Mejor reunirse en una comisión bilateral que verse solo en los tribunales de justicia

Pedro Sánchez y Quim Torra. / Mundiario
Pedro Sánchez y Quim Torra. / Mundiario

Ni el independentismo abandonará sus objetivos, mientras los actuales dirigentes catalanes tengan la mayoría suficiente, ni el Gobierno permitirá el aventurerismo secesionista, lo cuenten como lo cuenten los nacionalistas. Mientras, hay que gestionar el conflicto.

Mejor reunirse en una comisión bilateral que verse solo en los tribunales de justicia

Si la política no estuviese tan envilecida por la permanente descalificación del contrario, cualquiera que sea su actuación, la reunión de ayer entre los Presidentes del Gobierno del Estado y de la más relevante de sus Comunidades Autónomas, sería una noticia positiva por sí misma. Si además se trata de la Comunidad de Cataluña, cuyos dirigentes han iniciado un proceso de ruptura del Estado todavía en marcha, que ha tensionado a todo el país y cuyo futuro está por escribir, al interés habría que sumar la urgencia.

Así los ciudadanos podrían tener presente que es mejor el diálogo que la falta de diálogo. Que es mejor reunirse como se ha acordado en una Comisión bilateral, que verse sólo en los Tribunales de Justicia. A los jueces les corresponde una honrosa y difícil misión, pero en modo alguno la sustitución de los políticos en su tarea de manejo de los conflictos de la convivencia entre distintas visiones de la sociedad.  Ni es misión de la judicatura, ni sus miembros, por formación, actitud y cultura profesional, están en la mejor posición para hacerlo.

Esas ideas tan simples serían corolario explicativo de la reunión de ayer, más allá de que sus resultados puedan tildarse de escasos. Lo relevante es el cambio de actitud y el reconocimiento de que el anterior estado de la situación es insostenible.

Pero aquí y en todos los países desarrollados, la política es ante todo el mecanismo para derribar al Gobierno y sustituirlo, sin que importen los medios, noticias falsas incluidas. A veces con las mismas formas del contrario. El intrincado proceso para instaurar una dirección provisional en TVE, con un enorme desgaste para los grupos que lo intentan y resultados que se presumen escasos, es una buena muestra de la burbuja en la que con frecuencia se mueve el mundo político. Son sevicias del modelo de democracia representativa occidental.

Ni el independentismo abandonará sus objetivos, mientras los actuales dirigentes catalanes tengan la mayoría suficiente, ni el Gobierno permitirá el aventurerismo secesionista, lo cuenten como lo cuenten los nacionalistas. Mientras, hay que gestionar el conflicto, encauzarlo, a ser posible dentro de límites asumibles, reducir la crispación social y sobre todo crear las condiciones para que más adelante se pueda producir un cambio de escenario sin dramatismos. Muy difícil pero nadie parece tener una idea mejor como se comprueba escuchando las divagaciones etéreas del señor Rivera o comprobando el silencio de quienes tratan de hacerse con los restos del Partido Popular, atareados en el navajeo mutuo sin que parezca existir pensamiento político. Lo hay, pero se preocupan por ocultarlo.

Si la degradación de la vida política nos causa melancolía, podemos resarcirnos leyendo el último informe CountryRepTrak, que mide  la reputación internacional de los distintos pares, con periodicidad anual. El informe nos sitúa en la decimocuarta posición, por delante de Alemania, Francia o Portugal, y muy adelantados respecto a EEUU. Por delante tenemos a Italia, Irlanda, Países Bajos, Canadá y a los países nórdicos, acusando una pérdida de 2 puntos con respecto al año anterior, lo cual, teniendo en cuenta lo que ha caído en un año, corrupción rampante, crisis aguda en Cataluña e inestabilidad política, no parece excesivo.

La buena reputación española, tanto entre los países G-8 como entre los de Latinoamérica, es consecuencia principal de la amabilidad y simpatía de la gente, la naturaleza, la seguridad y el estilo de vida. Los indicadores peores se refieren a la reputación de nuestros productos y servicios. Podemos  abandonar el autoflagelamiento social y dedicarnos a construir pues los demás nos ven con interés. Más sorprendente aún, la opinión exterior se acerca como nunca a la autopercepción. Quizás nos estemos  intoxicando con demasiadas informaciones negativas y poca información de contexto. @mundiario

Mejor reunirse en una comisión bilateral que verse solo en los tribunales de justicia
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