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MUNDIARIO

Mientras dure la guerra

¡Estar o no estar!, esa la cuestión. Fugarse o no fugarse de ese Alcatraz, al que apenas hace una semana llamábamos casa y, en nuestro subconsciente, desear por una vez que no te toque la pedrea o el siniestro premio gordo de esta Lotería Nacional y global en la que la implacable e imparcial naturaleza ha repartido décimos para todos y todas.
Mientras dure la guerra
Medidas contra el coronavirus. / Pixabay
Medidas contra el coronavirus. / Pixabay

Es terrible, terrible, porque las cuarentenas le proporcionan a los seres humanos mucho tiempo para pensar. Uno/a deja de ser del Barça o del Madrid, de la España progre o la España facha, de la Sexta o de Antena 3, de la Cope o la SER, de las unas/os o los otros/as, ¡que somos como niños, hombre, que os lo tengo dicho!, y empieza a digerir este inesperado paradigma de la insoportable levedad del ser. Deambulas por cualquier pasillo de esos millones y millones de lugares a los que llamábamos casas, je, en los que ahora planificamos personales, intransferibles y delictivas “fugas de Alcatraz” y, día tras día, noche tras noche de reclusión, empezamos a olvidar la soberbia conjugación del verbo ser, tan shakesperiano él, y volvemos a recitar la humilde y denostada conjugación del verbo estar, en estos días en los que la única cuestión que nos okupa y nos preokupa es ¿estar o no estar?

Algunas veces, verás, me asomo a la ventana de plasma, en la que curiosamente van apareciendo señores con nombres de apóstoles del Nuevo Testamento: Pedro, Pablo, Simón, Felipe, incluido el mismísimo Salvador (Salvador Illa, naturalmente, no confundir con el de Nazareth), y nos sueltan un sermón de esos que por un lado yo qué sé y por otro qué quieres que te diga. Por ejemplo, cuando uno tras otro se marcan el slogan ”este virus los paramos unidos”, servidor es que lo flipa, oye.

Pero, vamos a ver, ¿no hemos quedado en que hay que recluirse, aislarse, desunirse, coño, para intentar destronar al puñetero Coronavirus ese? O sea, por un lado intentan que nos vengamos arriba apelando a la unión y, por otro, nos mantienen desunidos por real decreto. Hombre, un poquito de coherencia, por favor. Lejos de mi la funesta manía de recurrir al “Leviatan” de Hobbes en días como estos. Pero al menos reconozcamos que “Mientras dure la guerra”, dicho sea respetando los derechos de autor de Amenábar, la ciencia ha acudido a su madre la paciencia, o sea, a la nuestra, y ha declarado y decretado que el ser humano es letal para el ser humano.

Otras veces, en cambio, me asomo a la ventana, una de esas desde las que se divisan las ciudades y los pueblos desérticos, ¡que hay que ver cómo y en qué poco tiempo se ha extendido hasta límites insospechados la “España vaciada”, e intento emular a los sabios que señalan a la luna y abandonar el rebaño de tontos que, según el milenario proverbio chino, observan los dedos. @mundiario