El Marruecos que encontrará Pedro Sánchez

Carros de combate en el Sáhara Occidental. / IG @ecsaharaui
Carros de combate en el Sáhara Occidental. / IG @ecsaharaui
Tras 46 años de estancamiento y luchas infructuosas (con un alto el fuego que dura más de un cuarto de siglo), hay que actuar con eficacia y buscar una solución concreta que elimine las penalidades por las que pasa el pueblo saharaui.
El Marruecos que encontrará Pedro Sánchez

El hecho histórico de haber sido el primer país que reconoció la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica convirtió a Marruecos en una especie de nodriza del país que ha llegado a ser la primera potencia económica mundial. Y a lo largo de la Historia (también en el presente) los Estados Unidos tratan a Marruecos exactamente como a su nodriza: no le reconocen la pertenencia a la misma clase social, pero es casi como un familiar de segundo rango del que, en determinados momentos apurados, o incluso trascendentales, se echa mano para resolver problemas de la familia.

De ese modo Trump recurrió a Marruecos para que reconociera a Jerusalén como capital de Israel, a cambio de otorgarle el reconocimiento de su soberanía sobre el Sahara. Y ahora Biden/Blinken han iniciado su campaña para apoyar el plan de Marruecos sobre el Sahara, que consiste en considerar al Sahara Occidental como una autonomía dentro de la soberanía marroquí. Y en este caso, parece que la contrapartida tiene un contenido más poderoso, como es el de convertir en el futuro a Marruecos en una de las principales cabezas de puente para el desembarco estadounidense -a través de inversiones y de acciones económicas- en los países africanos.

Es su intento de contrarrestar la continuada penetración de China en los países de África, a través de su labor de cooperación comercial, tecnológica y de construcción de infraestructuras. Con tal intento trata Biden de superar un prolongado abandono de sus relaciones con el continente africano. Y en él están tratando de implicar a sus aliados de la Unión Europea, justo en el momento en el que Estados Unidos activa la guerra fría frente a China, y en el que se está poniendo en primer plano la política de bloques, gracias a la guerra de Rusia contra Ucrania. Es muy posible que a España también le haya llegado la “sugerencia” de seguir los caminos de tal bloque.

La estrategia marroquí

La política que está siguiendo Marruecos tiene varios ejes estratégicos:

Por un lado, el fomento de inversiones tecnológico-comerciales, aprovechando su posición de país africano más próximo con Europa. Dentro de esta política se inscribe el desarrollo realizado en el nuevo puerto de Tánger, habilitado como zona franca, el llamado Tánger-Med, que se está convirtiendo en una plataforma logística para la interacción económica con África, pero también a nivel internacional, aprovechando la oferta de mano de obra barata (el PIB per cápita marroquí en 2020 era de 2.718 euros). De hecho, en algunos estudios internacionales el Tánger-Med está considerado como la segunda zona franca más atractiva para invertir a nivel internacional. Y ahora se está desarrollando, a 400 kilómetros de allí, el Nador-Med, con una inversión de 7.900 millones de euros, con participación de Luxemburgo, Turquía y Marruecos.

Por otro lado, se están desarrollando infraestructuras de comunicaciones, con la intención de convertirse en un eje fundamental para las comunicaciones del África subsahariana con Europa. Hay que destacar, por ejemplo, el tren de alta velocidad entre Tánger y Casablanca, con paradas en Rabat y Kenitra. Para el desarrollo de esta política necesitan despejar lo antes posible la situación del Sáhara, con objeto de que haya continuidad y ausencia de conflictos.

A su vez, están potenciando las instalaciones de producción energética, y el desarrollo de las energías renovables. Una muestra de ello es la instalación de la mayor planta de energía solar concentrada de África, con cuatro plantas coordinadas en Noor Ouarzazate.

Junto a esto, Marruecos ha intensificado su presencia en las organizaciones africanas de comercio, y concretamente en el Mercado Común Africano, destacando el incremento de su actividad comercial con la región del Sahel.

Todo ello acompañado del incremento de la potencia de sus fuerzas armadas, que si bien tienen un nivel inferior a las españolas y argelinas (España ocupa el puesto 18 en el ranking mundial de potencia de ejército, mientras Marruecos está en el puesto 53, teniendo por delante, en el 31, a Argelia), Marruecos está realizando un gran esfuerzo de modernización y adquisición de armamento para incrementar de manera destacada su potencial: su mayor proveedor de armamento son los Estados Unidos, pero también destacan Francia, Alemania, la propia China, e incluso Rusia. De hecho, está desarrollando un plan de adquisición de armamento de alta tecnología por valor de 20.000 millones de dólares.

Ventajas de una estrategia conjunta

Si bien estamos hablando de un país que tiene en la emigración prácticamente el 10% de sus casi 37 millones de habitantes (en España hay 900.000), y que mantiene un PIB per cápita francamente bajo: 2.718 euros en 2020, su posición geoestratégica lo sitúa como un país relevante para Europa y para el futuro de los intercambios Europa-África. Y muy especialmente para España, que también ocupa una posición clave para ese intercambio, no solamente por su posicionamiento en Europa, sino por sus fronteras directas en el propio continente africano, desde las ciudades de Ceuta y Melilla.

Precisamente por su posición estratégica, los países europeos mantienen su interés en Marruecos. Como es lógico, muy especialmente Francia. Pero es España la que juega el papel de socio comercial preferente con su vecino del sur. Independientemente de que, desde la entrega del Sahara, en 1976, haya habido siempre una cierta disfunción en las relaciones, que en algunos momentos se ha acentuado con las reivindicaciones de los nacionalistas marroquíes -no sin un cierto apoyo solapado de su Gobierno- en relación con las ciudades de Ceuta y Melilla. A lo que en algunos momentos se han añadido algunas pretensiones marroquíes de jurisdicción sobre aguas que pertenecen a las Islas Canarias.

Esto no quita que en estos momentos España sea el principal socio comercial de Marruecos, con un flujo de en torno a 14.000 millones de euros (7.400 en exportaciones), y que sea el segundo país inversor en el país vecino, después de Francia: en torno al 15% de las inversiones extranjeras en Marruecos son españolas.

España debe retomar la iniciativa

Cuando en los años ochenta hubo que hacer frente a los ataques del nacionalismo marroquí frente a Ceuta y Melilla, el Gobierno español lo afrontó otorgando la nacionalidad española al conjunto de la población de origen marroquí con arraigo en ambas ciudades, y analizando líneas de posible cooperación entre España y Marruecos. Nuestro ministerio del Interior desarrolló esta política, junto con la de la mejora de un gran número de infraestructuras en ambas ciudades, analizando posibles iniciativas de cooperación entre España y Marruecos. De hecho, contrató a un equipo de expertos que trabajaron codo con codo con los delegados del Gobierno en trazar estas iniciativas, que fueron prudentemente consultadas con el Gobierno marroquí. Tal vez si se hubiera avanzado en algunas de aquellas iniciativas, se habría ganado mucho terreno, no sólo en las relaciones, sino en el desarrollo económico, social y cultural de la zona. Pero, aunque el Gobierno español también las veía con buenos ojos, no terminó de ponerlas en marcha.

Una de las propuestas estrella, a la que Hassan II respondió rápidamente de forma favorable, fue la de generar dos áreas especiales de cooperación económica y social -con el mantenimiento de las respectivas soberanías- por un lado, entre Ceuta, Tetuán y el aeropuerto de Tánger, y por otro lado entre Melilla y Nador. Tal vez si se hubieran llevado a la práctica, España tendría una presencia relevante en las opciones de Tánger-Med y Nador-Med que hemos citado más arriba. Y el propio problema de la inmigración se podría haber abordado con mecanismos más positivos y constructivos. En ese sentido proponíamos que en esas áreas de cooperación especial se crearan sendos centros de formación profesional, con el objeto de que sirvieran para graduar la inmigración, así como para la formación de las personas, de una manera más conforme con las necesidades de las empresas que podrían recibirlas, y con habilidades y conocimientos más adaptados a las necesidades reales del mundo laboral. Iniciativas aquellas que todavía hoy (y con mayor motivo, debido al incremento de la presión migratoria) es tiempo de poner en práctica.

Es evidente que en la nueva andadura que se pretende desarrollar en las relaciones entre ambos países hay diversos temas que abordar, y que van desde cómo se afronta de modo positivo y constructivo la inmigración, de cómo se abordan los temas del terrorismo yihadista, el contrabando y el narcotráfico, y de cómo se mantiene de modo pacífico y cooperante el asunto de las aguas territoriales y el tema de la pesca. Pues se trata de eliminar obstáculos y de facilitar las relaciones. Y, por supuesto, de cómo se incrementa la relación económica y comercial, social y cultural entre ambos países, y de cómo se puede abordar una estrategia conjunta para protagonizar en cooperación el enlace entre Europa y África.

Convertir el problema del Sáhara en una solución

Sin duda, el tema más espinoso -a pesar de la carta que ya envió en 2008 el presidente Rodríguez Zapatero, mostrando el apoyo a la opción de que el Sáhara sea una autonomía dentro de Marruecos- es el asunto del Sáhara. Los posteriores Gobiernos de Rajoy no se desdijeron de aquel planteamiento (hecho que obliga al PP a actuar consecuentemente, y no utilizar este tema como un arma de nacionalismo visceral, ni de oposición inconsecuente), y recientemente el presidente Pedro Sánchez -sin duda en la línea de las posiciones mantenidas últimamente por Francia y Alemania, y tal vez con alguna negociación con los Estados Unidos- ha vuelto a reiterar dicha posición en otra carta.

No obstante, antes de formar un guirigay opositor a estas posiciones, hay que tener en cuenta algunos condicionantes que internacionalmente tiene el asunto del Sáhara.

Los acuerdos internacionales que recogen las resoluciones de Naciones Unidas parten siempre de la premisa de que la solución que finalmente se adopte ha de estar consensuada por todas las partes implicadas en el problema. Por tanto, aunque España apoye la opción de una autonomía, ésta no podrá jamás desarrollarse sin el consenso del Frente Polisario.

El propio presidente de Gobierno, en el Congreso de los Diputados puso de relieve que España es el país que más apoyo está prestando al Pueblo Saharaui, y en ningún momento planteó que dicho apoyo se iba a retirar.

Hay muchos tipos de autonomía, y una cosa es apoyar que se opte por una autonomía y otra cosa es consensuar qué tipo de autonomía, en qué condiciones, y con qué grado de autogobierno. Y en todo ese terreno España puede y debe aportar sus alternativas, y jugar un papel activo en la negociación de las mismas con todas las partes.

En el mismo diseño del territorio en cuestión, el propio Marruecos, al construir el muro de separación, trazó dos territorios, que aun con la solución de la autonomía, podrían incluso mantenerse. Y dicho territorio segregado tiene incluso salida al mar, por la frontera con Mauritania. Y aunque sea cierto que Marruecos pretende dar continuidad al territorio del Sáhara que reivindica, para mantener las comunicaciones con el África subsahariana, existen muchas soluciones tecnológicas que pueden permitir esa permeabilidad respetando si es preciso la posesión del territorio señalado.

Y hay algo irrenunciable: En los campamentos de Tinduf existen en torno a 175.000 saharauis cuya voluntad, hoy por hoy, es la de no ser marroquíes y la de reivindicar el territorio del Sáhara. Y esa voluntad, y esos derechos, de una u otra manera hay que respetarlos, incluso con la posible solución de la autonomía dentro de Marruecos.

Lo que sí es cierto es que, tras 46 años de estancamiento y luchas infructuosas (con un alto el fuego que dura más de un cuarto de siglo), hay que actuar con eficacia y hay que buscar una solución concreta que -entre otras cosas- elimine las penalidades por las que pasa el pueblo saharaui, y acabe con la pantomima actual de unos ocupantes marroquíes del Sáhara que viven subvencionados por Marruecos, sin oficio ni beneficio, y sin estar construyendo ni economía, ni sociedad. @mundiario

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