Lo malo de Garzón, líder de Izquierda Unida, es que se cree lo que dice
Alberto Garzón ha sido entrevistado en RNE, lo que le ha permitido exponer sus puntos de vista sobre todos los temas de actualidad. La conversación fue larga.
Digamos ante todo que Izquierda Unida (IU) es una agrupación de siete asociaciones politicas con el Partido Comunista de España (PCE) como unico director, y cuya administración ha dejado mucho que desear llevando al Partido al borde de la quiebra con una deuda de 10 millones de euros y solo dos diputados, lo que que equivale a decir que sus ingresos nunca podrán cubrirla. Esta deuda siempre ha estado muy repartida entre la Seguridad Social, Hacienda, los trabajadores y los bancos que no se avienen a ayudarles porque le ven poco futuro. En un lance desesperado se agrupó en la candidatura de Podemos como Unidos Podemos, pero la pérdida de un millón de votos de esa Agrupación al repetirse la elecciones, hace que Pablo Iglesias piense que IU posee una militancia muy vieja, con pocos recursos, y que bajo ningún concepto Podemos va a resolver sus problemas económicos. Con este panorama Garzón afrontaba la entrevista de hoy.
Sus primeras declaraciones se referian a Venezuela, donde según él la oposición que está muriendo en la calle o padece en las cárceles, son golpistas de extrema derecha que tratan de destruir la riqueza que el chavismo llevó a ese país. Los hechos, que son muy tozudos, nos informan de todo lo contrario, de que fue Chaves quien en su día intentó un fracasado golpe de estado, y si bien es cierto que mejoró la situación de algunas capas de la sociedad poco favorecidas, no es menos cierto que entonces el petróleo estaba a más del doble que está hoy. La crisis ha sido tan mal administrada por Maduro que en las elecciones parlamentarias la oposición (MUD) obtuvo más de doble de diputados que los oficialistas. No es extraño que despues de este descalabro de los seguidores de Maduro, la oposición exija una dimisión o al menos un referendum revocatorio. Aprovechó Garzón para poner de ejemplo a Zapatero cuyo resultado hasta ahora queda limitado en el mejor de los casos a buena voluntad.
El segundo tema candente que abordó el entrevistado fue el problema catalán, que según él se resuelve hablando, pero no sobre la Constitución, sobre reunir mayorías cualificadas, o sobre pactos o reformas, sino dialogando al estilo Puigdemont, sentarse a pactar el referendum y la pregunta, que aclaró debe ser clara y precisa. El Estado, según Garzón, debe aceptar las amenazas y el chantaje del Govern catalán como la mejor opción, cuando, como sucedía con el tema venezolano, los hechos dicen que las elecciones plebiscitarias convocadas por Artur Mas fueron perdidas por la fuerzas independentistas y que ninguna encuesta da una mayoría social que la reclame esa independencia, motivo por el cual el mero hecho de plantearla ahora, dividir a la sociedad, a familias, a amigos, y aprovechar el poder que les ha concedido la ley electoral para mentalizar niños y jóvenes, no parece que sea lo correcto.
El tercer bloque que pareció tan disparatado como los anteriores se refiere a su reivindicación de la república como forma de estado, no por ser republicano que es algo a lo que tiene derecho, o a argumentarlo porque hay muy buenos argumentos para ser republicano como también los hay para no serlo, sino por otra serie de afirmaciones que una vez más desdicen los hechos. Afirmar que las monarquías no pueden ser democracias cuando entre ellas figuran los países más pioneros como Inglaterra, Holanda, Suecia, Noruega, Bélgica o Dinamarca, países que siempre se ponen de ejemplo democrático, es un insulto a la inteligencia, pero quizás lo sea aún más que se identifique república con democracia simplemente porque sí, cuando tenemos ejemplos tan poco envidiables como Venezuela, Turquía, China, o Cuba, por no bajarnos a África. Debería defender su idea republicana desde los argumentos y no desde las afirmaciones categóricas. Llegó a decir el tópico sobre la legalidad de la segunda república cuando se sabe que fue proclamada y no refrendada o en elecciones parlamentarias constituyentes que aún convocadas no llegaron a celebrarse. Es lo que todos creemos pero él es un político y debería saber más. Sobran argumentos para el que desee la república, pero al igual que la independencia catalana mejor esperar a que haya un clamor para plantear temas que dividen a la sociedad que tiene frente a sí los mayores retos de la historia.
Garzón sigue viviendo en otro mundo, y lo peor es que a diferencia de populismos, él parece creerse lo que dice, claro que casándose dentro de un mes en su pueblo, es normal que desvaríe un poco. Serán los nervios.