Maduro necesita amigos en España y Europa para mostrar que el modelo bolivariano cunde

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Los venezolanos hacen chistes sobre "Chávez vive".

No es de extrañar que de vez en cuando Maduro mande a España misiones de propaganda para acusar a los medios españoles de haberse orquestado en una campaña de desprestigio, que la realidad del país no es como aquí se cuenta...

Maduro necesita amigos en España y Europa para mostrar que el modelo bolivariano cunde

Quienes como yo mismo viajamos con relativa frecuencia a Venezuela tenemos una perspectiva real de la deriva hacia más allá del abismo al que el régimen bolivariano ha conducido a uno de los países más fabulosamente ricos del mundo. Para justificase ante sí mismo, ante el resto de América (del que quiso ser ejemplo y modelo, a base de regalar los rendimientos del petróleo a otros países del continente, que giran en su órbita) y ante el mundo, los consejeros de Chávez y Maduro, entre ellos algún que otro profesional de la comunicación sin muchos escrúpulos y otros impresentables sujetos como el pintoresco Vestringe (ayer pupilo de Fraga y hoy en la ultraizquierda extrema, que ya es decir) les recomendaron buscar aliados donde fuera, pero sobre todo en Europa.

Y los hallaron y mantuvieron. Y no sólo las tantas y tan substanciosamente probada relación con dirigentes de Podemos, sino otras formaciones y personajes de determinados sectores de la izquierda extrema, generosamente regados del modo que se riegan estas cosas. Y mientras se dio cobertura, empleo y protección a etarras huidos, a quienes, pese a sus crímenes se otorgó estatuto de refugiados políticos,  se trató de ampliar el círculo de afectos, como se ha visto, a través de la ficción de conferencias y debates instrumentados adecuadamente para recibir a una variada muestra de quienes aquí siguen sus modelos y proclaman sus bondades. Ahora también resulta que la CUP. Es natural.

Para el chavismo, que sus modelos avancen en España es una noticia celebrada como propia, y se explota adecuadamente, presumiendo que han sido capaces de exportar un modelo que otros toman como ejemplo en el mundo. Aparte del enfrentamiento civil que vive el país, larvado porque las armas las tiene solamente un sector, la milicia bolivariana y los militares afectos; aparte de cuanto se conoce del desastre económico en que se halla sumida la nación, hipotecada su riqueza básica para pagar a los chinos, aparte de la corrupción, de la criminalidad desatada, del sinvivir de la gente normal, hay un hecho relevante especialmente significativo: la clase media –a la que por cierto quiso atraerse Chávez en el último periodo de su vida- lleva camino de desaparecer, mientras sigue habiendo pobreza extrema y millonarios bolivarianos.

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Esta realidad no la inventan los medios.

 

Los datos esenciales sobre la situación económica, que en cualquier país del mundo se publican de manera rutinaria son un secreto de Estado en la república bolivariana, pero ello no impide que otras organizaciones estudien y conozcan la realidad en que se vive. Pero el contraste de los datos no casa con la mera realidad que se puede observar en la calle. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) del gobierno de Venezuela, la tasa de pobreza se redujo  del 44 por ciento de los hogares en 1998 al 27.3 por ciento de los hogares en el 2013. Sin embargo, el INE no ha publicado las cifras del 2014.

Ello contradice al estudio realizado en conjunto por tres importantes universidades venezolanas -- la Universidad Católica Andrés Bello, Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar – que muestra que el 48.4 por ciento de los hogares venezolanos se encontraban por debajo de la línea de pobreza en el 2014, frente al 45 por ciento de los hogares en 1998, antes Chávez asumiera el poder y el país se beneficiara de casi una década de aumento en los precios del petróleo.

Chávez, Maduro y sus altavoces hicieron bandera de que la revolución era el camino de imponer un revulsivo que acabara con las desigualdades heredadas del pasado. Y no se puede negar que hubo avances, gracias al precio del petróleo, pero mediante la heterogénea política de que el país tuviera dos presupuestos: el general del Estado y el de libre disposición del presidente.

Pero el espejismo se evaporó: con una inflación descontrolada, la criminalidad campando a sus anchas, un índice de escasez y pobreza en progresión geométrica, cada año, miles de venezolanos ven como empeora su vida. Y no se puede achacar este desastre solamente a la reducción de la renta petrolera (96 de cada  100 dólares que ingresa el Estado tienen ese origen). Pero el círculo vicioso es una locura: Venezuela proporciona crudo en condiciones preferenciales a los países del Caribe y paga con petróleo los préstamos desembolsados por China para la ejecución de grandes obras de infraestructura. Pero no da para más. Y lo peor, ya debe a China petróleo que ni siquiera ha sido extraído.

El país, debido a la obscena política de expropiaciones, produce cada vez menos alimentos o productos básicos y los tiene que importar, porque el sector privado, sin dólares para comprar materias primas e incentivos, está en gran medida colapsado. Y es fácil echarla la culpa del desabastecimiento.

Las misiones de Maduro

No es de extrañar que de vez en cuando, lo hicieron antes de las elecciones generales en que fue derrotado el chavismo, Maduro mandara a España misiones de propaganda para acusar a los medios españoles de haberse orquestado en una campaña de desprestigio, que la realidad del país no es como aquí se cuenta y otra serie de medidas, adecuadamente adobadas y jaleadas adecuadamente por sus amigos.

La realidad es otra: El Fondo Monetario Internacional vaticina que la inflación de Venezuela superará el 700% en este 2016. En estos momentos, el país sufre el índice más alto de inflación del mundo, en torno al 275% en 2015, mientras que el Banco Central de Venezuela, hasta septiembre del pasado año, la situaba en el 141,5%. En cualquier caso, altísima.

Uno de los vicedecanos de la Universidad de Carabobo, en Valencia, me contaba que su vida es tan justa, que cuando se le estropea “el carro” (como allí dicen) no puede permitirse llevarlo al taller o llamar a un operario para reparar un percance doméstico o realizar cualquier gasto normal en la vida cotidiana fuera de lo más estricto para llegar mal que bien a fin de mes. Pero como los venezolanos tienen sentido del humor, ante el lema de ¡Chávez vive! añaden: “Sí, vive en cada anaquel vacío, en cada malandro que se asalta en la calle, en cada policía corrupto o el coño e madre” (forma popular que aquí expresamos de otro modo, pero que quiere decir lo mismo).

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