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¿Cabe una mediación europea ante la soberanía española en Cataluña?

En España, un Estado soberano y una nación democrática, reconocida, resulta disparatado proponer que un tercero pudiera intervenir para resolver sobre su propia naturaleza como nación al margen del Congreso de los Diputados.
¿Cabe una mediación europea ante la soberanía española en Cataluña?
La soberanía española reside en el Congreso de los Diputados.
La soberanía española reside en el Congreso de los Diputados.

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Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Periodista. Doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Técnico de Radiodifusión y Televisión. Profesor jubilado de Derecho y Deontología de la Comunicación en la Universidad de Vigo. Profesor en la Escuela de Práctica Jurídica del Colegio de Abogados de Pontevedra y de los Encuentros Inter Academias en la Escuela Naval Militar. Autor de 28 libros de Derecho, Comunicación Institucional y Protocolo. Ha dirigido 20 tesis doctorales. Profesor invitado en varias universidades de Europa y América. Ejerció el periodismo 30 años en radio y los principales medios de Galicia. Fue corresponsal de la Agencia “Europa Press”, “Sábado Gráfico” y el diario “Ya”. Obtuvo el Premio del Colegio de Arquitectos de Galicia en defensa del patrimonio histórico y el Trofeo “Actualidad” por sus investigaciones sobre el contrabando y el narcotráfico. Fue presidente de la Asociación de la Prensa de Vigo y obtuvo dos veces el Premio Luis Taboada a la mejor labor informativa sobre Vigo. Está en posesión de la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco. @mundiario

Una de las más pertinaces campañas del independentismo catalán, sus agitadores, epígonos, además de turiferarios, simpatizantes y homólogos es lograr lo que se llama “la internalización del conflicto”. Y en ese sentido han recurrido a todo: desde invocar la Carta de las Naciones Unidas a recabar la presencia de observadores internacionales (a gastos pagados) en sus actos ilegales a otro tipo de recursos de corto recurrido y escaso resultado, especialmente con respecto a la Unión Europea.

El Reino de España es un país soberano, plenamente soberano y una nación democrática, reconocida como tal por la comunidad internacional. No es un país salido de la descolonización ni una república bananera. Resulta insólito que se sugiera que nuestra soberanía pueda ponerse en almoneda, para que países u organizaciones terceros nos digan que se hace con ella en asuntos tan substanciales como la propia existencia como nación. Conviene señalar que las cesiones soberanía de los países que la componen dentro de la Unión Europea están perfectamente tasadas y que, en ese sentido, con frecuencia se recuerdan esos límites, entre los que obviamente destaca la propia morfología y configuración del Estado. Sólo faltaría eso.

Angela Merkel siempre reconoce la soberanía del Bundestag

Angela Merkel siempre reconoce la soberanía del Bundestag.

Una de las dirigentes europeas que con mayor insistencia y precisión es la alemana Angela Merkel, que no pierde ocasión de dejar en claro que alguno de los acuerdos cuestionados que de vez en cuando se producen en la Unión, en modo alguno cuestionan en este caso la plena soberanía del Parlamento alemán, el Bundestag, en sus competencias. Precisamente, la controversia sobre las limitaciones de soberanía a los estados respectivos fue uno de los motivos de la oposición del rechazo de Francia al proyecto de Constitución europea en 2005.

Otra cosa es que, en el terreno de la economía, que no olvidemos que es el pilar primero de la Unión, nacida como CEE, los países han acordado, funcionalmente, dotar a los órganos comunitarios de funciones ejecutivas y armonizadoras en interés del conjunto. Pero a nadie se le ocurre pensar que la Unión Europea le dijera a Francia lo que tiene que hacer con el independentismo corso. O sea, que una cosa es el ejercicio de la soberanía, y otra la cesión de determinadas capacidades habilitantes a la Unión en aspectos bien tasados y además, conviene recordar que los tratados que afecten precisamente a los aspectos esenciales de las competencias de la nación y otros de menor porte, han de ser necesariamente ratificados por los parlamentos.

Imponer una solución

¿Se imagina alguien a la Unión imponiendo en España una solución al llamado “conflicto catalán” que supusiera la reforma de la Constitución española salida de nuestro Congreso de los Diputados? A propósito de la controversia sobre las cesiones de soberanía de los estados miembros a la Unión, en aspectos monetario, fiscal, presupuesto y regulación de mercados, algunos analistas concluyen que ahora Europa viene a ser, en determinados aspectos, una confederación que puede derivar en un estado federal o, si otros países se van como el Reino Unido del Brexit, en una ruptura de vínculos. Pero eso no supone que Europa se pueda entrometer en la propia esencia, naturaleza a historia de sus estados miembros y de los sentimientos de sus ciudadanos.

La cuestión de la cesión o reconocimiento de soberanía es, curiosamente, uno de los argumentos no ya de los independentistas catalanes y vascos, sino de quienes mantienen posiciones favorables a que se cambien substancialmente la Constitución, admitiendo –bajo una fórmula en el mejor de los casos federal o confederal- de suerte que se reconozca a Cataluña y el País vasco como entes nacionales dotados de su propia soberanía que, en todo caso, acabaran como en el viejo plan de Ibarretxe como “estados libres asociados o no con el resto de España”. Y en una primera etapa –véase la Declaración de Granada de 2013- partidos como el PSOE son partidarios de que ambas comunidades adopten capacidades activas en la negociación internacional de España que les afecte. Por algo se empieza. Podría aceptarse si era regla se aplica a todos.

En este resbaloso terreno del concepto de soberanía se encuentran bien razonadas controversias notables. Es un tema que sin duda va a dar mucho que discutir. Por cierto que, cuando se habla de la singularidad de catalanes y de vascos, llama la atención, de que especialmente en el segundo caso, se aluda al pueblo catalán como un conjunto homogéneo, diferente del resto de los españoles en aspectos substanciales. Evidentemente, aunque a algunos les agradaría que no es posible invocar un concepto etnicista para definirlo, como si los catalanes fueran los descendientes de los franco-carolingios, y no para considerar que los catalanes son jurídicamente y de modo bien simple los españoles y extranjeros con nacionalidad española que tienen vecindad civil en Cataluña.  Y no otra cosa, aunque en las vanguardias del antiespañolismo marchen “charnegos” hijos de andaluces, murcianos o de otra parte de España.

Este conflicto es un conflicto que atañe al conjunto de los españoles y tiene como marco la Constitución que es nuestra carta de soberanía y nuestras instituciones. Pareciera que algunos consideran que España es como un país de los Balcanes o un agregado como fuera la propia Yugoslavia que, por cierto, en tiempo, se ponía como ejemplo, por parte de cierta izquierda española como ejemplo de organización y convivencia. Es curioso que tras la muerte de Tito se escribió que desaparecía con él el mecanismo de equilibrio de los odios. @mundiario