Miles de personas en situación de riesgo tras los últimos acontecimientos en Ucrania

Un tanque T-34 frente a unas barricadas en Lugansk. / Mundiario vía Twitter
Un tanque T-34 frente a unas barricadas en Lugansk. / Mundiario vía Twitter

La situación es preocupante. La comunidad internacional observa desde hace meses la evolución de unas revueltas que dejan al país en la ingobernabilidad.

Miles de personas en situación de riesgo tras los últimos acontecimientos en Ucrania

La situación en el país es preocupante. La comunidad internacional observa desde hace meses la evolución de unas revueltas que dejan al país en una situación de ingobernabilidad.

 

Nada más lejos de la realidad cuando hablamos de guerra civil en Ucrania, donde se dan casi todos los ingredientes necesarios para un conflicto de tales características. Las últimas informaciones que nos llegan del país que separa Europa de Rusia son cuanto menos preocupantes. El referéndum para la independencia de las provincias de Lugansk y Donetsk que tiene previsto realizarse este 11 de mayo sigue adelante pese a la petición de aplazamiento de Putin y Turchínov.

Con la vista puesta en las elecciones presidenciales fijadas para el próximo 25 de mayo, los dirigentes rusos y europeos se preparan para unos comicios clave en el futuro de Ucrania. Las últimas declaraciones del presidente Putin, en las que sugiere a los pro-rusos de los territorios del este (Lugansk y Donetsk) que aplacen el referéndum independentista, son palabras contradictorias para quien hace tan solo unos días incitaba abiertamente al separatismo. Él mismo se refería a las autoridades ucranianas de Kiev como golpistas y responsables de una crisis que tiene sumido al país en la ingobernabilidad y la violencia. Los principales afectados, los propios ucranianos, están inmersos en un proceso que atañe ya no sólo a ellos mismos, sino que mantiene en vilo a dos mundos tradicionalmente enfrentados: Rusia y Occidente.

Perplejidad desde Occidente

El conflicto ruso-ucraniano sigue su evolución frente a la mirada perpleja de occidente. La posición dialogante que muestran los actores internacionales parece no estar a la altura ni de las circunstancias ni de las aspiraciones rusas. Es la primera vez que se producen cambios en las fronteras europeas desde el conflicto Yugoslavo, por lo que la tensión va en aumento. 

No es un secreto que el continente europeo necesita del suministro de gas ruso para su normal desarrollo. La gran mayoría de infraestructuras relacionadas con el gas, que atraviesan las fronteras rusas para abastecer al viejo continente, pasan por el país ucraniano, por lo que importantes intereses económicos y geopolíticos están en juego. La imagen que emana de las Instituciones europeas, a la hora de dar tratamiento a los últimos acontecimientos, pone en tela de juicio su capacidad real para controlar la situación.

Imprevisible e ingobernable. Así se muestra Ucrania a menos de un mes para que se celebren unas elecciones inciertas que mantienen a medio mundo en alerta. Situada en la parte más oriental del continente europeo, Ucrania no es solo una frontera natural, es un vía de entrada y salida clave en el comercio que une la Comunidad Económica Europea con los países centro-asiáticos. Es tal la importancia de este territorio, que su inestabilidad puede afectar a millones de personas, por estar en juego importantes intereses del tipo económico y financiero que afectan directamente a los ciudadanos europeos. 

Cronología del conflicto

El pasado 21 de noviembre  comenzaban las protestas en la capital ucraniana. Kiev alzaba la voz para mostrar su desagrado con las políticas del entonces  presidente Víktor Yanukóvich, era la puesta en escena de los partidarios de una Ucrania más cercana a Europa frente a la posición pro-rusa del Gobierno.        

En el mes de diciembre, tras numerosas protestas, la oposición plantea unas elecciones anticipadas. Es un momento de máxima tensión, después de que  Putin y Yanukóvich firmasen un nuevo pacto económico en referencia a las deudas que contrae Ucrania con la Federación Rusa en materia energética, alrededor de 3.500 millones de dólares.

Con la entrada del nuevo año, las protestas se radicalizan y se extienden por todo el país. Es en este momento cuando el Gobierno dimite en pleno, con el primer ministro Nikolái Azarov a la cabeza. Los manifestantes reclaman una reforma constitucional y la abolición de las leyes “mordaza” que afectan a los detenidos en las protestas y limitan el ejercicio de la libertad de expresión. Ya en el mes de febrero, las víctimas mortales derivadas de los enfrentamientos entre ambos bandos, los manifestantes y las autoridades ucranianas, se cuentan por decenas. Es un momento delicado en el que ya no hay vuelta atrás. Se firma un acuerdo para la celebración de unas elecciones anticipadas y la creación de una nueva Constitución. Yanukóvich se niega a dimitir pero ese mismo día se le declara en paradero desconocido. Es designado como presidente en funciones a Oleksandr Turchínov.

Un punto y aparte. En el mes de febrero, la República Autónoma de Crimea, un territorio ruso-parlante considerado oficialmente como parte integral del Estado ucraniano, reúne frente a su parlamento a miles de personas que debaten sobre si reconocen o no a las nuevas autoridades de Kiev. Al día siguiente, el Parlamento es ocupado por un grupo de militares pro-rusos y horas más tarde se establece un nuevo Gobierno autonómico con Sergei Aksenov a la cabeza, el que es líder del partido político Unidad Rusa. Es una declaración de total desacuerdo con el ejecutivo de Kiev y supone un verdadero punto de inflexión en el desarrollo del conflicto.

El 1 de marzo el Parlamento ruso aprueba la intervención militar en Ucrania. Los soldados de Putin ocupan emplazamientos estratégicos para controlar la península. Se trata de un acto de violación de las fronteras ucranianas y de los tratados internacionales. El acto es rápidamente condenado no solo por Kiev, sino también por los países miembros de la Alianza Atlántica (OTAN) con Europa y EE UU a la cabeza. Ban Ki Moon, secretario general de la ONU y el propio Barak Obama exigen a Rusia que se retire pero esta responde que actúa en nombre de la minoría rusa que vive en Crimea y asegura estar actuando en su defensa. Otras provincias donde también van a surgir conflictos son Odesa y Donetsk, en donde manifestantes pro-rusos toman sedes gubernamentales.

Crece la tensión internacional. El 7 de marzo el ejecutivo ucraniano declara la presencia de aproximadamente 30.000 soldados rusos en la península de Crimea y confirman la presencia de contingentes estadounidenses que toman posiciones en la vecina Polonia. La situación es delicada y se producen enfrentamientos violentos entre pro-rusos y pro-ucranianos en diferentes puntos de la península.

El 11 de marzo finalmente, el Parlamento de Crimea aprueba una declaración de independencia de Ucrania y pone de manifiesto su intención de pasar a formar parte del estado ruso. Faltan unos días para la celebración de un referéndum en el que se preguntará a la población de Crimea si está de acuerdo o no, en pasar a formar parte de la Federación Rusa.

El 16 de marzo se declara una tregua entre Rusia y Ucrania, con el compromiso de no atacar bases militares ucranianas en territorio vrimeo. Bajo este panorama se celebra el referéndum, con resultado abultado para los partidarios de la anexión a Rusia, un 96,66 % de la población de Crimea se muestra a favor de esta decisión. El presidente Putin firma un tratado por el cual reconoce la independencia de Crimea y al día siguiente la anexión se hace valida a través de un nuevo tratado, que incluye también la ciudad portuaria de Sebastopol, base naval histórica de la armada rusa.

El 27 de marzo, la ONU hace oficial a través de un comunicado que no reconoce el citado referendum de Crimea. Otra provincia ruso-parlante, que ya había sido públicamente reconocida por su mayoría de partidarios pro-rusos, Donetsk, imita a Crimea y declara su independencia frente al gobierno de Kiev. Anuncian la celebración de otro referéndum para la anexión a la Federación Rusa. El 11 de abril, el Parlamento de Crimea aprueba su  nueva Constitución. La federación Rusa hace lo propio adecuando su carta magna para reconocer este territorio y el de Sebastopol al como suyo propio.

Son momentos de máxima tensión. A lo largo del mes de abril, se suceden episodios de violencia entre los dos bandos. El propio presidente de EE UU, Barak Obama, vuelve ha tener conversaciones con su homólogo ruso para pedirle que utilice su influencia con el objetivo de calmar la escalada de violencia que sufre el este ucraniano. El 16 de este mismo mes, activistas pro-rusos tomaban el control de la ciudad de Donetsk y numerosos sectores y efectivos del ejercito ucraniano desertaban para unirse al movimiento pro-ruso.
En estos momentos, a prácticamente quince días para las elecciones presidenciales fijadas para el 25 de mayo, los muertos se cuentan por cientos y la situación no parece dar síntomas de una posible tregua. Kiev lanza ofensivas para intentar controlar la ciudad de Slaviansk, la última en rebelarse contra el actual Gobierno.

Este viernes, Putin decidió viajar a Crimea tras ensalzar el nacionalismo ruso con un gran desfile en Moscú. En plena crisis ucrania, el presidente ruso lanzó así un mensaje de patriotismo al reforzar la conmemoración del fin de la II Guerra Mundial y alabar la "voluntad de hierro del pueblo soviético".

 

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