¿Morirá la democracia por la revolución callejera al margen de los votos?

Elecciones en Andalucía 2018. / RRSS.
Elecciones en Andalucía 2018. / RRSS.

La agitación está de moda gracias a las redes populistas en Francia, Andalucía o Cataluña que utiliza el modelo escocés, canadiense o eslovaco a conveniencia. ¿Revolución, insurrección o urnas?

¿Morirá la democracia por la revolución callejera al margen de los votos?

Para la Generalitat, todo depende del momento, así se referenció a Escocia porque Gran Bretaña es el único país del mundo que carece de Constitución y todo cabe, luego a Canadá ocultando que el referéndum no era vinculante, y ahora Eslovenia por aquello de lanzar una DUI y al instante retirarla para negociar bajo amenaza. Dejando aparte las explicaciones del porqué Cataluña no tiene el más mínimo parecido con esos casos por ser algo evidente y ya sabido, conviene ahora centrarnos en la deriva que los movimientos al margen de la ley y de las mayorías democráticas están surgiendo en Europa con Cataluña a la cabeza porque es la muestra de que nunca pasa nada si el Gobierno de la nación se debilita adecuadamente.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Europa se reinventó en base a modelos democráticos de una persona un voto y que gobierne quien logre sumar una mayoría. Desde ese momento se dieron por finalizados los movimientos revolucionarios y las insurrecciones armadas donde una minoría que se cree en posesión de la verdad absoluta culpa de todos los problemas a quien ocupa el Gobierno, sean reales o inventados, y moviliza a gente para ocupar las calles si el movimiento es revolucionario, como hizo el comunismo en Rusia y Cuba, por ejemplo, o toma el poder con un golpe de estado como hicieron Pinochet en Chile o Videla en Argentina en tiempos más recientes. España siempre ha sido un ejemplo en esto. Mientras España fue una dictadura casi toda hispanoamérica eran dictaduras, y cuando hicimos la transición, toda hispanoamérica acabó siguiendo el modelo democrático con contadas excepciones.Desde entonces las manifestaciones deben ser de organizaciones  sociales y no de los partidos que no logran ganar en las urnas, como Podemos o la CUP.

Ahora, después de 75 años, de nuevo se cuestionan las urnas para dejar que la calle hable guiada por los mismos movimientos de siempre, el comunismo ahora bajo la piel del populismo pero con la técnica de siempre, prometer lo que la gente quiere oír y señalar como culpable de todos sus males al Gobierno de turno. Significativo es que Podemos saque sus partidarios a la calle en Andalucía porque no están de acuerdo con lo que votaron los andaluces, en este caso con los que votaron a Vox. Cierto es que no sabemos la deriva que tomaría ese partido si alcanzase el poder, pero si tenemos muy claro lo que han hecho los gobiernos comunistas que llegaron a dominar medio mundo, una vez alcanzado el poder y no parece que Vox pueda superarlo. Asistimos también a ver como Podemos trata de aprovechar la resurrección de Franco auspiciada por ellos y aprobada por Sánchez, para continuar la Guerra Civil y ganarla restaurando la República. Asusta también ver como en Francia unos miles de manifestantes entre los que se colocaron unos cientos de violentos profesionales, tienen acobardados a 60 millones de franceses aunque una mayoría esté de acuerdo en que no le suban el precio del diesel. Macron ha explicado que si no puede recaudar el presupuesto tendrá que recortar el gasto, y eso que solo trata de poder reducir otros impuestos básicos pero eso no importa porque todo el movimiento ha sido organizado por expertos de la redes sociales que apoyan el derribo de Macron en la calle sin respetar las urnas donde fue elegido. 

Claro que el ejemplo más sangrante por ser el más elaborado y continuado en el tiempo es el de la Generalitat. Sorprende también aquí el desprecio a las urnas donde los independentistas ganaron las elecciones pero perdieron el plebiscito todas las veces que acudieron a votar con garantías. También aquí unos cientos de activistas imponen su ley con manifestaciones que Torra pidió a la CUP en su momento, manifestaciones que se tornan violentas hasta el punto de que unos cientos de activistas pueden cortar una autopista sin que la policía intervenga y, ya crecidos, planeen cortar todos los accesos a Cataluña el día que el Gobierno de Sánchez celebre allí su Consejo de Ministros. No solo los violentos actúan al margen de la ley con total impunidad sino que si los Mossos tratan de impedirlo sus mandos serán destituidos.

Algún día, no se si demasiado tarde, nos arrepentiremos de no haber hecho caso de Ciudadanos cuando pidió la declaración del 155 el 7 de septiembre, cuando la ley de desconexión, de que Rajoy no declarase una aplicación dura del mismo, o de que el PP y PSOE no siguieran a Ciudadanos en su intención de evitar el control de TV3 y Radio Cat, o de reforzar la inspección escolar y aplicar sus dictámenes, de consentir las embajadas y lo que en ellas ocurre, o de no aplicar tan siquiera un 155  parcial que permita que el mando supremo de las fuerzas de seguridad catalanas sea el Ministerio del Interior. Ciudadanos reclamó algo sencillo, que se requiera a Torra para que acate la Constitución, el Estatut y las resoluciones judiciales, y si no lo hace aplicar de nuevo el 155. algo que también reclama al PP, pero esta vez de verdad. Sánchez está criando un niño mimado del que no recibirá recompensa alguna salvo prolongar unos meses su estancia en Moncloa porque las leyes que pueda hacer solo aplicarán hasta las elecciones y entraremos en un juego de crear y destruir cada dos años, nombrar, destituir y volver a nombrar ¿no sería más lógico hacer leyes cuando se tiene por delante un horizonte de 4 años o por consenso?

Algún día incluso nos arrepentiremos de no aceptar aquel intento de Ciudadanos para que PP y PSOE junto con él, formase  un gobierno de concentración que con su amplia mayoría pudiese reformar la Constitución para fijar qué competencias son intransferibles, entre otras muchas cosas en que los tres están se acuerdo aunque lo nieguen por electoralismo. @mundiario

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