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La matanza de Santa Clarita y el culto de las armas en los Estados Unidos

Más de treinta mil personas mueren cada año por heridas de bala en los Estados Unidos, y hay más de 300 millones de armas en circulación.

La matanza de Santa Clarita y el culto de las armas en los Estados Unidos
Saugus. / laist.com
Saugus. / laist.com

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Andrés Hernández Alende

Andrés Hernández Alende

El autor, ANDRÉS HERNÁNDEZ ALENDE, es columnista de MUNDIARIO. Escritor y periodista, nació en Cuba y vive en Miami (Florida, EE UU). También es columnista del diario El Nuevo Herald, la revista Suburbano y Voces del Huffington Post. Ha publicado tres novelas: El paraíso tenía un precio, El Ocaso y De un solo tajo. @mundiario

Un nuevo tiroteo se inscribe en la larga lista de matanzas cometidas con armas de fuego en los Estados Unidos. Esta vez, ocurrió en la escuela superior Saugus, en la ciudad californiana de Santa Clarita, el pasado 14 de noviembre. Nathaniel Tennosuke Berhow, un joven que ese día cumplía 16 años, abrió fuego con una pistola en el plantel, con un saldo fatal de dos estudiantes muertos y tres heridos. El agresor se dio después un balazo y falleció el día siguiente.

¿Cuál fue el motivo del crimen? No se sabe. Nathaniel estaba afectado por la muerte de su padre, y al parecer tenía problemas con su novia, que era su sostén emocional, según el diario Los Angeles Times. Pero sea cual haya sido el motivo, la facilidad con que en los Estados Unidos cualquiera consigue un arma de fuego fue el catalizador de la matanza.

En los Estados Unidos hay aproximadamente tantas armas en circulación como habitantes: más de 300 millones. La espeluznante proliferación de la artillería se justifica con la Segunda Enmienda de la Constitución, que dice textualmente: “Una milicia bien ordenada, siendo necesaria para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas, no será infringido”. Se trata de una enmienda obsoleta, redactada en la época de la formación de la nación, cuando los ciudadanos debían tener un mosquete en sus casas para salir corriendo a repeler una invasión británica o un ataque de los indígenas. Hoy, la milicia necesaria para defender nuestra seguridad la componen el ejército y las agencias del orden.

La relación entre la tenencia de armas y el índice de homicidios está probada por las estadísticas. Más de treinta mil personas mueren cada año por heridas de bala en los Estados Unidos. Según la Organización Mundial de la Salud, en los países ricos, el 91 por ciento de los menores de 15 años muertos por armas de fuego vivían en los Estados Unidos. Y en Australia no hay un tiroteo masivo desde 1996, cuando, tras una masacre en Tasmania, el gobierno reguló estrictamente la posesión de armas y el primer ministro, John Howard, dijo que “Australia no va a ser como los Estados Unidos”.

Lamentablemente, muchos norteamericanos no acaban de abrir los ojos ante la realidad de que el culto de las armas no es una garantía de democracia, sino un pilar del enorme negocio de la venta de fusiles, pistolas y municiones, cuyo ingreso anual supera los seis mil millones de dólares. Las armas no son un juego, ni su culto una expresión de patriotismo. Son una plaga nacional, como tantas matanzas absurdas demuestran. Tantas matanzas a las que se acaba de sumar la de Santa Clarita, crímenes horrendos que una sociedad civilizada debe erradicar. @mundiario