La memoria democrática frente a ETA

Etarras.
Se cumplen diez años del abandono de la lucha armada por parte de ETA. / Mundiario.

El pequeño paso de Otegui y los suyos ha provocado declaraciones polarizadas y ninguna propuesta de futuro. No existe consenso sobre la memoria reciente ni sobre la más remota.

La memoria democrática frente a ETA

Se ha venido llamando Memoria Democrática a la política oficial destinada al “reconocimiento de los que padecieron persecución o violencia por razones políticas, ideológicas, de conciencia o creencia religiosa, de orientación e identidad sexual, durante el período comprendido entre el golpe de Estado de 1936, la Guerra Civil y la Dictadura franquista hasta la promulgación de la Constitución Española de 1978. Se trata de promover su reparación moral y recuperar su memoria e incluye el repudio y condena del golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y la posterior Dictadura franquista”, según nota de prensa oficial de La Moncloa, del pasado día 20 de julio.

Como se sabe es un tema que lejos de unir, divide profundamente al espectro político. En unos casos por entender que el objetivo es sectario, al dejar fuera hechos acaecidos antes de la Guerra Civil pero que determinaron ésta, en otros por desacuerdos con el propio concepto de política oficial sobre la Historia. Los antecedentes de otros países son muy diversos sin que pueda detectarse una visión común. Los historiadores tienden a considerar dichas políticas como algo ajeno a la Historia propiamente dicha.

Si en España resulta difícil tener una visión común sobre la dictadura, a fin de cuentas el fruto de una cruenta Guerra Civil y de una larguísima represión con cientos de miles de exiliados, la visión sobre el terrorismo de ETA  tampoco es unánime. Ayer, los dirigentes de la formación que apoyó o justificó el terrorismo, hicieron público un comunicado asumiendo que nunca debió de existir. Lo hicieron, marco sorprendente, ante el palacio de Aiete, lugar de veraneo del dictador Franco durante décadas, como también lo fue el pazo de Meirás.

Posiciones divididas

De inmediato las posiciones se han dividido entre quienes creen que es insuficiente, como el Gobierno, quienes tratan de exprimir la contradicción en el debate parlamentario, como el PP, o quienes piensan que es un paso en la buena dirección. Otegui no se ha recatado en demandar a continuación que Felipe González pida perdón por los muertos de los GAL, mientras que Urkullu reclamaba más firmeza y consecuencia en las declaraciones. Zapatero echó su cuarto a espadas defendiendo, una vez más, la generosidad de las instituciones democráticas, esto es, medidas para favorecer la excarcelación de los presos terroristas. Las víctimas por su parte han recordado algunos hechos: permanecen sin resolver más de 300 crímenes terroristas mientras se suceden los homenajes a presos excarcelados.

Quienes más han hecho por construir una memoria compartida de nuestra Historia, han sido los historiadores y los divulgadores, es decir, los medios de comunicación. Los primeros investigando en todas las direcciones posibles y desde distintas perspectivas, para documentar, analizar y exponer los hechos históricos, sus causas y consecuencias, facilitando al lector o estudioso argumentos y datos para formarse una opinión. En cuanto a los medios de comunicación, en muchas ocasiones altavoces de los historiadores, han divulgado información de todo tipo sobre personajes y hechos. Además las televisiones han producido variado e importante material documental sobre acontecimientos y protagonistas. Las personas con voluntad de saber o comprender, han tenido así acceso a todo tipo de fuentes.

La verdadera memoria

Las instituciones podrán hacer homenajes simbólicos, establecer conmemoraciones oficiales, institucionalizar lugares o rendir homenajes. Pero no sustituirán el esfuerzo colectivo de quienes han dedicado su quehacer profesional y su formación especializada a poner al alcance de todos la verdadera memoria, la que habita en los documentos, junto con los marcos interpretativos para contextualizarla y entenderla.

Ayer Otegui ha venido a recordarnos que la memoria, lejos de ser compartida, es parte de la lucha ideológica y partidista. Ahora lo llaman el relato, esto es, la construcción de un discurso no sólo racional sino también emocional y simbólico, que ofrezca una visión de los hechos para reconciliarnos, no con los otros, sino con nosotros mismos y en segundo lugar con los propios seguidores. @mundiario

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