróleo, en que ni las cifras cuadran. A golpe de repetición de que este hombre se metió en una riña, pronto la vilipendiada moral subyacente será olvidada, para que el dinero siga fluyendo por los cauces amistosos de siempre.

Reservados

En los últimos meses, aunque la pederastia dentro de espacios eclesiásticos viene siendo noticia importante en otras latitudes del Occidente católico, ha cobrado fuerza en España su mención. Como prolongación del cortafuegos que este Papa trata de oponer a estos comportamientos, también en España –pese a que no sean notorios tantos casos como los denunciados en EEUU, Australia, Chile, Alemania, Irlanda o Escocia- se plantea ahora que una Comisión “reservada” los ataje. Sin embargo, significativo es de esta “reserva” lo expresado por dos de los responsables de este mecanismo, más preocupados por la publicidad que por el rigor de la justicia en igualdad. Si el presidente del episcopado alega que hay que actualizar los protocolos de actuación, y que sea la Iglesia un “espacio seguro” para quienes le confían a sus hijos e hijas,  confesaba indirectamente la dejación inquietante ocurrida. Y el obispo de Astorga, a quien se le ha encargado la citada comisión, le cuesta entender que lo procedente no es que el agraviado acuda a la justicia, sino que sea la institución que ha silenciado tantos abusos la que los lleve a los tribunales y, en caso necesario, pague las indemnizaciones correspondientes. Ser “sociedad perfecta” en el derecho canónico, no debe ser eximente ante los códigos civiles y penales de los países con quienes, como en España, se tengan firmados privilegiados acuerdos eximentes.

Por su parte, en el plano más estrictamente político, estos días han sido pródigos en mensajes cruzados. Los lanzados por el Tribunal Supremo respecto al exceso de celo de los bancos con los impuestos de las hipotecas, son de los que dejan temblando todo el sistema democrático. Los de los líderes políticos a propósito de España y los españoles con motivo de los PGE (Presupuestos generales del Estado), para pillar de paso todo tipo de votos desafectos, son más desatados, muy propicios para la indiferencia cívica. No hace falta escuchar a los de Vox, Democracia Ciudadana y similares. Basta ver y oír qué dicen los del PP –Tejerina ha estado solemne con la educación primaria en Andalucía, y Dolors Montserrat muy pasada de teatralidad- , con Casado tratando de hacerle la zancadilla a  Sánchez ante Merkel, o con Ciudadanos procurando que no se note lo que es.

Y Filosofía

Alguien en el Ministerio de Educación, cercano a Isabel Celáa, ha tenido la prudencia de que la Filosofía recobre en Bachillerato un espacio que había perdido con Wert. Puede que nos ayude a tener más sensatez para saber oír lo que estorbe o ayude a la sana convivencia. Para quienes esa área de conocimiento sea un estorbo o pérdida de tiempo, les será de interés volver a leer a Nuccio Ordine y su reciente  Clasicos para la vida (Acantilado, 2017) en que continúa reflexionando sobre La utilidad de lo inútil (2013), resaltando la importancia de los saberes humanistas que nos ha legado el pasado, frente a quienes solo dan valor al dinero y la ganancia.   Añadan en la cesta de lectura  al americano Michael J. Sandel, filósofo de éxito en Harvard y reciente premio Princesa de  Asturias por la ejemplaridad pedagógica de sus trabajos “sobre los fundamentos normativos de la democracia liberal y la defensa tanto de las virtudes públicas como del pluralismo de concepciones del bien en nuestras sociedades”. @mundiario