Interpelación real a los responsables públicos pero también a la sociedad

El Rey Felipe VI. / @CasaReal
Sería un buen regalo para los ciudadanos que los dirigentes políticos asumieran la “carta real” a los Magos y trabajaran para que la política se parezca a la vida misma: gritar menos, escuchar y hacer más y construir la convivencia entre todos cada día.

Después del mensaje real aparecieron dos clases de exégetas. Los que aplauden sus palabras sin darse por aludidos y los críticos que nunca defraudan y reproducen la valoración negativa de años anteriores, que repetirán la siguiente Nochebuena.

Lo cierto es que el Rey interpeló a los responsables públicos y también a la sociedad con “verdades como puños”, dicho en lenguaje coloquial. Y lo hizo recordando un valor que presidió nuestra historia democrática: la convivencia como cimiento sobre el que se levanta todo proyecto compartido. Fue el gran legado de la Transición y sigue siendo condición imprescindible para afrontar un futuro en común.

En democracia, señaló, ninguna idea puede convertirse en dogma, ni ninguna discrepancia en amenaza, avanzar exige respeto, renuncias y acuerdos, un gran antídoto a la crispación y descalificaciones. Los extremismos, los radicalismos y los populismos crecen allí donde se debilita la confianza, aumentan las desigualdades y se instala el desencanto. España prosperó cuando supo compartir objetivos y cuando sus gobernantes eligieron el diálogo para superar desafíos internos y externos.

Un pasaje muy directo del discurso fue la exigencia de “especial ejemplaridad” a los poderes públicos, lo dijo con elegancia, sin citar la palabra corrupción. Quienes ostentan cargos de responsabilidad deben ser los primeros en respetar las normas, actuar con integridad y anteponer el interés general.

Bajando aún más a la realidad, señaló cuatro retos que condicionan la vida de millones de ciudadanos. El primero es el aumento del coste de la vida que golpea con especial dureza a los más vulnerables y requiere políticas que protejan a las familias y a los trabajadores con medidas reales, sin falsas promesas ni soluciones simples a problemas complejos. El segundo reto es el acceso a la vivienda, problema estructural que afecta sobre todo a los jóvenes y necesita un pacto de Estado con decisiones eficientes para que emanciparse deje de ser un privilegio.

El tercero son los avances tecnológicos que generan oportunidades, pero también incertidumbre laboral y necesita inversión en formación y reciclaje para una transición profesional que no deje a nadie atrás. Y el cuarto es el impacto del cambio climático, más frecuente y trágico (como los incendios), que exige una política seria, basada en la ciencia y en la prevención, que proteja a las personas y al territorio.

El Rey dejó un programa de gobierno con tareas pendientes. Sería un buen regalo para los ciudadanos que los dirigentes políticos asumieran esta “carta real” a los Magos y trabajaran para que la política se parezca a la vida misma: gritar menos, escuchar y hacer más y construir la convivencia entre todos cada día. Pero no nos hagamos ilusiones, los discursos ya vuelven a endurecerse y el mensaje real cae en el olvido. Como siempre. @mundiario