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Migración: comodidad o compromiso

Pienso que, en cambio, los libros “políticos” deben iniciarse por el final, en el que se expresaría un resultado, aunque inacabado, la Itaca inalcanzable plenamente, pero que relata mejor que nada la conquista diaria, el esfuerzo terminal de la aventura que otros continuarán.

Migración: comodidad o compromiso
Inmigrantes del Aquarius. / eldiario.es
Inmigrantes del Aquarius. / eldiario.es

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Pablo González Mariñas

Pablo González Mariñas

El autor, PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS, es colaborador de MUNDIARIO. Es político, profesor de Derecho Administrativo y escritor. Fue miembro del Partido Galego Independiente y diputado por la UCD en el primer Parlamento de Galicia. Tras ser uno de los fundadores de Coalición Galega, en 1985 encabezó la escisión del sector más nacionalista, que dio origen al Partido Nacionalista Galego. Fue conselleiro de la Presidencia y diputado por el BNG. @mundiario

Aunque no debiera ser así, la política está llena de promesas, de expectativas, de principios de dudosa realización. En la literatura ocurre algo parecido. Las palabras con que se inician los libros suelen ser un “íncipit” (¿recordais el “incipit vita nuova”?) que, aunque sea vagamente, nos ilustra sobre la aventura que vamos a comenzar con la lectura. Cuando abrimos  El Quijote y leemos, casi recitando, sus archisabidas palabras, desembarcamos en un lugar ignoto, aunque intuido, como todos los delirios geniales. Es la grandeza de la creación literaria.

Pienso que, en cambio, los libros “políticos” deben iniciarse por el final, en el que se expresaría un resultado, aunque inacabado, la Itaca inalcanzable plenamente, pero que relata mejor que nada la conquista diaria, el esfuerzo terminal de la aventura que otros continuarán.

Pero vayamos a la literatura. No todas las historias acaban así. Es cosa de comodidad o compromiso. Bertolt Brecht termina su “Opera de la perra gorda”, la más dura sátira teatral contra el capitalismo, con Peachum incitando al coro de los miserables a cantar: “No castiguéis en demasía al infractor de la ley, bastante tiene con helarse de frío”. Pero, continuemos, con otro final, bien distinto y distante. El diplomático Paul Morand en sus “Venecias”: “Me velará esta fe ortodoxa hacia la que me condujo Venecia, una religión felizmente inmóvil, que todavía habla el primer lenguaje del Evangelio”. O Baroja, que concluye así su “Camino de Perfección”: “Y mientras Fernando pensaba, la madre de Dolores cosía en la faja que se había de poner el niño una hoja doblada del Evangelio”. O Gabriele D´Annunzio, que da fin, insípidamente, a su novela “Fuego”: “… y viajaron hacia la colina bávara aún adormecida en el hielo; mientras, los troncos insignes daban ya los nuevos retoños en la luz de Roma, al rumor de las fuentes ocultas”.

Yo prefiero comenzar a leer los libros políticos por el final, por la entrega del autor a la sociedad al final de su tarea, con todos sus aciertos y fracasos, abriendo una nueva página que otros continuarán. Pienso en los avatares de la política de migración que obsesiona a todos los humanos sensibles. Es cosa de posicionarse, al margen de la literatura. Pensad  -escribió Brecht- “en la oscuridad y en el frío eterno de ese valle colmado de lamentos”. @mundiario