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MUNDIARIO

De la mano de Dios a esa mano del demonio de Piqué

El problema no es que De Gea haya mantenido la titularidad dejando indefensa las portería española, sino si Pedro Sánchez aspira a mantener la titularidad en La Moncloa sin detener los goles en propia puerta que intentan meterle catalanes, vascos y progres burgueses o aburguesados que tiran piedras y esconden las manos.

 

De la mano de Dios a esa mano del demonio de Piqué
Esa mano del demonio. / RR SS
Esa mano del demonio. / RR SS

Hombre, por lo menos Piqué ya no podrá seguir lamentándose de no haber podido ejercer su derecho a decidir. En una DUI (declaración unilateral de independencia) de esas que rompen las normas de convivencia en los terrenos de juego del fútbol, decidió levantar la mano izquierda intentado alcanzar el cielo y dejó a sus compatriotas de selección a las puertas del infierno. Cierto es, señores del jurado, que ha habido mundiales, aprovechando que no existía el VAR y esas cosas, que han pasado a la historia por “la mano de Dios”.

Pero, chico, éste del que acabamos de despedirnos, tras trecientos minutos en los que los chicos de La Roja nos mantuvieron atentos a las pantallas esperando a ver si empezaban a jugar al fútbol y dejaban de jugar a la ruleta rusa, ha entrado ya en los anales de nuestra convulsa historia balompédica por esa dichosa mano del demonio.

Los que deben no saben; los que saben no deben

¡Qué le vamos a hacer! La selección solo ha sido el reflejo del país al que estaba representando. Podíamos imaginarnos que Rajoy, como algunas veces Piqué, podía acabar metiendo la pata, asunto poco sorprendente entre los distintos y distantes inquilinos que se han ido relevando en La Moncloa, pero parecía poco probable, la verdad, que acabase metiendo o dejando meter la mano. O sea, exactamente todo lo contrario de David De Gea, oye, del que todos esperábamos y al que todos animábamos a meter la mano y, ya ves, nos ha sorprendido a todos resistiéndose a esa tentación que se ha hecho tan genuinamente española.

Claro, con tanto caso Gurtell, caso Arena, caso Nos, caso Eres, caso 3Xcent, llega un momento en el que la obsesión de un español es que no le pillen con las manos en la masa. Mismamente, ya ves, a Mas, a Cifuentes, a Griñán, a Urdangarín, a Aguirre, a Chaves, a la Infanta Cristina, recientemente a Rajoy, señoras y señores de esos, por hacer o sospechar que han hecho cosas de esas, han acabado sentándoles en el banquillo de los suplentes e incluso en el de los acusados. Digo yo que eso es lo que explica la inexplicable actitud de David De Gea, ¿no?, que por un lado ha conseguido que millones de españoles se acordasen de su santa madre, de acuerdo, pero por otro ha mantenido la titularidad discutida, je, pero indiscutible. En esto de meter la mano, ya ves, los que deben no saben; los que saben no deben...

El síndrome de Fernando Hierro

A mí, qué quieres que te diga, lo que me preocupa del antecedente que se ha creado con David De Gea es que sea contagioso. Que no pase a la historia como una anécdota de triste recuerdo en la defensa de la portería de España. Que a la mayoría de los 47 millones de seleccionadores españoles nos posea el síndrome de Fernando Hierro, a ver si me entiendes, y cuanto más impasible se muestre Pedro Sánchez para defender a España de los tiros a gol de independentistas vascos y catalanes, de los populistas, de las demagogias municipales, de la progresía burguesa y aburguesada que tira piedras y esconde las manos, más vaya progresando en la encuestas del CIS como titular indiscutible de La Moncloa.

Si hay que acercar a los políticos/as presos a Cataluña, que se acerquen ¡Pero acercar por acercar...! Si hay que darle a los vascos lo que es de los vascos, como al César lo que es del César, ¡vale, tío!, pero nos lo expliquen. Si hay que poner la otra mejilla cuando Torra, todavía español, intenta meternos un gol en propia puerta en Washington, hombre, política es política, como fútbol es fútbol. Si hay que cederle a Podemos los derechos de la televisión pública, como se han cedido a Berlusconi y Planeta Agostinni los derechos de la televisión privada, ¡pelillos a la mar! Nadie es perfecto, como muy bien sentenciaba Billy Wilder como broche de oro en Con faldas y a lo loco.

El VAR y La Constitución

Ahora, en una cosa deberíamos ponernos de acuerdo, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y el Mundial de Rusia por la actualidad española: o aceptamos los designios del VAR o pinchamos la pelota. El VAR es al fútbol lo que la Constitución es a la política. El VAR decidió que las manos de Piqué se merecían la pena máxima y la Constitución, con sus árbitros del Tribunal Constitucional, decidieron que el DUI, sus antecedentes y sus consiguientes, se merecían tarjeta roja.

Nadie ha dicho que no se puedan cambiar las reglas de juego, naturalmente. Pero nadie, ni siquiera un Presidente del Gobierno, se puede atribuir una versión personal de los hilarantes y esperpénticos poderes que se atribuía el cachondo de Groucho Marx: “estas son las reglas, si no les gustan, tengo otras”.

Dulce introducción al caos

Estos días me inspira esa obra maestra de Extramaduro que describe la “Dulce introducción al caos”. La escucho una y otra vez, y me invade la nostalgia recordando a Adolfo Suárez y Felipe González intentando ser presidentes de todos los españoles, ay, en una dulce introducción a la pluralidad y la democracia.

Después se nos colaron Aznares, Zapateros, Rajoys, ahora Sáncheces, y volvieron a restaurar, las dos medias presidencias, los dos medios gobiernos, los dos medios ejércitos parlamentarios, las dos medias España que mueren o bostezan y vuelven a enterrar a nuestra historia bajo la lápida en la que ya dejó escrito un epitafio Mariano José de Larra: “aquí yace media España, murió de la otra media”. @mundiario