Análisis de la cámara de Galicia: hasta los piratas respetaban más su parlamento

Parlamento de Galicia. / Mundiario
Parlamento de Galicia. / Mundiario

Es una lástima, que en un foro de debate de ideas, cambio de impresiones, planteamientos y de discusión políticos, esos pocos estén convirtiendo en asiduo el mal proceder .

Análisis de la cámara de Galicia: hasta los piratas respetaban más su parlamento

Por desgracia esto no es nuevo. Cuando la oposición nacionalista era un bloque único, su entonces líder ya apuntaba maneras y quiso mal imitar a Kurschev a base de zapatazos en su escaño.

Sinceramente, cada vez que asisto a una sesión de sus señorías en el edificio de la calle del Hórreo sé que estoy en el Parlamento de Galicia porque así lo indica la señalización y la inscripción en la entrada del magno edificio.

Porque, sinceramente, cada vez más, me da la sensación de no estar en la ubicación que corresponde a los representantes democráticos de todos nosotros, los gallegos.

La delgada línea roja

Mucho ruido y pocas nueces, y evoco aquí a Shakespeare, porque son pocos pero el barullo es mucho y, es una lástima, que en un foro de debate de ideas, de cambio de impresiones de planteamientos y de discusión políticos, esos pocos estén convirtiendo en asiduo el mal proceder que en la mayoría de los casos rebasa la delgada línea roja…límite respetado hasta por aquellos filibusteros que firmaban actas para fijar normas de conducta y convivencia a bordo en cada barco que abordaban…, sí me están entendiendo bien, ¡piratas!, malandrines que, evocando a este código de conducta, detenían las revueltas y motines, a través de su parlamento. Señorías de AGE y BNG, no estoy contando una película de Bucaneros del Caribe, esta práctica existió y, con dolor de corazón como gallega, no me gustaría tener que recordarles el ejemplo de acuerdo propuesto por  Henry Morgan y Bartholomew Roberts, o el de uno más cercano y de Pontevedra, nuestro insigne pirata Benito Soto.

No es cuestión baladí, lo que está pasando en el Parlamento de Galicia en esta legislatura y, un Parlamento, y lo escribo con mayúsculas, desde el punto de vista etimológico de la palabra y desde el origen más puro de la institución, basa su significado en la “reunión de los representantes del pueblo” que se reúnen para “parler”, hablar, señorías de los grupos parlamentarios citados, ¡hablar!.

Crecer en democracia

He tenido el privilegio de crecer y educarme libre en democracia. Soy afortunada por poder tener la consciencia del verdadero valor de un voto, del derecho de emitirlo como manera de transfigurar mis ideas en alguien que me represente y que me las defienda. Estoy obligada a respetar esa institución en donde toma cuerpo la voluntad popular y, jamás desdeñaré de mi recuerdo, la cantidad de personas que dejaron su vida en aras de que hoy, todos pudiésemos ser iguales en democracia y a la sazón, nuestro voto tenga el mismo valor.

Pero el comportamiento vergonzante del que hacen gala alguno/a de los diputados en el Parlamento, es un comportamiento absolutamente opuesto al de los que queremos vivir en democracia. En vez de representar a los ciudadanos, lo que están haciendo es representar su personal adaptación del guión que le han encomendado a través de su voto, todos y cada uno de los que les dieron su confianza en las últimas elecciones autonómicas celebradas na nación de Breogán.

Hay que respetar los pactos acordados entre todos, no se puede montar el espectáculo bochornoso que han escenificado unos y jaleado otros, cuando lo que se está haciendo con el reparto de iniciativas correspondientes a cada grupo, (y hay que explicárselo bien a los gallegos), no es otra cosa que el reparto basado en el acuerdo suscrito al comienzo de esta IX Legislatura por todos los portavoces de los grupos parlamentarios salidos de las urnas y, una vez producida la escisión de uno ellos y creado el grupo mixto (que tiene sus derechos como tal), atenerse a la praxis derivada de las sentencias de Tribunal Constitucional en base al principio de proporcionalidad.

Tres piezas de un bloque

Por desgracia esto no es nuevo. Cuando la oposición nacionalista era un bloque único, su entonces líder ya apuntaba maneras y quiso mal imitar a Kurschev a base de zapatazos en su escaño. Ese profesor universitario, al que se le supone un nivel intelectual importante y me consta, educado con el esmero y la exquisitez que sólo gozaban muy pocos en su época, muchos como yo le seguimos observando impávidos sesión tras sesión. Gritos, salidas de tono, insultos, amenazas a sus compañeros desde el propio y en sus respectivos escaños, faltas de respeto a la presidencia… el jaleo de los suyos y aledaños… es de vergüenza y, que no llego a entender como un personaje con los adjetivos descritos anteriormente, puede tener un comportamiento de ese calibre y en esa casa que, repito es de todos. Es muy sabio el refranero español, y retirarse a tiempo es una victoria y eso, es lo que debió haber hecho hace mucho tiempo, estimado profesor.

En esta legislatura el bloque fue partido en dos, y como no hay dos sin tres, les ha salido un grano con el grupo mixto y así, en esa línea los espectáculos  crecen en forma aritmética, los del viejo profesor en su actual grupo de AGE y desde el BNG siguiendo su estela, dando voces dentro del hemiciclo y con pantomimas silenciosas fuera de él.

Y la verdad, y miren ustedes que intento hacer esfuerzos por comprenderlo, cada vez que presencio algún debate o simplemente acudo a cualquiera de las sesiones ordinarias de sus señorías, se me hace muy difícil sentirme orgullosa de algunos de los que allí se sientan defendiendo la representación de los gallegos y gallegas.

Señores y señoras diputados, hay maneras de hacerse oír sin llegar a estos extremos.

Los números son los números y hay que repartir los tiempos y el número de intervenciones orales y escritas en nuestro Parlamento. En caso de no estar de acuerdo, hagan ustedes lo que consideren ante las instancias pertinentes, pero dejen de hacer mal uso de pitos y flautas entre acto y acto, porque hasta los piratas respetaban su parlamento.

Análisis de la cámara de Galicia: hasta los piratas respetaban más su parlamento
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