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MUNDIARIO

Marketing, acción política y partidos

Si bien es verdad que el Gobierno es el que debe liderar la acción política e institucional del Estado, ésta necesita una actuación combinada con la iniciativa en muchos otros frentes sociales e institucionales.
Marketing, acción política y partidos
Pedro Sánchez. / lamoncloa.gob.es
Pedro Sánchez. / lamoncloa.gob.es

Continúan siendo sugerentes las afirmaciones que José Luís Gómez, editor de MUNDIARIO, realizaba en su artículo sobre la supuesta división de tareas: Pedro Sánchez/Iván Redondo al marketing y Pablo Iglesias a la estrategia. Respondido en parte el tema de la estrategia, habría que hablar del marketing… No es lo mismo enfocar y dirigir una campaña electoral que realizar una buena comunicación de las acciones políticas de un gobierno, un grupo parlamentario o un partido. Muchos recordamos aquel patinazo de Pedro Arriola cuando los lamentables atentados de Atocha y Pozo del Tío Raimundo: “si es ETA, mayoría absoluta”, que llevó al marketing de la mentira y al fracaso electoral del PP. Aunque se estuviera en campaña electoral, confundió los términos porque no se estaba hablando de propaganda, sino de una cuestión de Estado, y de una obligada acción política. Por eso, personalmente nunca he visto con buenos ojos que un profesional del marketing o de la comunicación política ocupe un puesto tan central en el aparato político del Gobierno: justo dirigiendo la sala de máquinas donde se construye la acción política. Porque si bien es verdad que, en este caso –con un Gobierno de coalición– hay que cumplir un compromiso con la coalición y con la sociedad, que hay que cumplir, existen determinadas decisiones políticas que han de tener tras de sí el peso y la orientación ideológica, y hasta la iniciativa de todo un partido político.

Es verdad que el conjunto de partidos políticos en España ha ido transformándose cada vez más en partidos presidencialistas, más tentados a ser una marca que a ser una organización interactuando de forma permanente con la sociedad. Pero hablando precisamente de una política socialdemócrata, esa interacción con la sociedad es más obligada, porque ha de recoger de manera estable las reivindicaciones y necesidades sociales, a la vez que realizar una pedagogía -en diálogo permanente con la ciudadanía- sobre la acción política que se realiza. El que se haya elegido ser lo que se llama “un partido de masas” no le hurta, en absoluto, esa obligación que es a la vez una necesidad.

Hablemos de Madrid y de la famosa escena de las banderas. Existiendo el Partido Socialista de Madrid, presente en las instituciones de la Comunidad ¿qué hace el presidente del Gobierno fajándose en una disputa a la que no debería haber entrado nunca? ¿No se adivinaba, por detrás de las banderas, la presencia de dos profesionales del marketing echando un pulso? Pulso que uno de ellos, con dedicación exclusiva a esa cuestión, pudo manipular posteriormente a su antojo de cara al electorado. Mientras el Partido Socialista de Madrid estaba ausente, sin empeñarse -como partido más votado- en movilizar al resto de la oposición, y conjuntamente dar el aldabonazo ante los ciudadanos madrileños, para hacerles entender, muy claramente, las claves del embrollo y de la confusión en los que otro experto del marketing les estaba metiendo, y que comprometía precisamente el riesgo de la salud de todos.

Se especuló en su momento con el supuesto interés de Iván Redondo de cortocircuitar la acción del PSOE desde Ferraz. No sé qué habrá de cierto en la intención y en las acciones. Pero es una realidad que cuando se gobierna –especialmente en circunstancias políticamente difíciles, como ahora– es fácil que quien está en la primera línea de batalla fagocite la acción del partido que lo soporta. El error reside en evaluar mal cuál es la primera línea. Porque si bien es verdad que el Gobierno es el que debe liderar la acción política e institucional del Estado, ésta necesita una actuación combinada con la iniciativa en muchos otros frentes sociales e institucionales, y le resultaría imprescindible que el partido que da soporte al Gobierno interviniera en la orientación de su política, y soportara también la comunicación de ésta a través de las venas de la sociedad, así como el retorno de las reacciones sociales concretas. No únicamente la de los medios de comunicación.

Se evitaría así que la política se desenvuelva en una especie de meta-realidad, creada por los políticos “de imagen” y por los medios de comunicación. Meta-realidad que normalmente favorece a los medios y perjudica a los políticos. @mundiario