El mercadeo de escaños erosiona la confianza en las instituciones, advierte El País

El presidente de Murcia, Fernando López Miras. / RR SS
El presidente de Murcia, Fernando López Miras. / RR SS
El paso de una política tradicional litigiosa, estéril y turbia a la antipolítica más brutal es muy breve.
El mercadeo de escaños erosiona la confianza en las instituciones, advierte El País

El diario El País publica un editorial en el que advierte de que el mercadeo de escaños erosiona la confianza en las instituciones y concluye que el paso de una política tradicional litigiosa, estéril y turbia a la antipolítica más brutal es muy breve.

Para el diario de Prisa, la moción de censura planteada por PSOE y Ciudadanos es sin duda cuestionable en su justificación política. Puede considerarse que no había motivos suficientes para que Cs rompiera su pacto de gobierno con el PP. Pero no puede negarse que no solo era una acción formalmente legal: se trata de una herramienta que es parte de pleno derecho del juego democrático. No puede decirse lo mismo de la acción de los tres tránsfugas de Ciudadanos que, tras apoyar con su firma la iniciativa, renegaron de su palabra y de la voluntad del partido al que representaban, gracias al cual obtuvieron sus escaños. Su decisión hizo fracasar la moción y les valió el regalo por parte del PP de unas consejerías. Toda esa acción es legal, pero no es parte digna del juego político. Así lo establece el Pacto Antitransfuguismo revalidado por 11 partidos estatales —entre ellos el PP y Cs— en noviembre del año pasado; y así lo afirma un simple análisis de lógica y moral política.

Los episodios ocurridos a raíz de la moción de censura en Murcia ponen en evidencia otro aspecto de la degradación política, uno realmente poco edificante para la vida pública del país: el transfuguismo: "Esta turbia praxis tiene una tristemente larga tradición en España, pero el actual brote —con el goteo incesante de bajas que está quebrando a Ciudadanos— tiene la peculiaridad de representar una maniobra con potencial para alterar radicalmente el escenario político nacional".

Según El País, el goteo de bajas de representantes de Ciudadanos que, a partir del episodio murciano, se marchan incrustados a su acta —alentados por el PP con cantos de sirena y bendición urbi et orbi de su líder desde la cátedra de Murcia— constituye un fraude democrático. Un sistema parlamentario de listas cerradas como el español indica que son los partidos políticos quienes administran el mandato representativo. Ellos son los depositarios esenciales del voto ciudadano. 

El conjunto de la actual situación política también evidencia otros elementos preocupantes para este periódico. Por un lado, la extrema dificultad para consolidar nuevos partidos como Ciudadanos o Podemos. Se trata de experiencias políticas bienvenidas para regenerar el panorama político, pero que sufren para afirmar una cultura de partido cohesionada y una sólida implantación territorial. Por otro, las dudas que genera una reconfiguración del espectro conservador-liberal que tenga sus cimientos en este lodazal.

Hay ejemplos en Europa que muestran liderazgos diferentes

En una segunda parte del editorial se añade que toda la política española parece instalada en una campaña permanente, pervirtiendo las estaciones naturales de la democracia: "La vida intelectual de los partidos aparece deformada, entre hiperliderazgos e hipersensibilidad al sondeo. Casi todo tiene sabor a tacticismo en vez de estrategia; juego de poder antes que interés ciudadano. La moción de Ciudadanos y el PSOE en Murcia, más proclamada que atada, y el adelanto electoral en Madrid, más destinado a amarrar el poder que a las verdaderas necesidades de la comunidad, son dos ejemplos. Pero sobre todo hieren las omnipresentes consignas simplistas e incendiarias que se escuchan, desde el 'socialismo o libertad' —que luego derivó a 'comunismo o libertad'— a la lucha contra 'la derecha criminal', por no hablar de la lamentable dialéctica de tanta política catalana. Todas ellas en beneficio exclusivo del partido —da igual el daño de polarización y resentimiento que generan en la colectividad—. Una cadena de vaciedades con gran sonoridad."

La conclusión de El País es clara: "No tiene por qué ser así. Hay ejemplos en Europa que muestran liderazgos diferentes. Y hay en España muchos servidores públicos deseosos de trabajar en un entorno diferente. Ojalá logren imponerse. La política española necesita imperiosamente corregir su infructuoso rumbo." @mundiario

El mercadeo de escaños erosiona la confianza en las instituciones, advierte El País
Comentarios