A medida que se acerca el final crecen las dudas

Coronavirus. / Pixabay
Coronavirus. / Pixabay

No solo es que lo económico vaya a dar un vuelco. Muchas vidas no serán lo mismo. El problema es si no van a ser libres para decidir sobre sus vidas.

A medida que se acerca el final crecen las dudas

Vamos camino del mes de mayo y en el túnel empieza a vislumbrarse la salida a la luz: la desescalada está cerca. Entretanto, crece entre los viandantes de este agujero la inquietud de lo que habrá después.

Mensajería

La oscuridad y el aparente parón del tiempo han hecho su trabajo. El móvil e internet ayudan a comunicar cosas, enviar mensajes y consejos, redefinir los modos de hacer magdalenas o cultivar los geranios en la poyeta de la ventana. Todos dan señales de que existen, se han sobrepuesto a la peste o de que les ha rozado o puede rozarles; muchos han tenido algún allegado que se ha ido y ni siquiera han podido despedirse de él. Todos se sienten acongojados por alguna u otra razón, porque ha habido un corte brusco en su vida “normal”, porque “la curva” les pasó por encima o porque la suerte les está dando la espalda.

Y la anormalidad ha hecho brotar la manía de pensar; todos piensan más en el túnel. Y todos se mandan sus pensamientos por la vía virtual, sienten necesidad de contar lo que piensan, se han acostumbrado a la prótesis del móvil y lo mueven con gran intensidad: 20, 30. 1000 mensajes diarios. Es un no parar de mensajes que tratan de encontrar pareja: a ver si este piensa como yo, a ver si yo pienso como los otros, a ver si crece la tribu de los que pensamos lo mismo. El móvil y el iPad le están ganando al ordenador la partida de la eclosión del pensamiento. Y de la educación, claro; todos nos educamos o pretendemos educar a los otros con lo que pensamos que debe saber, y los demás intentan lo mismo.

 Los ministros de universidades y de los otros niveles educativas, los consejeros autonómicos de los asuntos educativos,  piensan que el sistema online es la solución a muchos de los problemas que les ha planteado el parón de este túnel.

¿Y si tuviéramos ya en el bolsillo la proximidad del campus universal, sin necesidad alguna de ir a las instalaciones físicas de colegios o universidades, a las aulas, a los profes y departamentos, a los libros y bibliotecas manoseables? ¿Y si las asignaturas, programas, planes de estudios, bibliografías, presentaciones de trabajos académicos, textos, anuncios, consignas, recados, proyectos de fin de carrera o de lo que sea, solo se hicieran en adelante online? ¿Sería mejor o peor, más barato o más caro, merecería más la pena o menos…? ¿Sería más accesible y más económico? ¿Prepararía bien a la gente que necesitan las empresas para que pudieran acreditar sus ganas de trabajar en lo que les digan? ¿Tendrían estas que complementar aquello con otro cursillo adaptado al puesto? ¿Se necesita más…? ¿Es definitivamente inútil lo demás, sin que nos riña a todos Nuccio Ordine? ¿Dónde está la modernidad? ….. ¿Podría reducirse toda la enseñanza a puro teletrabajo? Pero, sobre todo, ¿No se solucionaría de una vez la constante carencia de medios, recursos y poca preparación que muchas veces tienen los sistemas que actualmente tenemos en funcionamiento analógico y presencial? ¿Podría la enseñanza pública de una vez ser pública, gratuita y de gran nivel de exigencia para todos? ¿Se acabarían las protestas de mareas que marean a los responsables de la gestión porque siempre fallan? ¿Protestar será en adelante algo solo virtual? ¿Habrá que protestar por algo?

Bueno. Vaya usted a saber qué nos depara la salida del túnel. De momento, se alega que, igual que dicen que se ha hecho un buen trabajo online  -vaya usted a saber-, buena parte de lo inmediato, exámenes, acreditaciones de los niveles educativos que han quedado en el aire se quieren encaminar por ahí. El aprendizaje real que se haya obtenido no parece que interese mucho: es difícil de evaluar como es difícil de construir. La tradición educativa es que casi siempre ha interesado más el contenido, el saber recitar lo que hay que saber y punto, porque todo lo demás no interesa: ¿Te sabes los reyes godos?, pues ya sabes Historia. ¿No te los sabes?, suspenso. Con la asepsia que hay que tener estos días de pandemia, ya nos estamos entrenando en que para qué el roce diario, el ver qué cara pone alguien cuando atiende y entiende, cómo reacciona frente a lo que desconoce y quiere averiguar, qué pinta tiene el profe y por dónde lleva su área de conocimiento, qué merece la pena averiguar y qué no, si tiene o no interés la curiosidad por saber algo, solucionar una duda y cosas así. ¿Le interesa algo a alguien o solo interesa repetir lo que ya parece que sabemos y que si no lo repetimos somos ignorantes?

Los sanadores

También han florecido los sanadores virtuales en nuestro móvil. Los hay de muy diversa trascendencia oportunista. Desde los emprendedores que aprovechan nuestras bajas defensas para colarnos un anuncio de lo suyo: un seguro, un coche, una crema, un banco, o lo que sea de la vida diaria; todo en plan de arreglarte las necesidades que tengas y te lo mandan por mensajería. No hace falta que les mires y te hagas cargo de la pinta que pueda tener aquello que te quieren vender; ni hace falta que mires la letra pequeña de lo que te ofrezcan: total para lo que sirve…

Los mejores son los de los telepredicadores a domicilio que se habían quedado con ganas de ser predicadores con púlpito físico para echar el sermón cada semana. Tienen la ventaja de que, en plan virtual, pueden largar todos los días; los amigos del chat, del blog o de la Web no tienen más remedio que aguantar o hacer que le escuchan, le siguen y responden con un imoji o dos y un me gusta, me gusta muchísimo, sigue así que vas  muy bien.

En esa situación se sienten ungidos de verdad y ya nos recriminan. Ya no les basta con seducirnos con cosas de derechas o de izquierdas; saben que no es lo mismo y según vea que va la marcha, el telepredicador espabilado sabe por dónde tiene que llevar la prédica: que si contra el Gobierno, que si a favor del Gobierno, que si no se aclaran los del Gobierno, o que si estuvieran los otros no se equivocarían tanto y tendríamos un país fetén y que viva España. Los hay más metafísicos todavía y hasta trascendentales. Son los salvadores virales. Han encontrado la piedra filosofal y nos la venden con su reflexión profunda. Ahora ya no es solo que la Covid-19 sea una ocasión inesperada y providencial para cambiar nuestras vidas pecadoras y que, de paso, salvemos al Planeta y, por supuesto, a todos los niños hambrientos que haya en el mundo porque ya hayamos visto que por el camino que andábamos íbamos al precipicio y al infierno. No. Su reflexión tiende ahora ya a conmovernos por dentro un poco más; ponen el grito en que si somos o no “débiles” y “sumisos”, que si con Goebbels las cosas fueron como fueron porque la gente es como las ovejas, que se dejan convencer por cualquier cosa…

Menos mal que, al fin, su lucidez nos dice por dónde sale el sol, porque con tanto tiempo en el túnel, ya nos habíamos olvidado. Por si acaso, estén atentos a tanto vigilante como está floreciendo: cuando les dé la luz de verdad o cuando los niños les acompañen en la calle dentro de unos días, tiéntense la cartera, no sea que se hayan quedado sin ella. Ni lo virtual será tan virtual, ni lo analógico será lo que haya sido. @mundiario

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