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Nadia Calviño, la ministra coruñesa a la que no se le sube el cargo a la cabeza

La ministra de Economía disertó en A Coruña, su ciudad, sobre la gestión de lo público como expresión de los valores políticos del socialismo. También recordó a los coruñeses el compromiso del Gobierno de Pedro Sánchez con la ciudad y con Galicia.

Nadia Calviño, la ministra coruñesa a la que no se le sube el cargo a la cabeza
Nadia Calviño. / Mundiario
Nadia Calviño. / Mundiario

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Carlos Raya

Carlos Raya

El autor, CARLOS RAYA, es colaborador de MUNDIARIO. Es licenciado en Sociología por la UNED. Es especialista universitario en Seguridad y Yihadismo por el Instituto General Gutiérrez Mellado, diplomado de Estudios Avanzados de la Sociedad de la Información por la Universidad de A Coruña (USC), especialista universitario en Propiedad Intelectual por la UNED y doctorando en Sociología de la Propiedad Intelectual por la USC. @mundiario

Desde hace siglos A Coruña ha dado a este mundo personas de valía e ilustres personajes. Nadia Calviño es una de ellas. Asistí este miércoles por la tarde a un mitin del Partido Socialista con la intención de conocer de cerca a la ministra. Abrió el acto la candidata a la Alcaldía, Inés Rey, seguida de Pablo Arangüena, candidato al Congreso, quien recordó la importancia de esta cita electoral para frenar a las tres derechas que, como aclaró, es una sola con tres cabezas. Pablo Arangüena suele hacer intervenciones pausadas y se dedica más a la didáctica que a la arenga.

Continuó Pilar Cancela, también candidata al Congreso, quien sostuvo un discurso potente  y bien fundamentado en la realidad.  Valentín Formoso, presidente de la Diputación coruñesa, remarcó la vaciedad de la campaña de crispación de la derecha, que, careciendo de proyecto, se escuda en la exageración, la mentira y el acoso a Pedro Sánchez.

Antes de Nadia Calviño tomó la palabra Gonzalo Caballero, secretario general del PSdeG-PSOE, que desplegó toda esa pasión que pone en todo lo que hace, hoy en la defensa del proyecto socialista enfrentado a la brutalidad de Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal. Cuando lo escucho hablar en algún acto entiendo que Alberto Núñez Feijóo, viendo la pujanza del primer espada del socialismo gallego sumada a la poca casta de Casado, esté tan nervioso. A lo mejor Feijóo sospecha que es el próximo en caer. Los tendidos no le son propicios.

Por fin llegó el momento estelar de nuestra ministra, Nadia Calviño, coruñesa de cuna, como digo. Los coruñeses somos muy presumidos de los nuestro y no nos molestamos en negarlo. ¿Para qué? Nadia se muestra como una persona muy amable y natural. No soporto a la gente que se le sube el cargo a la cabeza y ella parece que pasa bastante de creérselo. Eso es un buen comienzo. La naturalidad suele ser síntoma de honestidad.

La ministra disertó sobre la gestión de lo público como expresión de los valores políticos del socialismo. Enseguida se fue a los hechos concretos haciendo un repaso de los logros de los diez meses de Gobierno de Pedro Sánchez: la subida de las pensiones, el aumento del salario mínimo, las ayudas a los parados mayores de 52 años, pero también glosó el éxito de las políticas de empleo con más de 1.500 nuevos empleos diarios; los avances en materia de derechos laborales o las políticas de igualdad.

Como idea central recordó a los coruñeses el compromiso del Gobierno de Pedro Sánchez con la ciudad y con Galicia. Se le notaba entusiasmada con la firma ese mismo día de las fragatas F-110 a los astilleros gallegos: una oportunidad para sacudirnos del estado de postración y degeneración industrial a la que nos condenan las políticas de brazos caídos de Feijóo.

La idea la tiene clara: los valores no son un fetiche para sacar a pasear en la menor ocasión, sino para orientar nuestras políticas. En esto se nota que es una persona de acción, más dada a resolver los problemas que a hablar de ellos. Ahora entiendo por qué la seleccionó Sánchez: yo también la querría en mi equipo de trabajo. Bueno, mejor que se quede en el equipo de Pedro y que siga siendo la ministra de todos. @mundiario